■ La defensa equivocada
■ El peso del expediente
■ La noticia es que no hay noticia
■ La sucesión antes del entierro
■ Los fantasmas de Naucalpan
La defensa equivocada
Nancy Nápoles parece haber elegido una estrategia extraña: responder en los medios a una acusación que deberá responder ante la ley. Cada entrevista refuerza la misma impresión: está librando una batalla política cuando el problema es jurídico. La Fiscalía no investiga opiniones, investiga hechos. No procesa discursos, procesa evidencias. Por eso llama la atención que la alcaldesa dedique más tiempo a denunciar conspiraciones que a desmontar las imputaciones que pesan sobre ella. Confunde, o pretende confundir, una investigación penal con una disputa política. Pero los expedientes tienen una virtud incómoda: suelen ser menos sensibles a las narrativas que a las pruebas.
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El peso del expediente
Hay una razón por la que este asunto dejó de ser un escándalo político para convertirse en un problema judicial: José Luis Cervantes no acostumbra construir casos sobre rumores. Magistrado antes que fiscal, abogado antes que político, ha demostrado una eficacia poco común en una entidad donde durante años muchos expedientes nacían para morir. Por lo que se conoce, la investigación contra Nancy Nápoles no descansa en especulaciones, sino en un conjunto de evidencias que incluirían peritajes, pruebas científicas y el testimonio de uno de los propios participantes en el presunto montaje, quien habría relatado cómo se construyó la historia del autosecuestro. Nadie puede anticipar una sentencia, pero resulta difícil imaginar que una imputación de este calibre se hubiera presentado sin elementos sólidos. La verdadera incógnita no parece estar en el expediente, sino en la capacidad institucional para resistir las presiones que inevitablemente acompañan a los casos de poder.
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La noticia es que no hay noticia
La seguridad rara vez genera titulares cuando funciona. Quizá por eso ha pasado casi desapercibido el trabajo que viene realizando Rodrigo Martínez-Celis como responsable de seguridad del Mundial FIFA 2026 en México. Hasta ahora, el torneo avanza sin incidentes mayores en una materia donde un solo error puede convertirse en noticia mundial. Algo debió haber hecho bien el exsecretario de Seguridad mexiquense para llegar a esa responsabilidad y, sobre todo, para responder a ella. En la política mexicana solemos contabilizar los fracasos y regatear los aciertos. Conviene hacer una excepción. La mejor noticia en materia de seguridad suele ser precisamente esa: que no haya noticia.
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La sucesión antes del entierro
La política tiene costumbres difíciles de explicar a la gente decente. Apenas alguien se debilita y comienzan los movimientos sucesorios. En Metepec todavía no termina de asentarse la polvareda alrededor de Fernando Flores y ya apareció la conversación sobre quién podría heredar el proyecto. La semana pasada se organizó una reunión, tan concurrida que resultó imposible llamarla discreta, para impulsar al jefe de la policía como posible relevo del grupo político gobernante. El fenómeno no es nuevo. En política las sucesiones suelen comenzar mucho antes que los funerales. Todavía no se sabe si el paciente saldrá del hospital y algunos visitantes ya preguntan dónde quedó el testamento.
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Los fantasmas de Naucalpan
Algo raro está ocurriendo en Naucalpan. Mientras medio país mira el Mundial y las autoridades intentan proyectar normalidad, la violencia insiste en hacerse presente con una puntualidad inquietante. Muertos un día sí y otro también en uno de los municipios más ricos, poblados y estratégicos del Estado de México. Cuesta creer que sea una simple casualidad. A veces la violencia no sólo busca causar daño; también busca enviar mensajes. Recordarle a alguien que sigue ahí, que conserva fuerza, que no piensa retirarse discretamente de la escena. La disputa por el poder suele producir comportamientos poco edificantes y escasos escrúpulos. Una pena para el alcalde Isaac Montoya, que parece poner entusiasmo y voluntad en la tarea. El problema es que hay adversarios que no compiten por el gobierno, sino por el control.



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