La especie humana evolucionó desde los primates a partir de la colaboración; luego, se organizó utilizando la política y, desde entonces, nuestra historia es una interminable cadena de guerras, alianzas, periodos de paz y luego nuevas guerras.
Creo que en México y América Latina vemos la guerra un poco distante, porque los bombardeos de hoy se están dando del otro lado del mundo. Pero hay que advertir que los EUA están por iniciar en nuestro continente una guerra en contra de una creación del trumpismo y la derecha más radical que hoy gobierna aquel país ¿Cuál es esa creación? Un enemigo absoluto de tres cabezas, que justifica un estado de excepción permanente.
Estamos hablando de una ingeniería que EUA reactivó hace poco, que el pasado fin de semana tuvo un evento simbólico muy importante, y que lleva como membrete “Escudo de las Américas”. Lo que han dicho Trump y sus funcionarios de más alto nivel es que están listos para pasar a la ofensiva militar en territorio americano (en todo el continente) y, por ello, han creado una especie de franquicia, que ya varios países de la región han manifestado interés en adquirir.

Los países que acudieron al llamado trumpista para este “Escudo de las Américas” lo que hacen es aceptar los protocolos, la tecnología de vigilancia y las órdenes operativas de una potencia externa a cambio de estabilidad.
Vamos a explicarlo por partes. Primero lo del enemigo de tres cabezas. Para los EUA los migrantes son una amenaza biopolítica, porque llevan consigo el germen de la transformación. Son una peligro -dicen ellos- para su modo de vida, para su valores y sus prácticas. Esa es la primer cabeza. La segunda son los narcotraficantes, porque son actores de guerra, tienen poder de fuego, están organizados y controlan territorios. Hay que combatirlos y, en tercer lugar, como ambas cosas les causan terror, pues sugieren pensarlos como “terroristas”, lo cual les da la justificación moral para suspender las leyes y actuar sólo por la vía militar. Se forma así una entelequia a la que se dicen dispuestos a hacerle la guerra solos, pero también tienen disponibles franquicias por si alguien quiere comprarlas.
No estamos hablando de una guerra entre naciones, sino contra un flujo (de gente, de narcóticos); y tampoco las cosas se mueven en el plan de naciones soberanas que deciden colaborar para resolver problemas comunes. No, de lo que se trata es de un planteamiento ideológico que se exporta, que va acompañado de asesoría, presencia y que promete rentabilidad. Los países que acudieron al llamado trumpista para este “Escudo de las Américas” lo que hacen es aceptar los protocolos, la tecnología de vigilancia y las órdenes operativas de una potencia externa a cambio de estabilidad.
Esto último conduce a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamaría la absorción de la política por la policía. La gestión de los jefes de Estado que se acogen al llamado de Trump ya no es decidir el futuro de su respectiva nación, sino administrar la seguridad de un perímetro. El gobernante local se convierte en policía de zona de un imperio hemisférico. ¿Y que pasa con los países que no se adhieran o que incluso no hayan sido invitados (como México, Brasil, Colombia, Venezuela y Uruguay)? Hay, al menos, dos escenarios: en el caso que decidan abordar el narcotráfico desde una perspectiva de salud pública o desarrollo social, y no mediante el «poder duro» exigido por Washington, su soberanía es declarada «fallida» o «cómplice». Y, lo mismo, si no están protegidos por el “escudo”, se encuentran vulnerables y, en esa condición, cualquier intervención militar está justificada por su propio bien o para evitar riesgos a los vecinos que sí son parte.
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Hay que decirlo con todas sus letras, porque hoy ya el gobierno de EUA ha roto todas las reglas mínimas del derecho internacional y del multilateralismo: se está arrogando el derecho de actuar unilateralmente (por ejemplo, con ataques con drones o incursiones de fuerzas especiales), bajo la premisa de que la amenaza es transnacional. Las fronteras están dejando de ser un límite legal para convertirse en un obstáculo táctico que dicen poder librar sin problemas.
El término que han empleado los EUA y que captura claramente su intención es “limpiar el vecindario”. Explícitamente están anunciando que ya no hay razón para esforzarse por «corregir» al delincuente o «integrar» al migrante; el objetivo es la segregación o la eliminación. Su énfasis en la inteligencia de guerra y los algoritmos para detectar «amenazas» desplaza a la política (el diálogo) por la técnica (la ejecución). Si el sistema dice que eres una amenaza, tu humanidad queda subordinada a tu etiqueta de «narcoterrorista». Así estamos hoy. ¿Será que la guerra está tocando a nuestra puerta?
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