El círculo perverso de los ninis

El Banco Mundial (BM), a través de su sitio web, ha venido haciendo públicos este año algunos informes acerca del problema de los ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan) y de cómo ello está relacionado no sólo con la evidente precarización del trabajo sino incluso con la creciente tasa de homicidios dolosos. Resulta interesante ver las cifras que el BM ha revelado, las correlaciones que los investigadores hacen entre encuestas y externar algunas reflexiones sobre sus conclusiones.   En primer lugar, está el hecho de cuántos ninis hay. De acuerdo con el BM, en toda América Latina serían unos
mayo 7, 2016

El Banco Mundial (BM), a través de su sitio web, ha venido haciendo públicos este año algunos informes acerca del problema de los ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan) y de cómo ello está relacionado no sólo con la evidente precarización del trabajo sino incluso con la creciente tasa de homicidios dolosos. Resulta interesante ver las cifras que el BM ha revelado, las correlaciones que los investigadores hacen entre encuestas y externar algunas reflexiones sobre sus conclusiones.

 

En primer lugar, está el hecho de cuántos ninis hay. De acuerdo con el BM, en toda América Latina serían unos 20 millones de jóvenes entre 15 y 24 años los que se encuentran fuera del sistema escolar y sin trabajar. Esa cantidad representa 19% del total de la población joven de la región. Ello ubica a América Latina muy cerca del promedio global de ninis, que es de 22%. En el caso específico de México, la cifra de ninis es de 4.11 millones hasta el 2015.

 

En segundo lugar, se aprecia que en esta parte del mundo en que nos ha tocado vivir, casi la mitad de esos jóvenes (40%) proviene de los sectores poblacionales más pobres. Tal concentración no se observa en otras partes del mundo y, vista en prospectiva –dicen los estudios del BM-, permite afirmar que se trata de un mecanismo a través del cual se transmite la pobreza de generación en generación; porque el ser pobre aumenta las probabilidades de caer en la condición de nini, y convertirse en ello tiene un efecto negativo sobre sus ingresos futuros.

 

Estima el BM que “ un aumento de un punto porcentual en la tasa de ninis durante la adolescencia reduce 7% los salarios de esa misma generación cuando tienen entre 35 y 40 años de edad”. Eso quiere decir que la actual generación tendrá mayores problemas para encontrar trabajos bien remunerados dada la tendencia creciente de ninis. El argumento detrás de esta conclusión es que, para aquellos jóvenes que se encuentran fuera del sistema educativo y sin empleo, hay una interrupción en su generación de habilidades o competencias necesarias para la vida y el trabajo. Parece un círculo perverso: el sistema (incapaz de dar cabida en la escuela a todos y/o generar empleos suficientes) castiga a quienes se quedan fuera del sistema pagándoles menos, debido precisamente a que no cuentan con las habilidades y competencias que se necesitan.

 

En tercer lugar está una muy interesante confronta de datos que arroja una correlación entre el número creciente de ninis en México y la multiplicación de homicidios dolosos en territorio nacional. Según este estudio, entre 1995 y 2006, no se podría observar una correlación entre la cantidad de ninis (sobre todo del género masculino) y las tasas de homicidios; pero a partir de 2007, el número de homicidios se triplicó, acompañando la tendencia creciente de ninis. La asociación entre ninis y la tasa de homicidios –dice el estudio del BM- es más fuerte en los estados situados a lo largo de la frontera con Estados Unidos, una región particularmente afectada por el crimen organizado y la crisis financiera.

 

Una de las conclusiones a las que llega el BM es que el abandono prematuro del sistema educativo es determinante en este proceso. Pero en realidad el problema no está en los niveles secundaria y preparatoria (donde las tazas de abandono son las más altas), sino en los niveles primarios, pues “la generación de habilidades o competencias sigue un proceso acumulativo en donde las primeras son la base para las subsiguientes”. Por eso es que los hogares más pobres ya tienen una desventaja, pues sus hijos suelen llegar a la escuela a edades más avanzadas y en peores condiciones para el aprendizaje.

 

¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? Si como sociedad no les estamos proporcionando oportunidades educativas y laborales, estamos alimentando un problema a futuro, relacionado con el bienestar general. En este espacio hemos hablado de la pobreza, de la precarización del trabajo, de la violencia, de la falta de crecimiento económico, y ahora, a la luz de estos estudios, queda claro que se trata de una retroacción del sistema sobre sí mismo: éste produce ninis, que con su presencia incrementan las probabilidades de deterioro de la calidad de vida no sólo para ellos sino para todos.

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