La banda se rifó tras el sismo

En mi colaboración de la semana pasada esbozaba el papel central que jugaron las redes sociales durante las horas aciagas posteriores al sismo del 19 de septiembre. Lo contrastábamos con el silencio que algunas otras plataformas de información tuvieron y que terminaron por no prestar ningún servicio. Hoy, tras más de una semana del evento, vale la pena tocar el tema de las lecciones que pudo haber dejado todo este proceso que, por cierto, en más de un sentido, no ha terminado; al contrario, va para largo.   El estupor, la sorpresa y el pánico, sensaciones todas ellas muy humanas,
septiembre 28, 2017

En mi colaboración de la semana pasada esbozaba el papel central que jugaron las redes sociales durante las horas aciagas posteriores al sismo del 19 de septiembre. Lo contrastábamos con el silencio que algunas otras plataformas de información tuvieron y que terminaron por no prestar ningún servicio. Hoy, tras más de una semana del evento, vale la pena tocar el tema de las lecciones que pudo haber dejado todo este proceso que, por cierto, en más de un sentido, no ha terminado; al contrario, va para largo.

 

El estupor, la sorpresa y el pánico, sensaciones todas ellas muy humanas, duraron realmente poco. Y es que hoy en día son así de efímeras las cosas. El imperio de la inmediatez domina desde hace ya un buen tiempo en nuestra sociedad. Tras esas primeras sensaciones de angustia se vino una verdadera avalancha de acciones, protagonizadas básicamente por los jóvenes, haciendo emerger "de la nada" una inmensa organización que llenó las pantallas e historias de los días posteriores al sismo.

 

En la Universidad Autónoma del Estado de México, especialmente en varias de sus facultades, la acción voluntaria brotó inesperadamente, volcándose al acopio de víveres, su traslado y entrega, junto con la organización de pequeñas cuadrillas de trabajo que se movilizaron a los municipios lastimados del sur mexiquense. Varios más se movieron hasta las entidades vecinas de Morelos y la Ciudad de México.

 

Sencillamente fue impresionante ver cómo, a través de sus redes sociales digitales, un puñado de jóvenes (alentados en alguna medida por profesores) lograron convocar a cientos y cientos de personas para donar alimentos, ropa, artículos de limpieza, herramientas, juguetes, medicamentos y un sin fin de productos. Fue mucha gente, fueron muchas toneladas y vehículos, tantos que llegaron a asustar a algunas autoridades e instituciones. Sobre todo porque era algo incontrolable, espontáneo, no planeado, no ordenado ni regulado: justo lo contrario del espíritu burocrático.

 

Esto duró apenas un par de días. ¿Podía o debía haberse sostenido? No es algo fácil: las energías se agotan, los relevos no llegan y lo espontáneo tiene el sino de la no obligación. En lo personal, de manera muy grata me sorprendió la capacidad de liderazgo de algunos estudiantes que han pasado por mis cursos; a los cuales se les vio ágiles de respuesta, apasionados, desinteresados y hábiles para procesar no sólo los víveres sino la información. Sin duda hubo instancias gubernamentales que apenas y vieron el polvo de esta fresca marabunta. Ellos lo definían con una frase simple: "la banda se rifó".

 

Me resulta inevitable identificar un carácter juvenil en la dinámica de las redes sociales. ¿Por qué? Debido a su mutabilidad, la caducidad de sus temas y la vorágine con la que se mueven. Hace miles de años Platón describía a los jóvenes de la siguiente manera: "son variables y se hartan con facilidad, son fuertemente concupiscentes; sus deseos son agudos pero no prolongados, pues se les pasa la pasión deprisa, como la sed y el hambre de los enfermos".

 

Los temas que se convirtieron en trending topic durante al menos cuatro días en las redes sociales no tienen ya nada que ver con los de hoy; porque tanto las redes sociales, como los jóvenes, "son variables y se hartan con facilidad". La fascinación de ver las calles tomadas por los jóvenes organizados no podía durar mucho. Para algunos fue la autoridad la que los desmovilizó, en sus esfuerzos por concentrar para controlar. Yo pienso que también la dinámica de las redes, sumada al carácter de los jóvenes, fue lo que apagó la magia.

 

Platón también decía de los jóvenes que son apasionados, de cólera  pronta, y se dejan llevar con facilidad por los impulsos. Y, si no me creen, habrá que preguntarle al presidente y al gobernador que fueron encarados por jóvenes brigadistas en Joquicingo cuando fueron a visitar la zona debastada por el sismo.

 

En suma, una lección que nos deja este proceso es que la movilización espontánea de los jóvenes para volcarse a la ayuda tuvo la virtud que posee lo bueno. Ahora tendrá que apostarse por el buen cálculo de lo conveniente, porque el proceso de reconstrucción va a necesitar más que pasión, inmediatez y exageración.

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