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“El Halconazo”, el signo de la impunidad en México

En la actualidad se han publicado algunos documentos que muestran la existencia de los halcones y la represión de los estudiantes

Medio siglo y un año han pasado desde el 10 de junio de 1971, cuando se realizó el denominado “halconazo”, acto de represión perpetrado contra estudiantes que se manifestaban en la Ciudad de México, en apoyo a universitarios de Nuevo León. Fue un hecho violento cometido por paramilitares que “lejos de ser una masacre más en una cadena repetitiva, formaba parte ya de un nuevo ciclo de violencias de Estado, inscrita en un contexto contrainsurgente que se iba fortaleciendo”, señala la introducción de la antología documental A 50 años del halconazo. 10 de junio de 1971.

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El contexto del “Halconazo

Recientemente había ocurrido la represión y masacre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. En Nuevo León –desde 1969– estudiantes se unieron para reclamar mayores recursos públicos y ampliación de la matrícula en preparatorias; además de la democratización y autonomía de la Universidad de Nuevo León. Los universitarios habían logrado ya algunas reformas a la Ley Orgánica que posteriormente fueron echadas atrás, lo que llevó a convocar a una huelga en mayo de 1971, con un consecuente llamado a la unidad nacional.

Estudiantes, investigadores y profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México –Asociación de Profesores e Investigadores de Carrera de la UNAM– respondieron al llamado. Emitieron un pronunciamiento en el que exigían, entre otras cosas, la no intervención de factores políticos en la Academia Universitaria y ofrecieron ayuda moral y económica a la comunidad universitaria de Nuevo León.

En una declaración, Pablo González Casanova, entonces rector de la UNAM, mencionó que “cuando la autonomía universitaria es afectada, el régimen constitucional del país sufre en forma innegable”, la organización estudiantil comenzó en los diferentes planteles de la universidad nacional.

Vigilancia y represión

Luego de lo sucedido el 2 de octubre de 1968, la vigilancia a los estudiantes y organizaciones era común. Agentes adscritos a la Secretaría de Gobernación reportaban diariamente sobre las acciones de activistas y líderes estudiantiles. Se informó de la propuesta de manifestación del 10 de junio y de la propaganda; además de los volantes e invitación que se hacía al pueblo de México para asistir a la manifestación convocada a las 16:00 horas del Casco de Santo Tomás al Monumento a la Revolución.

10 de junio

Según los popios informes policiacos, grupos de seguridad se apostaron la calle de Nogal, en Instituto Técnico y San Cosme y en la Avenida Nonoalco, también en la estación de Buenavista y en la Plaza de la República. Los contingentes se concentraron desde las 15:00 en el Casco de Santo Tomás, frente a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. Al rededor de 5 mil personas participaron en el mitin.

La marcha inició 17:05, en la calle de “Salvador Díaz Mirón, un grupo de granaderos trató de disolver a los manifestantes, pero los estudiantes evitaron la confrontación. En Amado Nervo y Lauro Aguirre, el comandante de los granaderos intentó disolverla nuevamente, sin embargo, los estudiantes entonaron el Himno Nacional y los dejaron pasar. La marcha avanzó rumbo a la Avenida México-Tacuba”.

Sobre la calle de Alzate y Sor Juana Inés de la Cruz” aparecieron algunos halcones, quienes dispersaron a los manifestantes. Otro grupo de Halcones armados con rifles y armas automáticas apareció en la Avenida México-Tacuba, a la altura del Cine Cosmos. Parapetados tras los tanques antimotines y en azoteas de casas, los agresores dispararon contra los estudiantes, periodistas e incluso contra otros halcones”. Hubo muertos y heridos; las cámaras de los reporteros fueron destruidas; los halcones también robaron a los manifestantes.

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Los reportes señalaron que hubo coordinación de diferentes corporaciones policiacas, así como que “los halcones hicieron algunas aprehensiones, pero se ocuparon más en robar y golpear a los manifestantes, así como en destruir el equipo de los reporteros gráficos”.

La versión oficial

Como se acostumbra, la versión oficial trata de justificar la acción ante la opinión pública. Luis Echeverría llevaba siete meses en la presidencia y la narrativa fue:

  1. Que la manifestación estudiantil se había realizado sin autorización del gobierno, en un franco acto de rebeldía, con consecuencias fatales;
  2. El enfrentamiento fue provocado por grupos de tendencias ideológicas opuestas, “excesivamente fanatizados”, que se disputaban “posiciones políticas dentro del estudiantado”, y
  3. Que los cuerpos policiacos se mantuvieron completamente al margen, interviniendo solo cuando la situación se volvió extrema.

Epílogo

En la actualidad se han publicado algunos documentos que muestran la existencia de los halcones y las órdenes de reprimir el movimiento para evitar la organización estudiantil y apagar la creciente insurgencia de la época; sin embargo, como signo de lo que sucede en México la masacre sigue impune y Luis Echeverría sin castigo alguno.