Espionaje arrasa con premios

Los reportes sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) obtuvieron en este abril dos importantes premios periodísticos por su repercusión internacional y por abrir el debate de un tema polémico. La Universidad de Long Island distinguió a los autores de esos materiales -los estadounidenses Glenn Greenwald y Barton Gellman, y los británicos Ewen MacAskill y Laura Poitras- por cooperar con Edward Snowden para hacer público la mayor cantidad de datos confidenciales en la historia del país norteño. Ese centro académico otorgó a los cuatro profesionales el galardón anual George Polk, creado en 1949, en
abril 17, 2014

Los reportes sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) obtuvieron en este abril dos importantes premios periodísticos por su repercusión internacional y por abrir el debate de un tema polémico.

La Universidad de Long Island distinguió a los autores de esos materiales -los estadounidenses Glenn Greenwald y Barton Gellman, y los británicos Ewen MacAskill y Laura Poitras- por cooperar con Edward Snowden para hacer público la mayor cantidad de datos confidenciales en la historia del país norteño.

Ese centro académico otorgó a los cuatro profesionales el galardón anual George Polk, creado en 1949, en reconocimiento a "su ingenio, destaque y coraje" al ayudar a desenmascarar a la NSA, considerada la agencia estadounidense más opaca porque trabaja desde hace décadas bajo un secretismo extremo.

La labor de esos periodistas se coronó con una medalla de oro cuando sus respectivos medios, el diario estadounidense The Washington Post y el británico The Guardian, ganaron el Pulitzer 2014 en la categoría de "Servicio Público", la más prestigiosa.

Aunque el comité del premio eligió condecorar a las instituciones en vez de a los reporteros o a Snowden, admitió que los artículos fueron mucho más que una simple filtración de textos porque encendieron un debate serio y amplio sobre la relación entre el gobierno y la población en temas de seguridad y privacidad.

"El galardón fue para quien reveló el programa secreto de vigilancia masiva que llevó adelante la NSA, con reportajes competentes y perspicaces que ayudaron al público a entender cómo se insertan estas informaciones en el marco más amplio de la seguridad nacional", explicó el director del panel Pulitzer, Sig Gissler.

Esa decisión recuerda el lauro de 1972 otorgado el diario The New York Times tras publicar los famosos Pentagon Papers (los Papeles del Pentágono), documentos clasificados sobre el involucramiento político y militar de Estados Unidos en Vietnam.

Pero el propio Snowden consideró el premio "una reivindicación de todo aquel que cree que lo público tiene un papel en el gobierno".

"Lo debemos a estos reporteros y sus colegas que trabajaron frente a una extraordinaria intimidación, incluyendo la destrucción forzada de materiales periodísticos, el uso inapropiado de leyes antiterroristas y de otros medios de presión", dijo desde Rusia, donde está refugiado.

La colaboración de Greenwald, Gellman, MacAskill y Poitras con Snowden, un excontratista de la NSA, permitió desde junio pasado conocer en detalle cómo funcionan los sistemas intrusivos de vigilancia de Estados Unidos y sus aliados.

Uno de esos softwares se denomina Prism y permite a la NSA recabar audios, vídeos, fotografías, correos electrónicos, documentos, conversaciones y conexiones en internet de millones de personas, empresas y gobiernos de al menos 35 países bajo el pretexto de prevenir acciones terroristas.

Para conseguir datos privados, la Agencia pinchó satélites, líneas telefónicas y cables de fibra óptica, pero también tuvo libre acceso a grandes servidores de las firmas informáticas Facebook, Hotmail, Yahoo, Google, Skype, PalTalk, Aol, YouTube y Gmail, todas con un alto número de usuarios a escala global.

Otros de los tantos programas de la NSA se conoce como Dishfire y le facilita reunir casi 200 millones de mensajes de texto diarios en todo el mundo y extraer, a través de los mismos, la localización de los usuarios, su lista de contactos o detalles de sus tarjetas de crédito.

Todos los registros obtenidos los comparte con sus cómplices de la red Cinco Ojos, integrada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

El escándalo sobre espionaje -que aún no cesa- se convirtió en el peor desafío de la presidencia de Barack Obama, a quien le tocó dar la cara ante un Congreso irritado y socios tradicionales como Alemania, México, España y Reino Unido porque sus gobernantes también fueron blanco del seguimiento de la NSA.
 

En un intento por aplacar la polémica, el gobernante demócrata ordenó el año pasado la revisión de los sistemas de vigilancia de la Agencia y admitió la necesidad de limitar la capacidad de recopilación y el uso de los datos de inteligencia en internet.

Sin embargo, en días recientes autorizó a la NSA aprovechar para la vigilancia doméstica un falla denominada Heartbleed, que existe desde 2011 en el sistema de cifrado OpenSSL y expuso millones de contraseñas en internet.

Las filtraciones de Snowden minaron la credibilidad de Obama y ahora se cuestiona con mayor fuerza la reputación del gobernante demócrata como el adalid de los derechos civiles y de la transparencia gubernativa que preconizó al llegar a la Casa Blanca en 2009.

Además, las revelaciones pusieron a la comunidad internacional en alerta y, como consecuencia, sembraron la desconfianza global en productos y servicios tecnológicos con la etiqueta "made in USA".

Por tal motivo, expertos auguran un alza de las llamadas nacionalización y regionalización estratégica de activos digitales, o sea, el alza de redes sociales, sistemas de almacenamiento en nubes y buscadores propios de cada país y zona geográfica para limitar el acceso online desde el exterior y garantizar más seguridad a sus usuarios.

Como resultado habrá una caída del uso de una internet única de libre y abierta navegación a escala internacional y los consorcios informáticos de Estados Unidos serán los mayores perdedores pues dominan el mercado cibernético.

*Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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