«No dejen mis manos en el vacío»: el giro de Higinio Martínez, del desafío a Delfina a pedir que lo incluyan

El fundador del Grupo Texcoco, que durante meses cuestionó a la gobernadora Delfina Gómez y al secretario Horacio Duarte, apareció este domingo ante sus huestes con un tono radicalmente distinto: el de quien necesita ser rescatado del margen político antes de que llegue 2027.
abril 19, 2026

Había algo extraño en el tono del senador Higinio Martínez este domingo. El hombre que durante meses advirtió que Morena tendría «un problema muy severo en 2027» si no corregía el rumbo, que señaló sin nombrarlo a Horacio Duarte y a Delfina Gómez como responsables del desgaste del partido, que exigió encuestas limpias y amenazó con hacer visible el desgaste interno, llegó al Salón Rojo del Club Toluca con otro discurso. Uno más suave. Más suplicante, incluso.

«Me pongo a disposición del Ejecutivo estatal si así lo requiere… no dejen mis manos en el vacío», dijo ante los suyos. La frase, que pretendía sonar como un gesto generoso de unidad, reveló más de lo que ocultaba: el fundador del Grupo Texcoco, con más de cinco décadas en la política de izquierda mexiquense, pidió públicamente no ser dejado fuera.

«Me pongo a disposición del Ejecutivo estatal si así lo requiere… no dejen mis manos en el vacío.»
— Higinio Martínez, Congreso Estatal de Mexiquenses de Corazón, 19 de abril de 2026

El arquitecto que quedó fuera del edificio

Para entender la dimensión del momento hay que recordar quién es Higinio Martínez y lo que construyó. Médico cirujano de formación, político de vocación desde los años setenta, Martínez Miranda fue el arquitecto del poder de Morena en el Estado de México mucho antes de que ese nombre existiera. Fue él quien articuló el Grupo Texcoco —esa maquinaria territorial que hoy aglutina a decenas de alcaldes y legisladores— y quien acompañó a Delfina Gómez desde 2012, cuando ganaron juntos la presidencia municipal de Texcoco, hasta 2023, cuando ella llegó a la gubernatura con él como delegado especial de campaña.

El precio de ese apoyo fue alto: Martínez cedió su aspiración a gobernar el Estado de México. En agosto de 2022, tras perder la encuesta interna de Morena frente a Delfina Gómez, declaró sentirse «dolido» pero leal. «Soñaba y me veía como gobernador», admitió. Lo que nunca imaginó es que, apenas dos años después del triunfo que ayudó a construir, terminaría pidiendo no ser ignorado.

El distanciamiento fue gradual pero documentado. En los últimos meses de 2025 y en los primeros de 2026, el senador había disparado en múltiples direcciones: cuestionó la posible llegada de Adán Augusto López como delegado de Morena en Edomex, señaló que el desgaste del partido no se corregía «con más afiliados ni con más delegados», criticó a diputados locales por viajes y lujos incompatibles con el discurso de austeridad, y responsabilizó veladamente a la gobernadora y al secretario Duarte de los resultados de 2027. La dirigencia estatal de Morena quedó, para colmo, en manos de un perfil cercano al círculo de Delfina, no al Grupo Texcoco.

«Todos los señalamientos que se hacen día con día deben atenderse. Si no, vamos a tener un problema muy severo en 2027.»
— Higinio Martínez, febrero de 2026. Tres meses antes de este domingo.

El giro y sus razones

¿Por qué el cambio de tono? El contexto lo explica, al menos en parte. En marzo de 2026, Martínez fue ratificado como vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado, con respaldo unánime de la bancada. El nombramiento —que en el propio Senado se describió como estratégico para blindar la agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum— le devolvió interlocución directa con el gobierno federal y una plataforma visible a seis meses del inicio real del proceso electoral de 2027. Recuperado políticamente en la arena nacional, el senador parece haber calculado que el frente donde más necesita recomponerse es el estatal.

El mensaje de este domingo fue, en ese sentido, una operación de reposicionamiento. Al invocar los catorce años de historia compartida con Delfina Gómez —»desde 2012, cuando ganamos Texcoco, hasta 2023, cuando llegamos a la gubernatura»—, Martínez apeló a una deuda política que, desde su perspectiva, aún no ha sido saldada. «¿Por qué ahora no serían necesarias mis manos y mi ánimo?», preguntó ante su auditorio. La pregunta no era retórica. Era una reclamación.

El senador también utilizó el congreso para enviar advertencias hacia adentro. «Lo que hoy no se diga en el Congreso local, mañana los adversarios lo dirán», advirtió a los diputados locales de Morena. La frase, cargada de su estilo entre mentor y jefe político, dejó claro que si bien aplaca su discurso hacia la gobernadora, no renuncia a su rol de árbitro interno. También señaló que quienes ocupan cargos públicos deben trabajar más, y respaldó a los alcaldes presentes: «están trabajando bien». El elogio, selectivo y público, funcionó como moneda de cambio política.

El congreso revela más de lo que celebra

Pero el giro discursivo de Higinio tuvo un telón de fondo incómodo que ningún micrófono pudo ignorar. El Congreso Estatal de Mexiquenses de Corazón reunió este domingo a figuras que, lejos de proyectar renovación, acumulan pasivos públicos de distinta magnitud.

La senadora Mariela Gutiérrez —operadora histórica del grupo, quien en julio de 2025 describió el movimiento como «una identidad, una causa común»— no estuvo. Su ausencia fue elocuente: días antes había reconocido públicamente que durante su gestión como alcaldesa de Tecámac (2019-2024) fueron sacrificados más de 10 mil perros callejeros, a razón de entre cinco y seis animales diarios durante cinco años. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México abrió una carpeta de investigación de oficio por posible maltrato animal, con base en artículos del Código Penal que contemplan hasta seis años de prisión si se confirman responsabilidades de un servidor público. Higinio Martínez no ha dicho nada sobre el caso de su aliada más cercana.

Azucena Cisneros, alcaldesa de Ecatepec, sí asistió. Sobre ella pesa una investigación de la Fiscalía General de la República por sus presuntos vínculos con Alejandro Gilmare, alias «El Choko», líder del grupo criminal La Chokiza. Videos la muestran invitando a la ciudadanía a festejar el aniversario de la organización y llamando al delincuente «un gran ser humano». El hecho ocurrió mientras la FGR analiza si existió protección política al grupo, dedicado a extorsiones y préstamos ilegales.

Alejandra del Moral completó el cuadro. La ex candidata priista a la gubernatura, derrotada por Delfina Gómez en 2023, apareció en el evento de Morena en lo que fuentes cercanas al grupo describen como el inicio de un plan para reposicionarla como candidata a la alcaldía de Cuautitlán Izcalli en 2027, con miras a la gubernatura en 2029. Su presencia en un congreso morenista no es ironía menor: es la síntesis del pragmatismo que Higinio practica y que sus críticos señalan como su mayor contradicción.

El Fénix y sus límites

Una columna de Excélsior publicada hace dos semanas describía a Higinio Martínez como alguien que «resurge como el ave fénix» tras su nombramiento como vicecoordinador senatorial. El símil es tentador, pero incompleto. El fénix renace de sus propias cenizas. El senador mexiquense, en cambio, pide que otros no lo dejen consumirse.

«¿Estoy dispuesto a gritar también ‘viva la maestra Delfina Gómez Álvarez’? Sí, por el bien del Estado», había dicho en enero, en lo que los analistas leyeron como una señal de recomposición. Este domingo, el mensaje fue más explícito y, políticamente, más revelador: el hombre que construyó la estructura territorial que llevó a Morena al poder en el Estado de México necesita que ese poder lo reconozca antes de 2027.

Con una aliada bajo investigación penal, otra con vínculos cuestionados con el crimen organizado y una ex priista recién incorporada al elenco, el congreso de este domingo proyectó menos unidad de lo que prometió. Lo que sí quedó claro es la aritmética política de Higinio Martínez: catorce años de lealtad invertida, un pedido público de no ser marginado, y la certeza de que en el Estado de México, el camino a 2027 pasa —o no pasa— por sus manos.

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