Encuestas y redes sociales
José Luis Arriaga Ornelas
En tiempo de elecciones una de las prácticas más frecuentes en los medios informativos son las encuestas. Los ejercicios estadísticos consistentes en preguntar a un determinado número de personas (una muestra) por quién votaría, se nos aparecen cotidianamente en diarios, revistas, portales digitales, televisoras, etcétera. Sin embargo, vale la pena recordar que de un tiempo para acá dichas encuestas han incurrido en errores al pronosticar un resultado. Baste señalar no sólo las últimas elecciones presidenciales en México (donde la repartición del voto fue muy distante a lo que señalaban las encuestas previas), sino a otros ejercicios tan importantes, como las más recientes elecciones en los Estados Unidos o al famoso Brexit en Reino Unido. En muchos de los casos las empresas encuestadoras se atrevieron a afirmar que tendría lugar un resultado X, pero los electores “sorprendieron” tomando otras decisiones.
No todos los encuestadores se han atrevido a reconocer su falta de precisión, su yerro o, de plano, su fraude. Ha habido algunos otros –los menos- que seriamente se han preguntado si las encuestas siguen siendo un recurso metodológico útil para conocer por anticipado el sentido de un ejercicio electoral. De entre estos últimos hay quienes destacan la necesidad de tomar en cuenta algunos factores que no estaban presentes hace una década y que ahora parecen erigirse en indicadores importantes para conocer lo que la gente quiere o piensa.
En primerísimo lugar están, por supuesto, las redes sociales; esas nuevas concentraciones permanentes de personas de cuya interacción emergen cosas insospechadas. La “viralidad” de un contenido, el número de interacciones, la popularidad (muy frecuentemente efímera), la adhesión de seguidores, entre otras acciones que permiten los formatos de las redes digitales, son factores que no necesariamente toman en cuenta las casas encuestadoras cuando se ponen a contar a los potenciales votantes.
Por tomar un ejemplo, tras la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, varios analistas señalaron que, si bien en los medios tradicionales (TV, prensa escrita, radio) se auguraba como “segura triunfadora” a Hillary Clinton, en las redes sociales era otra la dinámica: Trump, previo a las elecciones, acumulaba en su Facebook casi 12 millones de “me gusta”, colocándose cuatro millones arriba de lo acumulado por Clinton en esa misma red social. Igualmente, en Twitter Trump superaba a su rival por casi tres millones de seguidores.
Hasta hoy las encuestas siguen utilizando criterios demográficos y geopolíticos para definir sus muestras y asumen que la estratificación basada en el sexo, la edad, el lugar de residencia o la ocupación siguen siendo útiles para conocer cómo opinan o votan ciertos grupos de personas. Sin embargo, parece cada vez más evidente que hay una re-agrupación distinta, mucho más compleja, a partir de las redes sociales. Facebook, Twitter, Google, Youtube o Instagram se han convertido en nuevas concentraciones de personas, convocadas no necesariamente por el lugar donde viven, su ocupación o su origen étnico, sino por contenidos.
A esto último hay que agregarle que la gente visita e interacciona varias veces al día en las redes sociales y lo hace con fines lúdicos, emotivos, de sociabilidad y, sólo incidentalmente (en medio de esas dinámicas centrales de las redes sociales), se “informa” sobre la actualidad de su entorno. Ese potencial votante, en caso de acudir a las urnas, no se conduce como un actor político (en el sentido estricto de la palabra), no es una persona involucrada en el debate público, en la dinámica de los partidos políticos, vaya, no es un militante; es más bien un agente que siente el compromiso de ir a votar y la “información” con la que cuenta no es precisamente la que se deriva de seguir un debate ideológico, analizar una plataforma electoral o una declaración de principios políticos, sino de darle “like” a un post, de ver los memes, de dar retuit a un fragmente de un video, etcétera.
La pregunta hasta ahora sin respuesta es ¿cómo estratificar esto? Las casas encuestadoras serias supongo que están trabajando en ello, en determinar nuevas fórmulas para hacer sus mediciones. Mientras tanto, habrá que tomar con reserva las numerosas encuestas que nos dicen quién ganaría la elección de gobernador en territorio mexiquense de efectuarse hoy los comicios; y, al mismo tiempo, hay que echarle un ojito a las redes sociales de los candidatos. Si lo hace usted, amable lector, se sorprenderá de los magros números de “me gusta” que reciben los post de los candidatos, incluidos los casos de quienes registran mayor número de seguidores. En otra ocasión le entraremos al detalle de estos numeritos en Facebook y Twitter.


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