Releyendo a Graham Greene, autor inglés con dos célebres novelas acerca de México y a propósito de la visita de una nutrida comitiva de funcionarios mexicanos a la famosa isla, me preguntaba sobre cuáles pudieron haber sido los motivos y reflexiones del encuentro mencionado.
En las novelas de Greene ubicadas en México, sus juicios acerca de los mexicanos eran la mayoría de las veces muy poco favorables llegando incluso a ser peyorativos. En una de ellas que tituló Caminos sin ley, relata el cúmulo de abusos que enfrentaba quien hiciera un viaje por el sureste mexicano y parece que se quedó corto con lo que padecen ahora los migrantes centroamericanos.
Y respecto a juicios adversos de súbditos británicos, también recordaba la expresión del entrenador de la selección de fútbol inglesa, entonces campeona del mundo, cuando arribó a México para el campeonato de 1970, quien dijo que al aeropuerto los había ido a recibir una turba de famélicos mestizos.
Por lo antes mencionado y por la bien ganada fama de los ingleses de tener cierta propensión a discriminar a grupos raciales diferentes a ellos, me preguntaba cuál sería el motivo del gran comedimiento exhibido de parte de la reina y sus súbditos con la comitiva mexicana.
Una posible respuesta es que la realeza británica hacía su trabajo, ya que parecían empeñados y según las evidencias lo lograron, en deslumbrar a los funcionarios, familiares y acompañantes mexicanos que tuvieron la oportunidad de visitar a la mítica monarquía inglesa.
Y si el motivo de sus atenciones era cumplir con sus funciones y su trabajo, cabría la pregunta acerca de qué propósitos perseguían y que efecto procuraban alcanzar.
Uno podría sospechar que lo que movía a tales atenciones era la posibilidad de llevar a cabo acuerdos convenientes y redituables para el gobierno y empresas británicas. De todos es bien sabido que esos regímenes son espléndidos anfitriones con quienes les representan la oportunidad de pingües negocios. Lo que presumiblemente lograron.
Y de parte de la comitiva mexicana lo que pareció evidente, por la cobertura que le dieron los medios, fue que el Lic. Peña quiso, como todo buen padre de familia, dar a su esposa e hijas el privilegio de departir en un clima de elegancia y sofisticación con la más rancia realeza de las que todavía quedan en el mundo.
Darles a esposa e hijas la oportunidad de demostrar que en asuntos de arreglo personal, el outfit y el makeup están al mismo nivel de las nobles europeas e incluso como se mencionó en alguna publicación impresionar a los miembros de la corte y a los herederos al trono.
Así que de acuerdo a lo visto y anunciado ambas partes lograron sus objetivos: los ingleses hacer negocios y la familia presidencial lucir sus mejores galas.
Lo único que pudiera uno objetar a tan loable propósito es que, probablemente, el costo para el país haya sido demasiado alto y dados los problemas que ya es ocioso enumerar, entre los que destaca la pobreza que azota a millones de mexicanos, la mencionada visita y el excesivo glamour, se constituyeron en una nueva ofensa para los que apenas comen.
PS Y un tema que debe analizarse con mucho cuidado es ese despropósito de los señores diputados de pretender privatizar el servicio de agua. Cuánta irresponsabilidad se puede seguir tolerando.



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