Guillermina y María, la historia de dos mujeres con cáncer y sin seguro

Guillermina y María, la historia de dos mujeres con cáncer y sin seguro
Lo único que solicitan es que las autoridades estatales brinden nuevamente la atención a quienes pertenecían al seguro popular

Guillermina Padilla y María Guadalupe Salazar han dejado de recibir atención médica en el Centro Oncológico Estatal «José Luis Barrera Franco», en Toluca, tras la suspensión del Seguro Popular (SP). Ahora se encuentran entre el temor y la incertidumbre al no contar con un tratamiento para su enfermedad. 

El fin de su póliza deja ver que era la única forma de acceder a un tratamiento contra el cáncer de manera gratuita. Ahora el tiempo corre en su contra.

Sin seguro para tratar la enfermedad

El 1 de enero de 2020, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) sustituyó al Seguro Popular por decreto del presidente Andrés Manuel López Obrador, con la finalidad de garantizar la seguridad social. Sin embargo, el cáncer no entra dentro del catálogo de enfermedades.

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Por tal motivo, tanto Guillermina como María tendrán que buscar algún hospital o institución donde puedan ser atendidas, como el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), en la Ciudad de México. Pero las posibilidades económicas imposibilitan que puedan desplazarse constantemente al lugar.

Ante ello, deberán solicitar al Centro Oncológico su historia clínica, que servirá como base para presentarlo en las instancias de salud, para su atención. Requieren cuidados especializados, rondas de quimioterapias, radioterapias y medicamentos.

La historia de Guillermina Palma

Guillermina Palma, originaria de Zinacantepec, comenzó en 2019 con malestares en el estómago; al inicio le diagnosticaron colitis. Sin embargo, al pasar los meses, el malestar continuaba, por lo que decidió acudir nuevamente al médico. Por medio de estudios y biopsias le detectaron cáncer de ovario en etapa avanzada.

«En un ultrasonido se dieron cuenta que los dos ovarios ya se habían reventado y estaban segregando líquido. Posteriormente me realizaron una biopsia para, efectivamente, comprobar«, expresó.

Acudió al Centro Oncológico estatal ese mismo año, pues tenían un programa a través del seguro popular que brindaba atención médica a aquellas personas que carecían de seguridad social. Al principio, le realizaron una ronda de 6 quimioterapias, donde la respuesta fue favorable.

Para el 4 de mayo de 2020, le extirparon la matriz, ovarios y una parte del estómago. La intervención se dio a tiempo y logró salvar su vida. Pero tres meses después, el cáncer volvió, afectando parte del hígado y el vaso, además de crecerle un tumor de 5 centímetros detrás de la vejiga.

Para Guillermina, las atenciones que recibía en el Centro Oncológico eran adecuadas. Desafortunadamente, su póliza vence en octubre de 2022.

“Pues ya no tenemos el servicio y solamente nos dicen ‘tu póliza termina en octubre del 2022 y a partir de esa fecha ya no tendré servicio médico, seguimiento, quimioterapias, nada’. La opción es que busquemos nosotros, porque tampoco nos dan una referencia. En mi caso, está la opción del ir al INCAN”, explicó Palma

El temor principal es no contar con un seguimiento adecuado, que las células cancerígenas vuelvan a reproducirse en su cuerpo y, por consiguiente, pierda la vida.

“Yo creo que, desafortunadamente, es lo que ha pasado con muchas compañeras que no tienen el servicio, y yo considero que es un poco injusto que las autoridades no vean lo que está pasando. Sería ético que voltearan a ver el caso, para que las personas tengan el servicio y no dejen morir a las mujeres del Estado de México”.

María Guadalupe, sobreviviente de cáncer de mama

Para Guadalupe la situación es diferente; su póliza venció el pasado 17 de agosto. Le detectaron cáncer de mama a los 32 años en etapa avanzada.

Lupita vive en San José Contadero, en el municipio de Zinacantepec, con su esposo y tres hijos. La mayor –de 16– ha tenido que desertar de la escuela para realizar las labores del hogar; sobre todo cuidar a su mamá, que no puede realizar actividad física.

“Ahorita me dijeron que no puedo hacer lumbre –porque no tengo estufa–, ni lavar. No puedo hacer cosas pesadas, porque me dijeron que [el cáncer] está avanzado y los huesos los tengo débiles. Ahorita tengo a mi hija de 16 años, ella hace de comer, es la que lava y yo le ayudo a lavar los trastes”, explicó.

La ayuda que recibía por parte del Centro Oncológico estatal era de suma importancia. Su esposo, Ricardo Martínez, se dedica a la cosecha de papa, pero con sus ingresos no pueden solventar los gastos fuertes para los estudios, biopsias, quimioterapias y radioterapias.

Por lo que le ha sido difícil no contar con el seguro popular. La única forma de continuar con su tratamiento es asistir al INCAN, opción que no es muy alentadora por el costo económico que implica.

“Quisiéramos que lo regresen para ya no trasladarnos hasta la Ciudad de México; es muy difícil trasladarnos hasta allá, económicamente, en ir a las consultas que nos toca ir muy seguido”, señaló Ricardo Martínez.

Lo único que solicitan es que las autoridades estatales brinden nuevamente la atención a quienes pertenecían al seguro popular; con ello podrían continuar con los tratamientos.