España: Adiós bipartidismo, adiós

Si se cumplen pronósticos, España está a punto de iniciar una nueva etapa política, en la cual los partidos deberán recurrir a alianzas, acuerdos o pactos para poder gobernar, práctica perdida en años de mayoría absoluta alterna de las dos principales formaciones. Según todas las encuestas los partidos Popular (PP), en el gobierno, ni Socialista Obrero Español (PSOE) podrán tener mayoría en las elecciones generales de fin de año que les garantice un gobierno cómodo y deberán acudir a aliados políticos. La más reciente encuesta de la firma Metroscopia, difundida por el diario El País, indica que el PSOE ganaría
septiembre 27, 2015

Si se cumplen pronósticos, España está a punto de iniciar una nueva etapa política, en la cual los partidos deberán recurrir a alianzas, acuerdos o pactos para poder gobernar, práctica perdida en años de mayoría absoluta alterna de las dos principales formaciones. Según todas las encuestas los partidos Popular (PP), en el gobierno, ni Socialista Obrero Español (PSOE) podrán tener mayoría en las elecciones generales de fin de año que les garantice un gobierno cómodo y deberán acudir a aliados políticos.

La más reciente encuesta de la firma Metroscopia, difundida por el diario El País, indica que el PSOE ganaría los comicios -cuya fecha más probable es el próximo 20 de diciembre- con 24,6 por ciento de los votos seguido del PP, con 23,4 por ciento.

El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), dependiente del ministerio de la Presidencia, coincide con que ninguna formación podrá gobernar por sí sola, aunque otorga la mayoría de votos al PP.

De acuerdo con esa fuente, el PP ganaría con 28,2 por ciento de votos, seguido del PSOE, con 24,9 por ciento.

Una primera conclusión de ambas investigaciones -pese a sus diferencias- es que el llamado bipartidismo español, dado por el predominio alterno del PP y PSOE, toca a su fin.

Las mayores pérdidas, si se compara con los comicios de 2011, corresponden al PP que con 44,6 por ciento de los votos se agenció la mayoría absoluta del Congreso de Diputados y desde entonces ha ejercido con severidad la dictadura de su mayoría legislativa.

Pero tampoco el PSOE ha sido capaz, según las previsiones, de ocupar el espacio perdido por el partido gobernante y todos los sondeos lo ubican por debajo de los resultados de 2011, cuando ganó 28,7 por ciento de los votos.

Una gran parte de los observadores coincide en que esto es resultado de varios factores, entre ellos la pérdida de prestigio de ambas formaciones, cuyos gobiernos son acusados por igual por un importante sector de la población, por la actual crisis económica.

Ambos, aunque en mayor número el PP, han sido afectados también por escándalos de corrupción, que aumentan la reticencia de los electores y condicionan el castigo a su popularidad.

Otro elemento es la irrupción de nuevos partidos en la arena política nacional que han tenido crecimientos explosivos: Podemos, con un programa cercano a la izquierda y Ciudadanos, un partido catalán de centroderecha, que se lanzó a la política nacional recientemente.

Metroscopia y el CIS coinciden en apuntar a Podemos como la tercera fuerza en España (con 18,6 y 15,7 por ciento de votos respectivamente, seguido de Ciudadanos (16,1 y 11,1 respectivamente).

Detrás se ubica Izquierda Unida (IU), una agrupación de partidos de esa tendencia encabezados por el Partido Comunista de España (PCE) al cual Metroscopia augura cinco por ciento de los votos y el CIS le da un estimado de 3,7 por ciento.

IU, sin dudas, resultó un neto perdedor con la aparición de Podemos, dada la cercanía de programas pero presentados con una envoltura más novedosa, atractiva y con mucho mejor manejo de los medios de difusión, incluyendo las redes sociales.

De otro lado, la explosiva expansión de Ciudadanos fagocitó a Unión Progreso y Democracia (UPyD), una formación derechista que en 2011 alcanzó 4,7 por ciento de votos y en la actualidad es prácticamente inexistente.

Ciertamente Podemos (que tuvo casi 30 por ciento de intención del voto en las encuestas) detuvo su expansión y refleja una contracción, pero su aparición ayudó a modificar el esquema político español, junto a Ciudadanos, que refleja un proceso similar.

La actuación de Podemos -cuyo líder, el profesor universitario Pablo Iglesias, llegó a augurar un triunfo electoral- propició un giro en la forma de ser visto por sectores de izquierda que lo veían como la fuerza aglutinadora de una gran coalición hacia el cambio.

Tal vez sobre el cálculo del crecimiento, Iglesias se mostró reacio a participar en una alianza de izquierdas y movimientos sociales como se proponen algunas fuerzas, y aunque recientemente varió algo su posición, mantiene exigencias que dificultan un acuerdo.

Los dirigentes de Podemos estiman que cualquier coalición deberá llevar el nombre de su organización en primera instancia y seguida y separado por una pleca, si acaso, cualquier otra denominación de partido o movimiento.

De tal forma la opción de las llamadas candidaturas de unidad popular entre partidos de izquierda y movimientos sociales se halla ante una perspectiva indefinida a unos tres meses de la votación.

Este tipo de alianza demostró ya su eficacia en las pasadas elecciones municipales, cuando arrebataron a la derecha varias ciudades, entre ellas Madrid y Barcelona.

Diversas fuerzas analizan ahora la posibilidad de repetir la fórmula en las elecciones generales de fin de año, con la denominación de Ahora en Común, aunque los primeros pasos indican que no será un camino fácil por la diversidad de las fuerzas representadas.

En esa proyección, la presidencia de IU accedió -no sin debate interno- a que sus candidatos se midan con los de otras formaciones en primarias proyectadas por Ahora en Común probablemente en octubre.

La decisión tomada por mayoría y con 12 abstenciones está pendiente de la ratificación de la idea por Ahora en Común, que dejó en manos de sus formaciones territoriales la decisión final.

Esta proyección que podría tener un peso por determinar si se concreta, tienen en su génesis los movimientos de protestas como los indignados, que aglutinaron a un sector de la población normalmente alejado de la política tradicional.

Cualquier derrotero que sigan estas y otras opciones, lo que parece más cierto en torno a las elecciones generales españoles es que el país entrará en una etapa diferente, en la cual los partidos deberán aprender a convivir mediante la negociación y deberá decir adiós al período de mayorías absolutas.

*Corresponsal de Prensa Latina en España.

Las más leidas

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Las más leídas

Síguenos