El dilema Higinio: darle el Senado o contenerlo

Morena decidirá el 30 de agosto si lleva a Higinio Martínez, por primera vez, al centro del poder nacional. Elegirlo fortalecería a su grupo, alteraría la disputa por las candidaturas de 2027 y lo colocaría en la sucesión mexiquense de 2029. Negarle el cargo revelaría hasta dónde llega, en realidad, la fuerza que todavía conserva

Higinio Martínez ha rondado el poder durante medio siglo sin alcanzar nunca su cúspide. Ha presidido Texcoco, coordinado bancadas, construido candidaturas, repartido influencias y formado una corriente que terminó gobernando el Estado de México. Otros llegaron desde allí más lejos que él. Delfina Gómez alcanzó la gubernatura; Horacio Duarte se hizo cargo de la operación política del gobierno; varios de sus antiguos discípulos aprendieron a caminar por cuenta propia. Higinio permaneció como fundador, jefe de grupo y referencia inevitable, pero no como depositario del poder mayor.

La Presidencia del Senado cambiaría por primera vez esa escala.

El 30 de agosto, los senadores de Morena deberán acordar quién conducirá la Mesa Directiva durante el último año de la LXVI Legislatura. Higinio compite principalmente con Óscar Cantón Zetina, tabasqueño de larga experiencia legislativa y presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales. Manuel Huerta continúa en la contienda, aunque más rezagado.

La disputa parece parlamentaria, pero sus consecuencias rebasan el recinto. Morena no elegirá únicamente a quien conceda la palabra, ordene las votaciones y firme los decretos. Decidirá qué lugar asignarle a un dirigente que conserva estructura, acumula agravios y todavía tiene cuentas políticas pendientes en el Estado de México.

Pese a ser el fundador del grupo Texcoco, Higinio Martínez no ha logrado llegar a la cúspide del poder. /Foto: Archivo AD Noticias.

Una silla más alta que su ocupante

La Presidencia de la Mesa Directiva suele reducirse a la campana, el protocolo y las fórmulas solemnes. Su poder verdadero es menos vistoso y bastante más importante.

Quien preside el Senado representa jurídicamente a la Cámara, conduce los debates, interpreta el Reglamento, determina el trámite de los asuntos, firma leyes y decretos y lleva la relación institucional con los demás poderes. Puede apremiar a las comisiones, ordenar las sesiones, exigir disciplina dentro del recinto y dirigir la estructura administrativa de una Cámara cuyo presupuesto anual supera los cinco mil millones de pesos.

No actúa solo. El orden del día, la distribución de recursos y las decisiones administrativas más importantes corresponden colegiadamente a la Mesa. La negociación política se concentra en la Junta de Coordinación y en los líderes parlamentarios. El Pleno, además, puede revocar las decisiones de su presidente.

El equilibrio es sutil. El coordinador consigue los votos; el presidente convierte esos votos en actos legislativos válidos. Uno construye la mayoría. El otro gobierna el procedimiento que la vuelve ley.

Para Higinio no sería un cargo más. Sería el mayor ascenso de su carrera: el paso de una influencia esencialmente regional a la representación de uno de los poderes de la Unión.

Nunca ha estado en ese sitio. Ha tenido control territorial, capacidad de negociación y peso propio dentro de la izquierda mexiquense. Ha influido en la selección de alcaldes, legisladores y candidaturas. Pero jamás ha ocupado una posición nacional con el rango, la exposición y la interlocución de la Presidencia del Senado.

No recuperaría una centralidad perdida. Alcanzaría una que nunca tuvo.

Para entender mejor: Higinio habló… silencio como respuesta

El problema de premiar a quien no se ha retirado

Para Morena, Higinio representa una dificultad conocida: es demasiado fuerte para ignorarlo y demasiado autónomo para fortalecerlo sin precauciones.

Concederle la Presidencia podría ser una manera de incorporarlo al nuevo orden. Claudia Sheinbaum tendría al frente del Senado a un político experimentado, capaz de negociar con la oposición y habituado a la aspereza de la vida parlamentaria. Ignacio Mier sumaría a la conducción de la Cámara a su vicecoordinador. Ariadna Montiel podría contar con un interlocutor capaz de contener las disputas mexiquenses antes de 2027.

Higinio ha procurado acercarse a ese nuevo centro. Al asumir la vicecoordinación declaró que su tarea era respaldar la agenda de Sheinbaum, como se había comprometido durante la campaña. Antes de que Ariadna Montiel llegara a la dirigencia nacional de Morena, la respaldó públicamente y elogió su capacidad política.

Óscar Cantón aparece más ligado a los restos del grupo de Adán Augusto López. Higinio intenta colocarse en la arquitectura que lo sustituyó.

La dificultad está en aquello que llevaría consigo. No llegaría solo al Senado: detrás de él caminan una organización, aspirantes a cargos, alcaldes, legisladores y una vieja pretensión de decidir el rumbo del Estado de México.

Entregarle la Presidencia podría disciplinarlo. También le daría los medios para ensanchar nacionalmente un poder que hasta ahora ha sido regional.

La llegada a la Presidencia de la Mesa Directiva le daría a Hginio Martínez una centralidad que no había logrado en el pasado. /Foto: Archivo AD Noticias.

Un tercer poder en el Estado de México

Delfina Gómez conservaría intactas sus facultades. Tiene el presupuesto, el gabinete, la administración pública y la legitimidad de haber terminado con casi un siglo de gobiernos priistas. Higinio no podría gobernar desde el Senado ni dar instrucciones al Ejecutivo estatal.

La política, sin embargo, no se agota en las atribuciones legales.

Como presidente del Senado tendría una relación institucional directa con Palacio Nacional, los gobernadores, las dirigencias partidistas y los coordinadores parlamentarios. Sus críticas al gobierno mexiquense dejarían de ser las inconformidades de un jefe de corriente. Cada reunión con Sheinbaum tendría significado político; cada llamado a corregir el rumbo sería escuchado dentro y fuera del estado.

El efecto inmediato recaería sobre Horacio Duarte.

El secretario general de Gobierno concentra la operación política estatal. Mantiene la relación con alcaldes, legisladores, organizaciones y grupos regionales. También es una figura natural en la conversación sucesoria de 2029. Con Higinio al frente del Senado, dejaría de ser el interlocutor principal del morenismo mexiquense ante el poder federal.

El Estado de México tendría entonces tres vértices: Delfina en la gubernatura, Horacio en la operación cotidiana e Higinio en la Cámara alta. Proceden de la misma historia, pero ya no obedecen necesariamente al mismo porvenir.

No tendría que producirse una ruptura abierta. Los políticos experimentados rara vez se declaran la guerra antes de contar sus tropas. La disputa se manifestaría en las candidaturas, en las alianzas municipales, en la integración del Congreso local y en la ubicación de cada grupo frente a la sucesión.

La inestabilidad no comenzaría en el gobierno. Comenzaría en las lealtades.

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La aduana de 2027

Antes de 2029 está 2027. Higinio tendría que demostrar en las elecciones intermedias si la Presidencia del Senado se convirtió en fuerza territorial o quedó reducida a una fotografía en el presídium.

Buscaría conservar Texcoco y su corredor político, sostener posiciones en el oriente, ampliar la presencia de Mexiquenses de Corazón y evitar que el gobierno estatal monopolice la selección de candidatos. Los resultados revelarían cuánto queda de su antigua autoridad y cuánto depende ya del cargo nacional.

Si consigue alcaldías, diputaciones y una bancada cercana, llegará a la sucesión como actor indispensable. Si fracasa, la Presidencia del Senado será la culminación de su trayectoria, acaso su último gran reconocimiento.

El cargo tiene antecedentes suficientes para alimentar la especulación. Desde que Morena obtuvo la mayoría, la Mesa Directiva ha servido para equilibrar grupos, recompensar trayectorias y proyectar carreras.

Martí Batres presidió el Senado y después llegó a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Eduardo Ramírez encabezó la Cámara antes de convertirse en gobernador de Chiapas. Alejandro Armenta hizo el mismo recorrido hacia Puebla. Olga Sánchez Cordero ocupó la Presidencia después de dejar Gobernación. Laura Itzel Castillo fue llamada posteriormente al gabinete federal.

La silla no garantiza una gubernatura, pero tampoco suele ser un retiro.

Si Higinio llega, su nombre entrará de inmediato en la sucesión de Delfina, incluso si niega la intención. Tendrá 73 años en 2029. La edad no es impedimento legal ni descalificación, pero sí una consideración inevitable para una campaña estatal y un gobierno de seis años.

Su destino más probable podría ser otro: convertirse en gran elector. Desde el Senado tendría mejores condiciones para fortalecer a una figura de su corriente. Azucena Cisneros sería la posibilidad más visible si logra reelegirse en Ecatepec en 2027, gobierna con resultados y amplía su presencia más allá del municipio.

Higinio quizá no llegue a gobernar el Estado de México. Todavía puede aspirar a decidir quién lo gobierna.

Concederle la Presidencia podría ser una manera de incorporarlo al nuevo orden, acercarlo, en lugar de hacerlo a un lado. /Foto: Archivo AD Noticias.

La incómoda compañía del pasado

La Presidencia también colocaría bajo otra luz los episodios menos presentables de su biografía.

Higinio defendió la viabilidad económica del aeropuerto de Texcoco impulsado por Enrique Peña Nieto. Durante la consulta de 2018 sostuvo que las comunidades podían aceptar el proyecto si el gobierno de López Obrador garantizaba infraestructura y beneficios regionales. Después calificó la cancelación como un error y redujo la importancia de las objeciones ambientales.

Terminó aceptando y respaldando el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. No fue un opositor permanente al AIFA: se adaptó a la decisión presidencial. La contradicción es más profunda. Defendió el NAIM que López Obrador canceló y que Claudia Sheinbaum sigue presentando como emblema del despojo, la devastación ambiental y los negocios del viejo régimen.

Atenco es un asunto todavía más grave.

Higinio era presidente municipal de Texcoco cuando comenzó el conflicto del 3 de mayo de 2006. Su gobierno mantenía la disputa con los vendedores de flores y policías municipales participaron en el primer enfrentamiento. La intervención posterior de las fuerzas estatales y federales dejó muertos, detenciones arbitrarias, tortura y violencia sexual contra mujeres.

No existe una sentencia que establezca que Higinio ordenó esos crímenes. Imputárselos como responsabilidad penal sería falso. Pero su nombre tampoco puede desaparecer de la historia: era el alcalde, su administración estuvo en el origen del conflicto y nunca ha ofrecido una explicación pública a la altura de lo ocurrido.

Atenco no lo condena judicialmente. Lo interroga políticamente.

Su relación con el priismo mexiquense ofrece otra contradicción. Higinio se formó en la izquierda y durante décadas compitió contra el PRI. No fue una creación del Grupo Atlacomulco. Aprendió, sin embargo, a negociar con quienes decía combatir. Coincidió con Peña Nieto en la defensa económica del aeropuerto y después justificó la incorporación de Eruviel Ávila y otros expriistas a la coalición gobernante.

Su antagonismo ha sido flexible. El priista deja de representar al viejo régimen cuando resulta útil para el nuevo.

Gerardo Fernández Noroña llegó a llamarlo “corruptazo” durante la disputa por la candidatura mexiquense. La palabra no prueba corrupción ni sustituye una sentencia. Importa porque fue pronunciada desde la misma coalición política. Higinio busca ahora ocupar la Presidencia que Noroña dejó un año atrás.

Pese a combatir durante años al PRI, Higinio Martínez aprendió a negociar con quienes compite. /Foto: Archivo AD Noticias.

López Obrador puso el límite

Higinio construyó buena parte de la estructura que permitió a Morena convertirse en la primera fuerza del Estado de México. Pero, cuando llegó el momento de escoger candidato, López Obrador prefirió a Delfina Gómez.

Ocurrió en 2017 y volvió a ocurrir en 2022. Entre ambas elecciones, Delfina fue incorporada al gabinete federal como secretaria de Educación Pública. Higinio puso organización, municipios, operadores y territorio. Delfina recibió la confianza política.

No existe evidencia para afirmar que López Obrador lo vetó expresamente por Atenco o por señalamientos de corrupción. La conclusión no necesita adornos: el fundador de Morena nunca consideró conveniente entregarle personalmente el gobierno del estado más poblado del país.

La Presidencia del Senado sería el cargo nacional más importante de Higinio y el primero que lo colocaría, por derecho propio, en la cúspide de una institución federal.

El silencio de los suyos

Higinio presenta su aspiración como una reivindicación del Estado de México. La entidad más poblada del país lleva casi tres décadas sin presidir el Senado y, según su argumento, ha llegado la hora de corregir esa ausencia.

Lo que no ha llegado es el respaldo público de los principales liderazgos mexiquenses.

Delfina Gómez no se ha pronunciado. Tampoco Horacio Duarte. No hay una expresión inequívoca de los alcaldes más importantes, los coordinadores legislativos o las figuras con mayor peso dentro de Morena. Higinio ha aparecido acompañado por dirigentes secundarios y organizaciones cercanas, pero el poder estatal organizado conserva una prudente distancia.

El silencio puede ser disciplina. Nadie quiere adelantarse a la decisión de Sheinbaum, Montiel y Mier. También puede ser cálculo: al gobierno estatal no le conviene impulsar a quien podría convertirse en contrapeso. O puede revelar algo más incómodo: que la estructura de Higinio conserva capacidad de reunión, pero ya no produce obediencia automática.

Los cuadros que formó ocupan hoy posiciones propias, dependen del gobierno estatal o establecieron comunicación directa con la dirigencia nacional. El fundador sigue siendo respetado; ya no necesariamente es obedecido.

Higinio afirma que llegó el turno del Estado de México. El Estado de México políticamente representado aún no ha dicho que haya llegado el turno de Higinio.

El silencio alrededor de Higinio puede dar paso a interpretaciones, disciplina o cálculo, también que la estructura de Higinio conserva capacidad de reunión, pero ya no produce obediencia automática. /Foto: Archivo AD Noticias.

El lugar que dejó Laura Pavón

La última mexiquense que presidió el Senado fue Laura Pavón Jaramillo, del PRI, en diciembre de 1996. Las mesas directivas duraban entonces periodos mucho más breves y no concentraban la estructura actual, pero el dato conserva su valor histórico.

Han pasado casi 30 años.

La coincidencia contiene una ironía. El hombre que construyó su identidad política en oposición al PRI busca ocupar el último gran espacio parlamentario que tuvo una mexiquense priista, después de haber coincidido con el aeropuerto de Peña Nieto y aceptado la incorporación de Eruviel Ávila al bloque gobernante.

Morena resolverá el 30 de agosto algo más complejo que la sucesión de Laura Itzel Castillo.

Si elige a Higinio, colocará a un político experimentado al frente de la Cámara y devolverá representación nacional al Estado de México. Al mismo tiempo, fortalecerá a Mexiquenses de Corazón, alterará la competencia de 2027 y abrirá antes de tiempo la sucesión de 2029.

Si lo rechaza, evitará construir un contrapeso inmediato al gobierno de Delfina y limitará su salto a la política nacional. También comprobará cuánta fuerza conserva detrás de su nombre y cuánto queda de la autoridad que ejerció sobre varias generaciones de dirigentes mexiquenses.

Darle el Senado sería llevarlo, por primera vez, al centro del poder nacional. Negárselo sería averiguar si todavía puede ser contenido.

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