■ La transición en Salud avanza
■ Macedo confirma su salida en 2027
■ Toluca pierde terreno en la Independencia
■ CUSAEM desmonta viejos grupos de poder
■ El caso Damián revive los fantasmas de la seguridad
Celina reordena Salud
Aunque algunos se aferren con veinte uñas a los escritorios que debieron entregar por lealtad institucional y simple sentido del ciclo político, la transición en la Secretaría de Salud es irreversible. Celina Castañeda de la Lanza llegó con su propio equipo, sus propios criterios y una encomienda clara: reorganizar una estructura que durante demasiado tiempo confundió permanencia con intocabilidad. La nueva secretaria ha sido paciente y discreta, quizá más de lo que varios merecían, pero la redefinición interna avanza. No desembarcó para cambiar cortinas, membretes o acomodos de ocasión. Llegó para mejorar lo mejorable y corregir lo que ya resultaba insostenible. Porque hasta en la burocracia existe una verdad elemental que algunos servidores públicos descubren demasiado tarde: los cargos no son patrimonio familiar ni derecho vitalicio.
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Macedo se va en 2027
Héctor Macedo cerró el falso debate: se irá en septiembre de 2027, cuando concluya el periodo para el que fue designado al frente del Poder Judicial mexiquense. Después vendrá Erika Icela Castillo Vega, presidenta electa del TSJEM para el periodo 2027-2029 y primera mujer que encabezará esa institución. No es especulación ni intriga de pasillo: está decidido. El relevo marcará el fin de una vieja inercia dentro de un poder históricamente controlado por códigos masculinos, jerarquías cerradas y apellidos de mármol. Por fin el techo de cristal será demolido.
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Toluca pierde el control del relato en la Independencia
La resistencia vecinal en la colonia Independencia contra el cambio de uso de suelo y la construcción de bodegones ya entró al terreno político. La priista Shantal Zepeda entendió rápido el tamaño del vacío y comenzó a capitalizar el descontento vecinal desde el activismo territorial. El problema para el ayuntamiento no parece estar únicamente en el fondo del proyecto, sino en la manera en que manejó la narrativa pública. La autoridad municipal empezó a perder terreno por soberbia, silencio y falta de sensibilidad política frente a una comunidad que exigía explicación, diálogo y contención. En política, cuando el gobierno deja espacios vacíos, alguien más ocupa el micrófono. Y casi nunca lo hace por altruismo.
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CUSAEM desmonta viejas estructuras de poder
Los cambios en los cuerpos auxiliares de seguridad pública dejaron de ser discursivos. En CUSAEM avanza, con cautela pero sin reversa, el desmontaje de estructuras y grupos de poder que durante años deformaron a la corporación hasta convertirla en negocio privado de unos cuantos. La transformación no ha sido rápida porque el problema tampoco era superficial: redes internas, mandos enquistados y viejas complicidades sobrevivieron demasiado tiempo bajo uniforme institucional. La depuración comenzó por las áreas de mando y ya produjo consecuencias reales. Algunos perfiles dañinos fueron removidos; otros terminaron frente a investigaciones y procesos penales. El dato relevante no es el relevo administrativo, sino que por primera vez en muchos años ciertas zonas de impunidad empiezan a perder protección.
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Damián y el viejo modelo de seguridad
El paso de Damián Canales por la seguridad mexiquense ayuda a entender una vieja enfermedad del sistema: traer mandos de fuera como si el problema fuera solamente de mando y no de estructura. Eruviel Ávila lo nombró en 2014, en plena crisis de violencia, respaldado por el grupo político de Miguel Ángel Osorio Chong, con credenciales federales y experiencia en Hidalgo. Una década después terminó inhabilitado por 15 años por su participación en el desvío de más de 65 millones de dólares ligados a un sistema de inteligencia de la Policía Federal. Pero reducir el deterioro de la seguridad mexiquense a un solo personaje sería cómodo y falso. Damián no fue el peor. Durante años, la seguridad pública del Estado de México quedó atrapada entre bribones, simuladores y grupos internos que transformaron corporaciones enteras en espacios de negocio, control político e impunidad. Quizá por eso la decisión de colocar a un mando militar como Cristóbal Castañeda empieza a explicarse sola: frente a estructuras corroídas durante décadas, el gobierno mexiquense apostó por disciplina, control y resultados.


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