El Miguelazo 

Hace muchos muchos años, cuando todavía era un imberbe estudiante universitario, tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de un funcionario del gobierno del Estado de México del área de comunicación social, que nos explicaba la función del área donde laboraba y a muy grandes rasgos (les ruego su comprensión debido a que han pasado tantos años, que no recuerdo las palabras exactas) nos dijo que su trabajo y el de toda el área se trataba de generar la imagen del gobierno (y del gobernador específicamente, ya que los gobernadores-virreyes son como Luis XIV monarca absoluto de Francia, que afirmaba
febrero 10, 2016

Hace muchos muchos años, cuando todavía era un imberbe estudiante universitario, tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de un funcionario del gobierno del Estado de México del área de comunicación social, que nos explicaba la función del área donde laboraba y a muy grandes rasgos (les ruego su comprensión debido a que han pasado tantos años, que no recuerdo las palabras exactas) nos dijo que su trabajo y el de toda el área se trataba de generar la imagen del gobierno (y del gobernador específicamente, ya que los gobernadores-virreyes son como Luis XIV monarca absoluto de Francia, que afirmaba que él era el estado, pues igualito), para que la sociedad comprendiera que era lo que se hacía desde el poder y como.

Ahí fue donde empezó la parte divertida de la conferencia, cuando se le cuestionó (si, fui yo, siempre he tenido facilidad para hacer preguntas incómodas), que si no era mejor ahorrarse el dinero que se gastaban en propaganda (que no publicidad) y permitir que la sociedad valorara la imagen que ya tenía el gobierno mediante sus actos y omisiones.

Obviamente el funcionario me regaló una mirada de profundo desdén, al no terminar de saber si yo era malintencionado o extremadamente cándido con la pregunta propuesta que le hacía y no conocer el verdadero trasfondo del gasto gubernamental en comunicación social, respondió cualquier cosa insulsa y aquí estamos a la lejanía de las décadas y sigo preguntándome lo mismo, pero con un poco más de información y me gustaría pensar que de sabiduría y sobre todo de decepción de la realidad.

El gasto en comunicación social que hacen los gobiernos de todos los ámbitos, tiene varias aristas interesantes: en algunos casos no son otra cosa más que negocios disfrazados por parte de los políticos, que asociados (evidentemente en lo obscurito) con los dueños de los medios, pagan y después llevan su jugosa comisión.

También está el gasto grosero en forma de culto a la personalidad, cuantas décadas tenemos con funcionarios que cuando están en las oficinas pagan porque se ensalce su imagen, así es que cuando tienen el poder son seres bondadosos de luz, infalibles, trabajadores, honestos y preclaros, todos unos estadistas recipiendarios de todas las virtudes humanas, aunque cuando terminan el encargo no volveremos a saber de ellos más que por las cochinadas que se les van descubriendo y que eventualmente terminan totalmente impunes gracias a esos pactos no escritos entre lo que llegan y los que se van de no tocarse ni con el pétalo de una rosa, mucho menos con averiguaciones previas bien integradas.

Y por último ese dispendio aplicado a querer tener un control político de la sociedad, transmitiendo el perpetuo mensaje de que todo está bien y por ello debes seguir votando de preferencia por ellos y puedan mantener el hueso.

Pues hay buenas y malas noticias, entre las malas que se sigue dando este dispendio en pleno siglo XXI, los políticos lo hacen con un cinismo que no tiene límites, evadiendo toda consideración legal y ética, para muestra tenemos el botón de las salvajadas que hicieron decir a Andrea Legarreta y su compinche, par de babosos mercenarios que lo mismo están para anunciarle a la perrada productos de limpieza que centros comerciales.

La noticia buena es que ya no tenemos la misma sociedad de hace 20 años, ni los mismos medios de acceso a la información, hoy por hoy gracias al internet y las redes sociales es más difícil para el gobierno el controlarnos con información a modo, la realidad está frente a nuestros ojos y la compartimos mediante la pantalla del teléfono o la tableta, las televisoras cada vez la ven más difícil para ya no digamos tener esas ganancias brutales, si no para sobrevivir, ellos ya no garantizan ni la docilidad de la ciudadanía, ni los triunfos electorales, así que compatriotas tomen su celular, capturen imágenes y video de su político corrupto favorito y de sus excesos y compártanlo en la red, así cayó Korenfeld y hay que apostarle a que les pegue electoralmente a los que practican la corrupción como religión, e informarle a quienes toman las decisiones que no estamos de acuerdo con que ladrones probados sigan administrando con manos sucias los recursos públicos.

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