Toluca, México; 25 de noviembre de 2018. Cuando la niebla de una noche fría se disipa, el Nevado de Toluca se yergue con una cubierta de nieve en su cima; entonces, es de esperar que algunos habitantes del valle planeen un viaje a 4,680 metros sobre el nivel del mar para alcanzar su punta.
En la última incursión a la cúspide, los visitantes dejaron en el paisaje un recuerdo de su visita: 20 toneladas de basura -según los encargados del mantenimiento- fueron recogidas de las veredas.
En julio del 2017, Armando Sunny García Aguilar, profesor y especialista del Centro de Investigación en Ciencias Biológicas Aplicadas (CICBA) de la Universidad Autónoma del Estado de México, advirtió del peligro de desaparción de la salamandra.
En septiembre, Octavio Monroy-Vilchis, coordinador del CICBA, señaló que no ha encontrado evidencia del teporingo y afirmó que no ya no existía registro de esta especie en el Nevado.
Al inicio del año, según el diario el Gráfico, Arturo Chavarría, asesor legal de los ex ejidatarios de San Juan de las Huertas, sostuvo que más de 60 por ciento de las hectáreas que conforman el nevado, fueron taladas clandestinamente.
También, por las mismas fechas, fue denunciado el robo de una camioneta, dos personas con armas largas, obligaron a un hombre y a su familia a descender del mismo y tirarse al suelo.
Discusión aparte merece el cambio de Parque Nacional a programa de manejo de Área Natural Protegida con Categoría de Área de Protección de Flora y Fauna, las desventajas han sido denunciadas y discutidas desde diversas perspectivas.
El deterioro de este símbolo mexiquense es silencioso y las noticias llegan a cuentagotas, pero el innegable quebranto existe en varios frentes.


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