El 16 de junio del año pasado publicamos en este mismo espacio una columna titulada "La educación es lo de menos". En ella lamentaba yo que una instancia tan importante para los destinos del Estado de México, como es la Secretaría de Educación Pública (nada menos que la responsable de formar a las nuevas generaciones para que conduzcan a la sociedad a mejores derroteros), se deje en manos de quien no tiene interés y mucho menos formación y vocación en materia educativa.
Hace seis meses hacía ese señalamiento con motivo de la renuncia de la senadora Ana Lilia Herrera Anzaldo, quien estuvo al frente de dicha Secretaría menos de un año. Y expresé mi convicción de que el paso de la señora Herrera por la Secretaría de Educación no sería recordado por ningún logro significativo, una propuesta innovadora o una iniciativa trascendente en materia educativa. Por este motivo me parecía muy lamentable que la educación fuera lo que menos importa cuando se trata de nombrar a un nuevo titular.
Bueno, pues, apenas han pasado unos meses de eso y hoy hay nuevo motivo para reiterar mi pesar por el hecho de que llegue a la Secretaría (otra vez), alguien que carece de la experiencia suficiente en el campo, que no sabe lo que es estar al frente de un aula toda una vida, que nunca ha dirigido una escuela o se ha encargado de una supervisión escolar. Alguien que no sabe lo que es tener en sus manos el destino de un grupo de estudiantes, de tener que imaginar la mejor manera de que logren aprender, de buscar modelos pedagógicos para generar mejores resultados, de propiciar comunidades de aprendizaje.
Resulta que el gobernador de la entidad, a tan sólo cuatro meses de haber arribado al encargo, ya ha nombrado a un segundo secretario de Educación para el Estado de México. Se trata de Alejandro Fernández Campillo, quien después de ser responsable de revisar infraestructura (era hasta ayer secretario de Obra Púbica), de encargarse del buen estado de las carreteras (se desempeñó como director de Conservación de Carreteras en la SCT), ahora revisará que funcione el sistema educativo estatal.
¿Su formación? Es licenciado en Administración por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cursó el diplomado en Comercio Exterior por la misma institución, otro diplomado en Proyectos, Construcción y Conservación de Carreteras por el Instituto Mexicano del Transporte y uno más en Seguridad Vial de Carreteras por el mismo Instituto del Transporte.
¿Es el perfil necesario para la Secretaría que tiene como misión atender "las políticas y estrategias establecidas por el Ejecutivo estatal en materia de educación, cultura y deporte, a fin de garantizar la formación integral de los habitantes, con base en los principios fundamentales de humanismo, transparencia, honradez y eficiencia"?
Como sea, no nos queda sino hacer votos porque en este nuevo encargo no tenga que salir acusado de corrupción y de carecer de cédula profesional (como pasó cuando fue director de Desarrollo Urbano en el municipio de Huixquilucan), o por causar daños a algún patrimonio cultural (como cuando fue removido tras el escandaloso daño a la zona arqueológica de Teotihuacán, siendo él comisionado para el desarrollo turístico en esa región), o porque algunos empresarios lo acusen de favorecer a ciertas empresas en licitaciones carreteras (como ocurrió en Oaxaca, a su paso por la SCT).
Hagamos votos porque con esta nueva titularidad en la Secretaría de Educación mexiquense logremos disminuir los cientos de miles de analfabetas que habitan en la entidad; que se eleve el nivel educativo en nuestro estado, en donde más de la mitad de su población mayor a 15 años sólo cuentan con primaria y secundaria terminados. Que haya manera de elevar ese 17 % de estudiantes que logran acceder a la educación superior. En fin ojalá que haya forma de que la Educación se coloque, con seriedad, en las políticas públicas prioritarias para el desarrollo de las personas y de la sociedad. Al tiempo.


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