Duarte, la lealtad como premisa

La comparecencia marcó una idea de jerarquía institucional: el gabinete tiene peso propio, pero responde a una conducción política encabezada por la gobernadora.
  • Duarte, la lealtad como premisa
  • El derecho y la formación de la injusticia
  • Alcaldes como duques, cabildos como cortes
  • Texcoco: el poder y la causa Vargas y la foto con Batman

Duarte, la lealtad como premisa

La lealtad empieza por reconocer quién manda. El Poder Ejecutivo se deposita en una sola persona y en el Estado de México esa persona es Delfina Gómez. Ella es la jefa: ningún integrante del gabinete está por encima de ella ni comparte su investidura. Ese fue el sentido político que Horacio Duarte dio a su comparecencia al abrir la ronda en el Congreso. Un secretario con trayectoria y peso propio puso su oficio al servicio de la autoridad de la gobernadora. Lo hizo con prudencia, sin estridencias y con buenas respuestas a buenas interpelaciones. Los secretarios trabajan para el gobierno que ella encabeza, le deben lealtad y responden por sus encargos; el mérito político de la conducción le corresponde a ella. Duarte dejó clara esa jerarquía. Conviene que el resto del gabinete la tenga presente: el cargo concede responsabilidades, no una gubernatura propia.


El derecho y la formación de la injusticia

Un buen abogado no puede medirse sólo por los pleitos que gana, sino por los medios que emplea y las causas que sirve. La sucesión en la Facultad de Derecho de la UAEMéx ofrece una ocasión para discutirlo: ese semillero necesita una reforma que alcance la idea misma del éxito profesional. Durante el régimen priista, la cercanía con el poder dio prestigio a una escuela que también debe examinar cuánto contribuyó a reproducir sus prácticas. Porque buena parte del problema de la justicia está en quienes conocen la ley y saben cómo torcerla: fabricar una acusación, prolongar un juicio, encubrir un despojo o volver incosteable la defensa de un derecho requiere conocimientos jurídicos. ¿Es buen abogado quien consigue cualquiera de esas cosas para su cliente? La destreza puede hacer eficaz a un litigante y profundamente dañino su ejercicio profesional. Como el elector en la democracia, el abogado es corresponsable del orden que sostiene con sus decisiones. Cambiar de director será insuficiente si la facultad sigue llamando éxito a ascender entre los poderosos y habilidad a encontrar cómo servirlos. Su reforma empieza por enseñar que hay victorias judiciales que son derrotas de la justicia.


Alcaldes como duques, cabildos como cortes

La reforma municipal más urgente es devolverles independencia a quienes deben deliberar y terminan obedeciendo. El cabildo pierde su sentido republicano cuando se limita a validar las decisiones del alcalde: la discusión llega resuelta, la votación cumple el trámite y la pluralidad queda reducida al reparto de asientos. Donde el voto se negocia por favores, cargos o beneficios, el sonido de las monedas sustituye a las razones. Allí empieza buena parte del mal gobierno municipal, porque una decisión arbitraria adquiere apariencia de legitimidad con las manos levantadas de quienes debían examinarla. El alcalde se vuelve duque y el cabildo, su corte; síndicos y regidores conservan el título, pero abdican de su responsabilidad. Cobran por representar a los ciudadanos y acaban representando los intereses de quien preside la mesa. Urge una reforma moral que devuelva valor a la independencia, al desacuerdo fundado y a la obligación de responder por cada voto. Cada integrante del cabildo es responsable de lo que autoriza. La mano que se levanta también gobierna.


Texcoco: el poder y la causa

La causa distingue al político de quien sólo busca conservar el cargo. En ese terreno, Paco Vázquez aventaja a Nazario Gutiérrez: importan las hechuras de cada uno, pero más importa a quién sirven y para qué quieren gobernar. Nazario busca otro trienio con el respaldo de Higinio Martínez; Paco reconoce la conducción de Delfina Gómez. La disputa alcanza así al orden político de Texcoco: cuánto debe pesar todavía el grupo que ha dominado el municipio y qué lugar corresponde a la autoridad de la gobernadora. Paco tiene a su favor el oficio de negociar y construir acuerdos; le toca traducirlo en una causa municipal. Nazario debe explicar qué justifica su permanencia, además de su voluntad de seguir y el apoyo de su jefe político. La izquierda se desfigura cuando empieza a administrar territorios como posesiones y candidaturas como derechos adquiridos. Para el siguiente trienio, ambos deben responder qué ganarían los texcocanos con ellos. Conservar el poder de un grupo puede ser una ambición perfectamente comprensible. Una causa de izquierda exige bastante más.


Vargas y la foto con Batman

La pobreza intelectual en política se hace visible cuando la foto ocupa el lugar de las ideas. El senador panista Enrique Vargas se retrató con Omar García Harfuch durante su comparecencia en el Senado y dejó una estampa para el álbum: el senador de los caballos, los departamentos y los ranchos junto a Batman. Sólo faltó la batiseñal sobre Huixquilucan. El encuentro tenía materia para discutir seguridad, responsabilidades y resultados; el retrato ofrece algo mucho más sencillo: apropiarse de un poco del prestigio ajeno con sólo acercarse al personaje. Harfuch pone la celebridad; Vargas consigue la proximidad. Un legislador puede fotografiarse con un secretario. Lo revelador es cuánto significado político pretende obtener de ese gesto y cuán poco pensamiento hace falta para producirlo. Para un senador de oposición, la pregunta interesante sería qué le cuestionó. La foto acredita que estuvo cerca. El oficio parlamentario exige demostrar para qué.

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