El grupo que gobierna no es de izquierda. Quizá woke, pero no de izquierda estrictamente. La diferencia esencial entre uno y otro, explica la filósofa Susan Neiman en su más reciente libro, es el carácter tribal de lo woke y lo universal de la izquierda. Si algún rasgo distintivo tiene el conjunto que controla actualmente al poder público en el Estado de México, es justamente ese, su tribalidad.
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Rápidamente, empieza a sucederle a Morena en el Estado de México, lo mismo que pasó con su antecedente, el PRD: la balcanización, la disputa entre corrientes, grupos o cofradías por el poder presente y el futuro probable. Pueden identificarse claramente al menos 3 grupos que coexisten y cohabitan, pero que están en permanente disputa.
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Uno de esos tres grupos hábilmente ha ocupado posiciones clave, pero su maniobra estratégica sea quizá el control de la oposición a través de acuerdos y pactos. Su mecanismo de cooptación ha sido muy eficaz. Ha colocado de su lado no solo a los partidos aliados, también a los que se suponían adversarios. Justamente es ese grupo el que alienta el trasvase de priistas a Morena, pero también al gobierno. Es una operación de lavado de reputaciones, de purificación de los malos siempre y cuando obren para su causa. No hay duda, el poder pervierte.
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Los progres buena ondita son en el fondo tan individualistas como los conservadores, en el centro de sus acciones no está el colectivismo, por el contrario, lo atacan y combaten cuando considera que afecta lo que ellos dicen que creen. Son nuevos retardatarios que simulan ser otra cosa. Lobos vestidos con piel de ovejas.
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Ya es tiempo de que empiece a notarse el trabajo de la secretaria de la Contraloría, Hilda Salazar. Tiene estructura y presupuesto para dar la batalla contra los corruptos, no hay justificación que resista análisis. Los expedientes se acumulan. AD, a través de su unidad de periodismo de investigación, ha documentado sólidamente una serie de irregularidades en proceso de contratación y adquisición en CAEM, DIF e ISEM, y la respuesta ha sido silencio. Sería una pena que fuera silencio cómplice. Ojalá, por bien del cambio prometido, no sea así.


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