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Frágil equilibrio económico en el mundo

jose-luis-arriaga

Frágil equilibrio económico en el mundo

Todos aquellos discursos en torno del tránsito hacia energías “limpias” sigue hasta ahora siendo básicamente retórica

Durante este año y quizá los próximos dos, la energía alcanzará precios “históricamente altos”, advierte el Banco Mundial. En un reciente informe, titulado “Perspectivas de los mercados de productos básicos”, publicado el pasado mes de abril, pronostica que los precios de la energía aumentarán más del 50% este 2022 en todo el mundo. En tanto que, en los productos agrícolas y metales, el alza podría ser superior a 20%, sostiene. “En conjunto, esto representa la mayor crisis de productos básicos que hemos experimentado desde la década de 1970″, se señala en el documento.

De acuerdo con los detalles del análisis que realiza el Banco Mundial, la guerra entre Rusia y Ucrania “ha causado un gran impacto en los mercados de productos básicos, alterando los patrones globales de comercio, producción y consumo”. Lo cual hace referencia al frágil, muy frágil, equilibrio en el que opera la economía a nivel planetario. Cualquier factor que la agita o perturba es capaz de generar consecuencias de amplio espectro.

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Sabemos ya que gran parte de la operación económica en el planeta depende de suministros provenientes de aquella parte del orbe en donde ahora hay un conflicto armado, por lo cual las consecuencias serán globales y podrían durar años. Según los pronósticos del Banco Mundial, la conmoción por la guerra en Ucrania hará subir el precio promedio del barril de petróleo Brent a 100 dólares el barril en 2022. 

Ello nos vuelve a mostrar que la especie humana sigue moviendo su vida básicamente con combustibles de origen fósil. Todos aquellos discursos en torno del tránsito hacia energías “limpias” sigue hasta ahora siendo básicamente retórica. En términos prácticos, el mundo sigue dependiendo del petróleo y sus derivados; y esta crisis que nos advierte el informe referido permite deducir que la transición a energías renovables, como la solar y la eólica, tardará muchos años más. 

Ahora, lo que este documento del Banco Mundial ratifica es un desequilibrio en la economía global, producto de una guerra (que vino justo después de los impactos por la pandemia de Covid-19). Lo que vale la penar advertir es que tal desajuste se extiende hacia escalas menores, en donde los efectos se magnifican e impactan en la vida de las personas. En la economía familiar el aumento de un peso en la gasolina, o 50 en la energía eléctrica, 50 centavos en el pan o 10 pesos en los limones suman a un desajuste que dificulta la manutención. Son conocidas ya las tendencias inflacionarias que se están presentando a nivel mundial y, ante la falta de crecimiento de muchas economías (que arrastran todavía los efectos de la pandemia), estamos ya en los terrenos de la estanflación.

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Ahora, frente a este escenario el Banco Mundial emite directrices en materia económica. Tras su informe no deja pasar la oportunidad de sugerir que no son  aconsejables los subsidios a los alimentos y a los combustibles. En el caso de México es conocido que el gobierno federal ha venido impulsando políticas que destinan dinero público para mantener bajos los precios de, por ejemplo, la gasolina, el gas, las tortillas y algunos otros productos básicos. Esto es algo que no recomienda el Banco Mundial. Fiel a la doctrina económica ortodoxa, sugiere que debe permitirse que el mercado se ajuste de manera natural, que el sistema de precios y la libre oferta y demanda equilibren la situación. El problema –advierte- es que ello va a llevar años.

Lo que sí recomienda es que los gobiernos impulsen programas específicos de redes de seguridad, como transferencias de efectivo a la población, programas de alimentación escolar y programas de obras públicas que generen empleo y reactiven la economía. Esto último siempre será preferible en lugar de subsidios para alimentos y combustibles, remata el informe.

En términos económicos, pero en general en la vida, el equilibrio es muy frágil. La historia está repleta de episodios en los que ese equilibrio se rompe y luego se estabilizan las cosas con otro orden. El orden que se había mantenido más o menos estable hasta antes de la pandemia no volverá. El que emerja de este nuevo desequilibrio va a tener otras características y se sostendrá en el tiempo hasta que venga un nuevo reacomodo de similares proporciones. Es el fluir de la historia.