#Elecciones2021 cuando se vota con el covid y la pobreza a cuestas

En Iztapalapa, una populosa alcaldía de Ciudad de México, la pandemia fue tan severa que pudo haber minado el interés en las elecciones del próximo domingo. Pero Édgar, acostumbrado a enfrentar la adversidad, mantiene una terca fe en el voto.


Para él y algunos de sus vecinos, el coronavirus y su estela de muerte no fueron más que otro azar del destino. El de ellos, marcado por la pobreza.


“El covid es el destino, no podemos manejar ese destino”, justifica Édgar Alonso, de 48 años, quien administra un pequeño negocio de electrónica en un mercado de Iztapalapa, de 1,8 millones de habitantes, muchos de bajos recursos.

Con la necesidad a cuestas, su imperativo siempre ha sido sobrevivir.

“Tenemos que salir a vivir y si nos toca la desdicha de enfermarnos [de covid-19] -como me enfermé, porque fue la realidad- pues aquí estamos”, añade junto a Jazmín Pille, candidata a diputada, quien recorre el lugar en busca de votantes.

Pero Alonso no pierde la esperanza de que su voto ayude a cambiar la realidad. “Si nos quedamos cruzados de brazos, va a seguir siendo lo mismo toda la vida y (…) lo que queremos es un cambio verdadero”.

No todos comparten su optimismo en esta localidad donde el virus ha matado a 6.560 personas, más que en Israel o Irlanda.

Alejandra Gómez, maestra de preescolar de 62 años, recuerda mortificada cuando uno de sus hijos enfermó y se pregunta cuánta gente “se fue” porque no encontró un tanque de oxígeno.

“¿A qué vamos a ir a las votaciones? ¿A estar ahí como muéganos (aglomerados)?”, cuestiona Gómez en una empinada calle del barrio, pegada a un cerro.

Sin embargo, no descarta participar en el proceso en que serán elegidos los diputados federales, 15 de 32 gobernadores y miles de cargos como el alcalde y legisladores de Iztapalapa.

Morir de hambre o covid

Aunque las restricciones paralizaron la actividad económica durante meses, Iztapalapa no detuvo su ritmo incesante, al que se suma ahora la campaña electoral.

“La gente no tenía otra opción que salir a trabajar, porque nos comentan: ‘o nos moríamos de la pandemia o moríamos de hambre'”, refiere Pille, candidata del opositor PRI, de 35 años.

Acompañada de militantes y de su madre e hija, reparte volantes y expone propuestas.

Está por verse cómo la pandemia afectará las cifras de participación en los comicios intermedios, a los que en promedio acuden 51% de los votantes, frente a 65% de las presidenciales, según cifras oficiales hasta 2018.

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Desastre natural

Con cerca de 228.000 muertes, México, de 126 millones de habitantes, es el cuarto país más golpeado por la epidemia en números absolutos. Pero ya ajusta 20 semanas con cifras a la baja, lo que ha relegado el tema entre los mexicanos.

En mayo, solo 13% lo consideraba el principal problema nacional, frente a 42% en enero pasado y 56% en abril de 2020, según una encuesta del diario El Financiero.

En otro sondeo de Consulta Mitofsky, el temor a ser víctima del delito (44,7% de encuestados) superó ampliamente al de contagiarse de covid-19 (17,8%).

Detrás de esa despreocupación por la pandemia también se esconde la realidad de un país donde la mitad de la población vive en pobreza y se dedica a solventar sus penurias.

“Se ve como que es un desastre natural, algo donde no había mucho que se pudiera hacer”, dice Máximo Jaramillo-Molina, fundador del Instituto de Estudios Sobre Desigualdad.

La pobreza en México habría aumentado hasta en 9,8 millones de personas por la crisis sanitaria, estimó en febrero el estatal Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.


Pese a ello, el presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador apenas elevó 0,3% anual el gasto público en 2020, lejos del 23,8% de Brasil o el 20,1% de Argentina, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

“No nos han apoyado nada, cerraron muchos negocios, mucha gente se quedó sin trabajo”, lamenta Arturo Reyes, carnicero de 54 años, quien votará por el PRI, duro crítico de la gestión oficial de la pandemia.

Pero ese manejo “no va a tener un impacto [electoral] notorio y es por la naturalización que tenemos de la desigualdad y la desprotección ante el Estado”, observa Jaramillo-Molina.

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