La política militar de Japón pretende cambiar la tradicional posición pacifista del país y acercarlo a las posturas de Estados Unidos en la región asiática.
El gobierno del primer ministro Shinzo Abe, quien asumió la jefatura del Gobierno en 2006, incluye el reinicio de la venta de armas al extranjero y el desarrollo de un ejército de proyección internacional, según el diario The Japan Times.
Abe dio su primer paso hacia esos objetivos en abril de 2014, cuando la bancada oficialista aprobó en el Parlamento la exportación de armas por primera vez en 40 años.
En julio pasado, el premier propuso «reinterpretar» el noveno artículo de la Carta Magna, conocida como Constitución de la Paz, en el cual el Estado renuncia a la guerra y prohíbe su participación en conflictos bélicos internacionales.
Un comité de expertos estadounidenses redactó la ley de leyes en completo secreto antes de ser aprobada en 1947 que se mantuvo bajo un velo de silencio hasta que documentos desclasificados revelaron la verdad en 1970.
La potencia ocupante pretendía con la inclusión de ese noveno artículo eliminar cualquier posibilidad de que resurgiera el militarismo japonés.
En 1967, bajo presión de Estados Unidos, Japón se comprometió a no vender armas a los aliados de la Unión Soviética, así como los implicados en conflictos internacionales bajo condena de la ONU.
A raíz de esto, Tokio suspendió la cooperación en el ámbito del diseño y la fabricación de armamentos y renunció a la participación en proyectos multinacionales, pese a lo cual mantuvo una poderosa industria militar, liderada por gigantes como Mitsubishi y Kawasaki, capaces de producir tanques, cazabombarderos, buques de guerra y cohetes espaciales.
La «reinterpretación» del noveno artículo, es el mayor cambio en política militar en Japón desde 1954, año en el cual Estados Unidos concedió el permiso para construir un ejército con fines defensivos, destaca el importante think tank estadounidense Council on Foreign Relations (CFR).
A partir de las modificaciones preconizadas por el gobierno de Abe, las Fuerzas de Autodefensa de Japón podrán enviar contingentes a cualquier región del planeta y colaborar con los aliados en el desarrollo de tecnologías bélicas.
La decadencia del poderío estadounidense está detrás de ese cambio de política, indicó Yosuke Isozaki, asesor de seguridad de Shinzo Abe.
«Estados Unidos ya no puede permitirse el lujo de jugar el papel del policía universal. La época en la que Japón no podía hacer nada y debía contar con Estados Unidos para su protección, acabó», agregó Isozaki.
Una postura menos dependiente -destaca el CFR- permitirá a Tokio asumir la protección de sus rutas marítimas, a través de las cuales importa más de 70 por ciento de sus materias primas y todo su petróleo.
Sin embargo, para operaciones de combate extrafrontera se requiere aprobar una decena de leyes, aseguró el vicepresidente del gobernante Partido Liberal Democrático, Masahiko Komura.
Ese cambio en la política militar nipona se basa en la estrecha colaboración con la Casa Blanca, ya que tanto Tokio como Washington comparten intereses similares en la región.
Japón mantiene disputas territoriales con China y Rusia, países a los cuales Estados Unidos ve como enemigos.
Con el objetivo de no quedar rezagado en la carrera armamentista, Tokio elevó su gasto militar hasta 48 mil 700 millones de dólares para 2015, el quinto mayor del planeta, apunta el portal Japan Today.
Para atenuar el aumento en el presupuesto de defensa, el país pretende impulsar la venta de armas, razón por la cual Abe derogó las prohibiciones vigentes desde 1967.
Los convenios incluyen la exportación de aviones de vigilancia a India y posiblemente a Gran Bretaña, submarinos a Tailandia y equipos de seguridad y rastreo a Indonesia, según explica The Japan Times.
Además, Australia pretende colaborar con la industria naval japonesa en la construcción de una flota de submarinos.
Esa sería la mayor exportación de armas de Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, y el negocio militar más caro en la historia de Australia, informaron los sitios web de las marinas de ambos países.
China y Rusia, dos de los principales mercados de armamento en la región, han protestado reiteradamente por la postura de Japón y acusan al gobierno de Tokio de revivir el ancestral militarismo de los Samurais.


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