El gallo de oro

El mito rulfiano es el equivalente guadalupano de la literatura mexicana: nadie, ni nuestro premio Nobel, goza del “reconocimiento universal” del jalisciense nacido hace 101 años. En su momento, como es del conocimiento de todos, sólo se le atribuían dos obras: “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”, ambas, sí, hitos literarios; ambas, sí, aclamadas y ensalzadas; y, también, hay que reconocerlo, obras cumbres. Pero no eran todo: más tarde se revelaron nuevos textos de Juan Rulfo, y hoy me ocuparé de “El gallo de oro”, una obra que duró mucho tiempo escondida. No hay forma de saber su verdadera
octubre 30, 2018

El mito rulfiano es el equivalente guadalupano de la literatura mexicana: nadie, ni nuestro premio Nobel, goza del “reconocimiento universal” del jalisciense nacido hace 101 años. En su momento, como es del conocimiento de todos, sólo se le atribuían dos obras: “El llano en llamas” y “Pedro Páramo”, ambas, sí, hitos literarios; ambas, sí, aclamadas y ensalzadas; y, también, hay que reconocerlo, obras cumbres. Pero no eran todo: más tarde se revelaron nuevos textos de Juan Rulfo, y hoy me ocuparé de “El gallo de oro”, una obra que duró mucho tiempo escondida.

No hay forma de saber su verdadera génesis: en su momento Rulfo habló de un texto pensado para el cine, después que sí fue elucubrado como una novela, y que su nombre original era “De la nada a la nada”. Pero bueno, la razón de su existencia es lo de menos; lo que sí creo relevante es que Rulfo nunca dio a conocer el texto para ser publicado como una narración. Desde luego, se nota el estilo y la calidad de este gran autor, pero no logra los altos vuelos de las dos obras citadas previamente; dicen los editores que “Rulfo no elaboró un guion sino una obra literaria con posibilidades de ser llevada al cine”. Así, la historia de la caída y el apogeo de Dionisio Pinzón y su gallo dorado; de Bernarda Cutiño, La Caponera, hermosa e indómita mujer (que denota particularmente el asunto cinematográfico, pues a cada rato en la narración se arranca a cantar, cual si fuera Negrete o Infante), y Lorenzo Benavides, protector inicial e infamador final, es Rulfo sin llegar a ser realmente Rulfo.

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