Los habitantes del Estado de México y de la Ciudad de México padecemos una de las peores crisis ambientales, los altos niveles de partículas contaminantes son un problema compartido, alcanzando niveles que no se habían registrado en los últimos 14 años.
En la base del problema se encuentran los gobiernos capitalino y mexiquense, no solo por omisión a las problemáticas reales, sino porque sus acciones contribuyen al incremento de las mismas. Además, las políticas ambientales de ambas entidades datan de finales de los años 80, dando como resultado la falta de actualización y malas planeaciones como la adjudicación exclusiva del problema ambiental al factor transporte.
En 1987 surgieron las primeras políticas ambientales en México, la reforma constitucional de ese año, estableció en el artículo 27 la obligación de preservar y restaurar el equilibrio ecológico, y en el artículo 73 se facultó al Congreso expedir leyes de orden ambiental. Esta reforma desembocó en la creación de la Ley General del Medio Ambiente y Equilibrio Ecológico un año después, que hasta nuestros días sigue siendo la máxima y única ley de derecho ambiental a nivel federal.[1]
El gobierno de Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México ha apostado por la intensificación del Programa Hoy No Circula, que si bien encuentra sustento en la idea de disminuir los niveles de contaminación, viene aparejado de efectos sociales adversos como: incentivar una renovación más rápida del parque vehicular pero sin impulsar el retiro de circulación de los automóviles viejos, así como la perpetuación de un transporte público contaminante y de mala calidad al que recurren indiscutiblemente miles de personas para emprender el viaje diario al trabajo, escuela, etc.[2]
Por su parte, el gobierno de Eruviel Ávila no asume la responsabilidad de construir una red de transporte público eficiente con vehículos de bajas emisiones para convertirlo en una opción viable y poder reducir el uso del automóvil. Todo lo contrario, invierte miles de millones en infraestructura obsoleta, promueve la construcción de autopistas urbanas carísimas y sigue políticas populistas como el subsidio a la tenencia vehicular.[3]
Es cierto que la variable transporte es una de las principales fuentes de emisiones de gases contaminantes porque aporta el 88 por ciento de los óxidos de nitrógeno. Pero el mayor número de emisiones del Valle de México es producido diariamente por 70 mil fábricas, de las cuales, el Estado se encuentra a la cabeza con núcleos industriales como Xalostoc, Tlalnepantla y Naucalpan.
De acuerdo con el inventario de emisiones de la zona metropolitana del Valle de México en 2012, dicha actividad permitió que el Estado de México generara una cantidad de 23, 335 partículas PM10 y la Ciudad de México 6 mil 552.[4] Esto significa que la contaminación generada libera a la atmosfera vapores que afectan la calidad del aire dentro y fuera de la entidad.
La problemática de no regulación a la industria, al transporte público, la no separación de basura, la ineficiencia del programa Hoy No Circula, se funden en el tema de corrupción que impide normas de protección y restauración del ambiente, la conservación y aprovechamiento racional de los recursos naturales.
El estado genera 15,088 toneladas de residuos sólidos diarios, cuyo manejo por cada tonelada de residuos municipales cuesta aproximadamente $ 250 pesos. El estado genera 8,000 toneladas diarias de basura provocando 10,000 toneladas de CO2. En la zona del Valle de México se efectúan en promedio, 30 millones de viajes-persona cada día en camiones viejos, contaminantes, combis y microbuses. En el Estado de México la corrupción en tránsito está permitida por el gobierno Y las verificaciones funcionan a través de fraudes.
El Estado de México se encuentra desprovisto de políticas ambientales, son urgentes las iniciativas para corregir los daños causados y controlar la fuga de veneno. Lamentablemente uno de los grandes obstáculos es la corrupción, en la cual Eruviel Ávila comparte el mismo grado de responsabilidad con Miguel ángel Mancera, la prioridad para ambos, no es mejorar el transporte público y reducir la contaminación ambiental, sino construir su cada día mas lejana candidatura a la Presidencia de la Republica en 2018. Mancera y Eruviel se distraen. Su prioridad es su imagen y carrera política, los mexiquenses y capitalinos pasamos a segundo plano. Su mente está en Los Pinos, mientras los mexiquenses sobrevivimos en la "Ciudad Veneno".
[1] Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, "Antecedentes", en Medio ambiente, (Actualización: 28 de agosto de 2006), consultado en http://www.diputados.gob.mx/cesop/
[2] El 80 por ciento de la oferta de transporte público se encuentra en la Ciudad de México, donde se concentra el 55 por ciento de la población del Valle de México.
[3] En los municipios conurbados del Estado de México se concentra el 55 por ciento de los habitantes del Valle de México, únicamente cuenta con el 20 por ciento de la oferta de transporte masivo.
[4] Son partículas de diámetro menor o igual a 10 micrones. Por su tamaño, el MP10 es capaz de ingresar al sistema respiratorio del ser humano. Mientras menor sea el diámetro de estas partículas, mayor será el daño potencial en la salud.


Síguenos