59 muertos desde 2020: tradición, pólvora y muerte

La explosión de Temascalcingo, con 10 muertos y 64 lesionados, es la más grave registrada en el Estado de México durante los últimos años. Detrás de la tragedia aparece un sistema de vigilancia fragmentado: la Sedena concede los permisos; el gobierno estatal previene, pero no sanciona; los municipios supervisan con criterios desiguales y parte de la población normaliza el almacenamiento y uso de explosivos durante sus celebraciones
septiembre 6, 2026

La noche del sábado, cientos de personas aguardaban el espectáculo pirotécnico frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, en Santa María Canchesdá, Temascalcingo. El material destinado a la celebración se encontraba almacenado en un espacio del inmueble utilizado como bodega.

Entonces ocurrió la explosión.

El estallido derribó parte de la construcción y convirtió la fiesta patronal en una operación de rescate. El saldo actualizado por el Gobierno del Estado de México es de 10 personas fallecidas y 64 lesionadas. Entre los heridos hay menores, adultos mayores y dos sacerdotes.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de México abrió una investigación para determinar las causas y establecer responsabilidades.

Temascalcingo no es una excepción. Es el episodio más mortífero de una sucesión de explosiones que, desde 2020, ha dejado decenas de muertos y heridos en talleres autorizados, instalaciones clandestinas, viviendas, bodegas, vehículos y celebraciones religiosas.

La cuenta mínima: 59 muertos

Entre enero de 2020 y octubre de 2025, la Coordinación General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo del Estado de México atendió 72 explosiones en talleres y polvorines.

El saldo oficial para ese periodo fue de:

  • 45 personas fallecidas.
  • 90 lesionadas.
  • 41 establecimientos clandestinos detectados.

La explosión en Santa María Canchesdá, Temascalcingo con 10 personas fallecidas y 64 lesionadas. / Foto: RR.SS.

Después de ese corte se documentaron, cuando menos, otras 14 muertes: dos en Tultepec, una en Chalco, una en Zinacantepec y las 10 registradas en Temascalcingo.

El cálculo conservador es de al menos 59 personas fallecidas por explosiones pirotécnicas desde 2020. El número podría ser mayor porque no existe una base pública, actualizada y desagregada que reúna todos los incidentes registrados en los 125 municipios.

GRÁFICO 1

Explosiones pirotécnicas en el Estado de México

Corte: enero de 2020-octubre de 2025

IndicadorTotal
Explosiones atendidas72
Personas fallecidas45
Personas lesionadas90
Establecimientos clandestinos41

Fuente: Coordinación General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo del Estado de México.

Seis años bajo la pólvora

El siguiente recuento reúne los principales accidentes con víctimas o riesgo colectivo documentados públicamente. No constituye un inventario completo: esa relación debería encontrarse en los archivos de Protección Civil, la Sedena, el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, los ayuntamientos y la Fiscalía estatal.

2020

El año comenzó con varias explosiones en Tultepec.

El 10 de enero, una mujer murió en La Saucera. El 13 de marzo, otro estallido dejó inicialmente dos muertos y cinco lesionados; un adolescente de 14 años falleció posteriormente. En abril explotaron una vivienda de Santa Rita, donde se almacenaba pirotecnia irregularmente, y un polvorín de Trigotenco.

Los registros municipales y los reportes públicos presentan diferencias sobre el número final de víctimas. La discrepancia es relevante: desde entonces no existía una contabilidad pública uniforme.

2021

El 10 de septiembre, una explosión en Zumpango dejó un muerto y dos heridos.

El 25 de octubre, dos personas murieron y otra resultó lesionada en el barrio La Piedad, en Tultepec. El 24 de noviembre, otra explosión en ese municipio dejó dos muertos y cuatro heridos; la pirotecnia estaba almacenada dentro de una vivienda.

El 11 de diciembre, El Mirador fue escenario de uno de los accidentes más graves del año: dos personas murieron y 15 resultaron lesionadas.

Tultepec cerró 2021 con 11 accidentes, seis muertos y 36 heridos.

Tultepec concentra buena parte de los accidentes relacionados con pirotecnia documentados en el Estado de México desde 2020. / Foto: RR.SS.

2022

El 1 de marzo, una persona murió por la explosión de un taller clandestino en Trigotenco, Tultepec.

El 12 de noviembre, dos hombres sufrieron quemaduras en otro establecimiento irregular.

El Plan de Desarrollo Municipal reportó siete explosiones y 26 personas quemadas, pero anotó cero fallecimientos. El deceso de Trigotenco aparece en los reportes públicos, no en el balance municipal.

La diferencia muestra una de las fallas estructurales: los registros oficiales no siempre coinciden.

2023

El 27 de junio, dos explosiones en un taller autorizado de La Saucera dejaron nueve heridos. Seis eran policías estatales.

Ese mismo día, otra explosión en San Pedro de la Laguna, Zumpango, dejó una persona lesionada.

Durante 2023, Tultepec registró siete explosiones, tres muertos y 16 personas afectadas.

2024

El 24 de abril, una carga de cohetones explotó durante una procesión en Juchitepec. Tres personas, entre ellas un menor, resultaron heridas. Cerca de 200 habitantes participaban en el recorrido.

El 30 de noviembre, dos personas murieron y otras dos resultaron gravemente heridas por la explosión de un taller instalado en terrenos ejidales de Santiago Tepetitlán, San Martín de las Pirámides.

Tultepec reportó ese año tres explosiones, dos muertos y 14 lesionados.

Las explosiones no solo han ocurrido en polvorines: también se han registrado en talleres clandestinos, viviendas, bodegas y vehículos con material pirotécnico. / Foto: RR.SS.

2025

Durante marzo, Protección Civil atendió tres emergencias en Tultepec: dos en La Saucera, con cuatro lesionados cada una, y otra en un taller clandestino, con una persona herida.

El 16 de abril explotó otro taller clandestino en Trigotenco. No hubo víctimas.

El 11 de junio, una explosión en La Saucera alcanzó cinco módulos de trabajo. El saldo inicial fue de un muerto y nueve lesionados; una mujer falleció posteriormente, por lo que el número de víctimas mortales aumentó a dos.

Tres días después, otra explosión en Santa Isabel dejó un muerto y dos personas hospitalizadas.

El 24 de diciembre, dos personas sufrieron quemaduras de segundo grado en un taller ubicado junto al libramiento de Ozumba hacia Atlautla.

En Tultepec, los accidentes de 2025 dejaron cuatro muertos y al menos 24 lesionados.

2026

El 2 de febrero, una persona murió por una explosión en Santa Isabel, Tultepec.

El 10 de marzo, otro hombre falleció tras el estallido de un taller clandestino en la colonia Amado Nervo.

El 28 de abril, una explosión dentro de una vivienda del barrio de San Martín provocó un incendio y dejó una persona lesionada.

El 23 de mayo, una bodega próxima al mercado de San Pablito explotó sin causar víctimas.

El 22 de julio, un hombre murió y otro resultó herido en un taller de San Gregorio Cuautzingo, Chalco. Los primeros reportes indicaron que el establecimiento contaba con autorización.

El 6 de agosto, la explosión de un presunto taller clandestino en Santa María del Monte, Zinacantepec, dejó un muerto y dos heridos.

El 25 de agosto, otro taller explotó en La Saucera. No hubo víctimas.

Once días después ocurrió la tragedia de Temascalcingo.

Tultepec concentra el riesgo

Entre enero de 2020 y agosto de 2026 se documentaron en Tultepec 48 accidentes, 21 muertos y al menos 122 lesionados.

La Saucera aparece de manera recurrente, pero los estallidos también se produjeron en Trigotenco, Santa Isabel, Santa Rita, La Morita, San Martín, Amado Nervo, La Piedad y El Mirador.

Tultepec concentra una parte importante de los accidentes pirotécnicos documentados en el Estado de México. / Foto: RR.SS.

No todos ocurrieron en polvorines. También explotaron casas, bodegas, talleres clandestinos y vehículos cargados con pirotecnia.

GRÁFICO 2

Víctimas de explosiones en Tultepec

AñoMuertosLesionados
202035
2021636
20221*26
2023316
2024214
2025424
2026**21
Total21122

* El fallecimiento de 2022 aparece en reportes públicos, pero no fue incluido en el balance municipal.
** Corte al 26 de agosto. No incluye Temascalcingo ni otros municipios.

Una regulación dividida

La pirotecnia está sometida a una estructura en la que participan distintas autoridades, pero ninguna concentra el control completo.

AutoridadResponsabilidad
SedenaConcede, niega, suspende o cancela permisos para fabricar, almacenar, comprar, vender y transportar explosivos y artificios pirotécnicos.
Gobierno estatalCoordina prevención, capacitación, protección civil y atención de emergencias.
Instituto Mexiquense de la PirotecniaCapacita, asesora y ayuda a tramitar permisos, pero no puede imponer sanciones.
AyuntamientosIntervienen en uso de suelo, opiniones favorables, protección civil y vigilancia de celebraciones.
Productores y comerciantesDeben respetar permisos, cantidades, instalaciones y medidas de seguridad.
Organizadores de fiestasDeben garantizar que el material sea almacenado, trasladado y quemado en condiciones seguras.

La Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos coloca el control de los explosivos en manos de la Sedena, aunque reconoce la intervención de estados y municipios. También obliga a los tres órdenes de gobierno a realizar campañas permanentes sobre los riesgos de los artificios pirotécnicos.

Distintas autoridades intervienen en la regulación, supervisión y prevención de riesgos relacionados con la actividad pirotécnica. / Foto: RR.SS.

La grieta se encuentra en la ejecución.

El propio Instituto Mexiquense de la Pirotecnia reconoce que su función es preventiva y que carece de capacidad jurídica para sancionar. Puede capacitar, asesorar y recomendar; no puede clausurar ni castigar.

El diagnóstico oficial

En su análisis institucional de 2025, el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia identificó sus propias limitaciones:

  • Falta de una regulación específica para la actividad.
  • Personal operativo insuficiente.
  • Presupuesto limitado.
  • Criterios diferentes entre autoridades.
  • Crecimiento de la producción y venta clandestinas.
  • Autoridades municipales sin capacitación suficiente.
  • Falta de protocolos para destruir material decomisado.
  • Escasa denuncia ciudadana.
  • Controles insuficientes en la compraventa de materiales.
  • Ausencia de facultades sancionadoras para el instituto.

No es una interpretación externa. La institución encargada de prevenir los accidentes admite que carece de personal, presupuesto, atribuciones y un marco regulatorio suficiente.

Permiso no significa seguridad

La clandestinidad explica buena parte del problema, pero no todo. Algunas explosiones ocurrieron en instalaciones que, de acuerdo con los primeros reportes, contaban con autorización.

Un permiso acredita que se entregaron documentos y se cumplieron determinados requisitos. No garantiza que las condiciones permanezcan iguales, que no se excedan las cantidades permitidas ni que el material sea almacenado y transportado correctamente.

El riesgo aumenta cuando la supervisión se concentra en el trámite inicial y se diluye durante la fabricación, almacenamiento, traslado y quema.

La responsabilidad de la comunidad

La laxitud de las autoridades no exime a productores, comerciantes ni organizadores.

Almacenar cohetones en una vivienda, fabricar explosivos clandestinamente, transportarlos sin condiciones adecuadas o colocarlos junto a una iglesia llena de personas son decisiones previsibles y evitables.

La fabricación y almacenamiento de pirotecnia requieren medidas de seguridad durante todas las etapas de la actividad. / Foto: Archivo AD Noticias

La tradición explica la presencia cultural de la pirotecnia. No justifica exponer a terceros.

Los usos y costumbres pierden legitimidad cuando el costo lo pagan niños, vecinos, asistentes y trabajadores que desconocen el peligro al que fueron sometidos.

Después de la explosión

La secuencia suele repetirse: ambulancias, hospitales, condolencias, investigación ministerial y anuncios de revisión.

Lo que rara vez se conoce es:

  • Si el establecimiento tenía autorización.
  • Quién realizó la última inspección.
  • Cuánto material podía almacenar.
  • Cuánto había realmente.
  • Quién organizó la quema.
  • Si existía un perímetro de seguridad.
  • Si Protección Civil aprobó el programa.
  • Si la Sedena suspendió los permisos.
  • Si hubo imputados o sentencias.
  • Si las víctimas recibieron reparación del daño.

La pólvora causa la explosión. La dispersión de atribuciones, la supervisión insuficiente y la irresponsabilidad social preparan las condiciones para que ocurra.

Temascalcingo vuelve a colocar la misma pregunta frente a autoridades, productores, organizaciones religiosas y comunidades: ¿cuántas muertes hacen falta para que la pirotecnia deje de administrarse únicamente como tradición y comience a tratarse como una actividad que fabrica, almacena y detona explosivos?

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