Fuera del Clóset

Lanzar la piedra y esconder la mano Por Fuera del Clóset Para la mayor parte de la población en México, estos días son tiempo de guardar, de ser buenos samaritanos de no aventar la primera piedra, pero el amor al prójimo que tanto se profesa no puede ser práctica exclusiva de una semana; el respeto a quienes nos rodean, compartan o no nuestras opiniones, debe ser tarea diaria. No hacerlo es caer en el juego de la doble moral. Ser congruente entre lo que se dice y se hace no es tarea fácil, implica un cuestionamiento continuo de las prácticas
abril 13, 2017

Lanzar la piedra y esconder la mano

Por Fuera del Clóset

Para la mayor parte de la población en México, estos días son tiempo de guardar, de ser buenos samaritanos de no aventar la primera piedra, pero el amor al prójimo que tanto se profesa no puede ser práctica exclusiva de una semana; el respeto a quienes nos rodean, compartan o no nuestras opiniones, debe ser tarea diaria. No hacerlo es caer en el juego de la doble moral.

Ser congruente entre lo que se dice y se hace no es tarea fácil, implica un cuestionamiento continuo de las prácticas cotidianas, exige un ejercicio de autocrítica y modificación de las conductas discriminatorias. Estos no pueden ser días de golpes de pecho  si los demás son inquisitoriales contra quienes “atenten las leyes de Dios”. No se puede fingir en una semana que se está a punto de la canonización cuando el resto del año se lapida a gays, lesbianas, trans, bisexuales, madres solteras, divorciados o cualquier que se salga de los cánones establecidos por una religión.

Y si no, para muestra un botón. En los últimos días medios internacionales reportaron que el gobierno de Chechenia ha iniciado una brutal campaña de persecución contra  los gays en su territorio; en Tepic, el Ayuntamiento ha exigido a gays y trans realizarse pruebas de detección de VIH, bajo la excusa  de “proteger a la población de contagiarse”, mientras que en Carolina del Norte, Estados Unidos, se pretende introducir una ley para prohibir el matrimonio igualitario en la entidad, aunque en 2015 la Suprema Corte lo haya convertido en una realidad para todo el país.

Las tres noticias son condenables. Atentan contra los derechos humanos. Se basan en prejuicios y estigmas.  Producen odio y exclusión. Los hechos por sí mismos son deleznables, pero las muestras de apoyo contra esas acciones por parte de algunas personas o los comentarios en redes sociales que las vitorean resultan desafortunados, indolentes y repudiables.

“Por fin alguien que hace algo para frenar el libertinaje y la perversión del bloque LGBT. Dios dice que las relaciones entre hombres son pecado mortal”, escribió un usuario en Facebook respecto a la nota de Chechenia. “Necesitamos más autoridades que hagan lo correcto y defiendan a los niños de la perversión homosexual y de su VIH. Dios bendiga al ayuntamiento”, dijo otra persona, en un sitio informativo que refería los hechos en Tepic.

Nadie que se jacte de ser buen samaritano puede vanagloriarse con el sufrimiento ajeno. Ningún líder religioso puede hablar de misericordia si cada domingo pública un semanario en la que se “advierten” sobre los “peligros” de la homosexualidad, el lesbianismo o la transexualidad. La línea entre la libertad de expresión y de creencias es muy tenue cuando se raya en el fanatismo.

Cada quien es libre vivir bajo la divinidad que más le acomode, pero lo que no es válido, es darse aire de pureza inmaculada un fin de semana y pasarse el resto del año, lanzar piedras contra la población LGBTTTI y esconder la mano.  El amor nos hace libres, el fanatismo engreda odio hacia las diferencias.

Gracias por leernos en este espacio. Ahora esperamos sus comentarios en nuestra cuenta de Twitter @FDCRadio

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