El Bukele de barro

Fernando Flores fue a El Salvador a buscar lecciones de un país rezagado y de un gobierno autoritario. Su admiración por Nayib Bukele revela una concepción del poder basada en la fuerza, la propaganda y el culto personal

Fernando Flores no viajó a El Salvador únicamente para conocer políticas públicas. Fue a buscar legitimidad para una forma de ejercer el poder que admira: la de Nayib Bukele.

Antes de partir, el alcalde de Metepec ni siquiera habló de estudiar a las instituciones salvadoreñas. Dijo que iría a capacitarse “con la gente del gobierno de El Salvador, con la gente de Bukele”. La elección de las palabras revela mucho: no importan las instituciones, sino el hombre; no el Estado, sino su líder.

Flores regresó hablando de seguridad, prevención del delito, recuperación de espacios públicos y desarrollo social. Ante el Cabildo aseguró que pagó el viaje con recursos propios y que conoció experiencias susceptibles de adaptarse a Metepec.

Cuando el octavo regidor, Omar García Mendieta, le preguntó qué aplicará, cuándo comenzará y cuánto costará, no presentó un programa, un presupuesto, un calendario ni una meta verificable.

El viaje dejó, por ahora, fotografías y propaganda. No una política pública.

El Cabildo pidió conocer los resultados de las giras y costos.

Fue a aprender desarrollo social de un país rezagado

Flores afirmó que uno de los propósitos de su visita fue aprender sobre desarrollo social. El problema es que El Salvador difícilmente puede presentarse como referente en esa materia.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo coloca al país centroamericano en el lugar 132 de 193 naciones, con un índice de 0.678, por debajo del promedio mundial de 0.756.

El Banco Mundial reconoce que la pobreza salvadoreña se redujo durante las últimas dos décadas, pero también advierte que persisten la baja calidad del empleo, las limitaciones del capital humano, la escasa productividad y las deficiencias de la inversión pública.

Entre 2000 y 2024, la economía salvadoreña creció apenas 2.1 por ciento anual en promedio. Su deuda pública alcanzó 88.9 por ciento del producto interno bruto en 2024.

¿Qué fue exactamente a aprender Flores sobre desarrollo social? No lo dijo.

Tampoco explicó qué programa salvadoreño ha demostrado mejores resultados que las políticas disponibles en México, qué población atendería en Metepec o con qué indicadores mediría sus efectos.

La única experiencia concreta que mencionó fueron los Centros Urbanos de Bienestar y Oportunidades, conocidos como CUBO. Son espacios comunitarios con actividades educativas, culturales, deportivas y tecnológicas para jóvenes.

La idea puede estudiarse. Pero Flores no anunció dónde construiría uno, cuántas personas atendería, cuánto costaría, quién lo operaría ni cuándo comenzaría.

Una referencia no es todavía una política pública. Mucho menos un resultado.

Flores regresó de El Salvador hablando de seguridad, pero sin presentar un programa para aplicarla en Metepec.

La seguridad y el precio que Flores no menciona

Sería absurdo negar el principal logro de Bukele: la reducción de los homicidios.

El Salvador cerró 2024 con 114 asesinatos y una tasa de alrededor de 1.9 por cada 100 mil habitantes, una de las más bajas de América Latina. El cambio es extraordinario para un país que en 2015 superó los 100 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Pero una evaluación seria no puede detenerse en esa cifra.

Desde marzo de 2022, El Salvador vive bajo un régimen de excepción que suspendió garantías constitucionales y amplió las facultades de policías y militares. Para julio de 2025, más de 88 mil personas habían sido detenidas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos informó que organizaciones civiles habían documentado alrededor de 7 mil posibles violaciones a derechos humanos y más de 400 muertes bajo custodia del Estado.

Amnistía Internacional estimó una tasa de aproximadamente mil 650 personas encarceladas por cada 100 mil habitantes: la más alta del mundo. También documentó hacinamiento, incomunicación, detenciones arbitrarias, posibles actos de tortura y cientos de fallecimientos en prisión.

Flores habló ante el Cabildo de tecnología, presencia territorial y recuperación de espacios públicos. No dedicó el mismo entusiasmo a explicar el costo humano del modelo que fue a observar.

No es un detalle menor.

Flores aseguró que los derechos humanos “le valen madre”; después viajó a conocer el modelo de seguridad salvadoreño.

Los derechos humanos que a Flores “le valen madre”

Las violaciones a derechos humanos documentadas en El Salvador adquieren otra dimensión cuando se revisan los antecedentes del propio Fernando Flores.

No se trata de un alcalde que haya viajado preocupado por conocer los límites democráticos del modelo Bukele ni por evitar que una estrategia de seguridad derive en abusos. Se trata de un presidente municipal que, frente a integrantes de la Policía Municipal de Metepec, afirmó que a él “le valían madre los derechos humanos”.

La frase no fue pronunciada en una conversación privada ni puede reducirse a un exabrupto sin consecuencias. La dijo la máxima autoridad municipal frente a la corporación encargada de detener personas, utilizar la fuerza y proteger las garantías de los ciudadanos.

Cuando un alcalde transmite a sus policías que los derechos humanos carecen de importancia, no está expresando únicamente una vulgaridad: está enviando un mensaje sobre la forma en que espera que se ejerza la autoridad.

Poco después, el propio Flores quedó involucrado en los hechos ocurridos el 4 de junio en el Club Deportivo La Asunción, donde ingresó acompañado por familiares, colaboradores y hombres armados. La confrontación terminó con personas agredidas y dio origen a una investigación penal.

Actualmente, el alcalde de Metepec está vinculado a proceso por su probable responsabilidad en abuso de autoridad y lesiones. La vinculación no equivale a una sentencia y Flores conserva la presunción de inocencia, pero significa que un juez encontró elementos suficientes para que el procedimiento penal continúe.

Mientras admira el modelo Bukele, Flores enfrenta un proceso por presunto abuso de autoridad.

El contraste es inevitable.

Flores fue a aprender seguridad de un gobierno señalado por detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones y cientos de muertes en prisión, mientras él mismo enfrenta un proceso penal por probable abuso de autoridad y ha declarado públicamente su desprecio por los derechos humanos.

Por eso su viaje no puede analizarse como una visita técnica inocente.

Cuando una autoridad vinculada a proceso por abuso de poder expresa que los derechos humanos “le valen madre” y después viaja a mostrar admiración por un régimen que ha suspendido garantías constitucionales, la pregunta no es solamente qué fue a aprender.

La pregunta es qué parte del modelo Bukele pretende reproducir en Metepec.

No fue a hablar de política, dice

Flores insistió en que su viaje no tuvo propósitos políticos: “No fuimos a hablar de política, fuimos a hablar del servicio público”.

La frase es insostenible.

No existe una separación entre las políticas de seguridad de Bukele y el sistema político que las hizo posibles. Las detenciones masivas, la militarización y la suspensión prolongada de derechos dependen de una concentración del poder que debilitó al Poder Judicial, al Legislativo, a la prensa y a las organizaciones civiles.

Bukele obtuvo un segundo mandato en 2024 pese a que la Constitución prohibía la reelección inmediata. Su candidatura fue habilitada por una Sala de lo Constitucional integrada por magistrados nombrados después de que el Congreso, controlado por el oficialismo, destituyera a los jueces anteriores.

En julio de 2025, la Asamblea Legislativa aprobó por 57 votos contra tres la reelección presidencial indefinida. También amplió los mandatos de cinco a seis años y eliminó la segunda vuelta electoral.

Bukele ya puede permanecer indefinidamente en la Presidencia.

Eso también forma parte del modelo que seduce a Flores.

Flores admira un modelo donde el poder quedó concentrado en una sola figura.

El poder como espectáculo

Bukele no solo construyó una estrategia de seguridad. Construyó una maquinaria de comunicación en la que el presidente aparece como protagonista absoluto.

Las cárceles, los operativos militares, los traslados de prisioneros y las cifras de homicidios se convierten en espectáculos audiovisuales. El mensaje es sencillo: el líder controla todo, resuelve todo y no necesita contrapesos.

Flores ha intentado reproducir esa estética en Metepec.

Su comunicación presenta al alcalde como centro permanente del gobierno municipal. Las patrullas, las obras, los programas sociales, los reconocimientos y los viajes internacionales se convierten en extensiones de su imagen personal.

La diferencia es que Metepec no es El Salvador y Flores no es Bukele.

El presidente salvadoreño puede mostrar una reducción histórica de los homicidios, aunque haya sido conseguida mediante métodos profundamente cuestionados. Flores regresó sin una sola acción nueva para su municipio.

De ahí el Bukele de barro: una imitación local del liderazgo autoritario, moldeada con propaganda, frases duras y culto a la personalidad, pero sin los resultados que sostienen la popularidad del original.

Washington paga, Bukele encarcela

La supuesta rebeldía de Bukele también merece revisión.

Su gobierno se convirtió en socio de la política migratoria de Donald Trump. En marzo de 2025, Estados Unidos envió a 261 personas a El Salvador para encarcelarlas en el Centro de Confinamiento del Terrorismo, CECOT.

Legisladores estadounidenses informaron que el Departamento de Estado contemplaba entregar hasta 15 millones de dólares al gobierno salvadoreño para sostener el acuerdo. Washington paga y El Salvador encarcela.

Varias de esas personas permanecieron incomunicadas, sin haber sido condenadas por tribunales salvadoreños y sin acceso ordinario a abogados o familiares.

Este es otro rostro del gobierno que Flores eligió como referencia: autoritario hacia dentro y funcional a los intereses de la administración estadounidense hacia fuera.

El alcalde asegura que sus viajes internacionales los paga con recursos propios pero se limita a hablar de los verdaderos gastos / Foto: RR.SS.

El viaje como coartada

Flores aseguró que pagó el viaje con recursos propios. Incluso si lo acredita documentalmente, esa respuesta no resuelve el fondo del asunto.

Un presidente municipal no deja de actuar como autoridad porque compre su boleto de avión. Si presenta una salida como visita de trabajo, utiliza su cargo para establecer contactos y después presume aprendizajes institucionales, tiene la obligación de informar qué obtuvo para el municipio.

Debe publicar la agenda, las reuniones, la integración de la comitiva, los acuerdos y el plan de aplicación.

La rendición de cuentas no termina al comprobar quién pagó el hotel.

Metepec no necesita un alcalde coleccionando destinos, reconocimientos y fotografías. Necesita políticas públicas con diagnósticos, presupuesto, calendario, responsables y resultados evaluables.

Fernando Flores fue a El Salvador a confirmar lo que ya admiraba: un gobierno concentrado en un hombre, una estrategia que coloca la fuerza por encima de las garantías y una comunicación que confunde popularidad con democracia.

Cuando la maxima autoridad municipal dice «me valen madre los derechos humanos» es un reflejo de como quiere que actúe la seguridad publica.

Volvió hablando de aprendizaje, pero sin una propuesta concreta.

El problema no es únicamente que haya ido a buscar lecciones a un país rezagado y gobernado autoritariamente. El problema es qué parte de ese modelo desea traer a Metepec.

Porque cuando un alcalde que ha dicho que los derechos humanos “le valen madre” viaja a admirar al gobierno con la mayor tasa de encarcelamiento del mundo, la pregunta ya no es qué aprendió.

La pregunta es qué pretende hacer con ese aprendizaje.

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Mario Garcia Mendieta

Mario Garcia Mendieta

Periodista orgullosamente formado en AD Noticias. Diplomado en Leadership & Management por Harvard Business School. Viajero curioso y amante de la comida. [email protected]

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