A mediados de marzo pasado se llevó a cabo el XIX Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe que además convocó a científicos especializados en las manifestaciones extremas del clima, como expresión primera del cambio climático.
Sobresalió lo dicho allí por el presidente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, Rajendra K. Pachauri, en relación a que el sobrecalentamiento del planeta puede llevar a conflictos en distintas partes del mundo, no sólo para tener acceso a recursos como el agua, que cada vez escasean más, sino por las migraciones de cientos de miles que huirán de sus países para buscar sitios más seguros para vivir. 97% de los científicos han generado un consenso sobre la influencia de las actividades del ser humano en la rapidez y la agresividad con la que está cambiando el clima. Es una certeza, dejó de ser una simple sospecha.
Las tres últimas décadas, dijo Pachauri, han sido las de mayor calor como consecuencia de la acción humana. Irónicamente ahora, más que nunca, tenemos muchos conocimientos sobre el fenómeno, pero no los estamos utilizando. Estamos autoengañándonos porque pocos son los dispuestos a poner manos a la obra. "Si demoramos las acciones, el costo de la mitigación, la gravedad de los cambios del impacto climático serán tales que será inmensamente difícil resolverlos".
No hemos llegado a la mitad de la segunda década del S. XXI y ya estamos viendo actividad climática extrema que se esperaba para finales de siglo. Posponer indefinidamente las medidas de mitigación tendrá un altísimo costo para el planeta. Por ambición desmedida o por comodidad, o ambas, gobiernos y grandes industrias en todo el mundo argumentan que el costo de estas medidas es muy alto. Los economistas más involucrados en este tema han establecido que el costo no pasaría del 2% del PIB mundial, mucho menor que el costo de los impactos. Como en muchos otros aspectos de la vida, resolver el problema sería mucho más barato que pagar los costos de ignorarlo.
Quiero insistir nuevamente en la importancia que tiene cada una de las acciones que como individuos llevamos a cabo en perjuicio, o beneficio, de nuestro medio ambiente. En este espacio he enumerado varias y siempre he insistido en un aspecto fundamental: cambiar nuestra actitud respecto al medio ambiente. En el foro de ministros, el Dr. Mario Molina habló sobre el esfuerzo que los científicos están haciendo para que cambie la percepción de la sociedad. Que la sociedad siga tomando decisiones (individuales y colectivas) basadas en creencias y tradiciones mágicas que no asumen responsabilidades medioambientales, como la quema de basura o de cohetones, nos perjudica a todos. Por eso la importancia de acercarnos a la investigación para asumir un compromiso certero en el cambio de nuestras acciones y, por qué no, generar nuevas tradiciones respetuosas del medio ambiente que nos ayuden a seguir viviendo en el planeta en mejores condiciones.
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