Como lo ha denunciado Alfa en un cúmulo de casos en la entidad y publicaciones como el semanario Proceso o el periódico Reforma a nivel nacional, los políticos en la actualidad han trastocado completamente el sentido del servicio público.
Lo han convertido en un medio para acumular privilegios, riqueza, lujos, propiedades y exhibir fatuidad, excesos, frivolidades, tanto de ellos mismos como de sus familias y amigos.
Lejos muy lejos la idea aquella de cumplir con los deberes del encargo y procurar cumplir con las expectativas y la superación de la población y esperar solamente la justa retribución para una vida digna cuya mejor recompensa fuese el reconocimiento de aquellos a quienes se procuró servir.
Ahora los políticos de todos los colores se ufanan de su vestimenta, de sus vehículos, de sus guardaespaldas, de sus casas, de sus joyas, de sus novias y novios, de sus viajes en primera clase.
Y por eso ahora la carrera política se ha vuelto un fin, un objetivo, para personajes harto inescrupulosos quienes la han convertido en una actividad que en mucho se parece a la que practican los miembros de organizaciones criminales.
Los requisitos ahora no son la preparación, la capacidad o la imaginación al servicio del pueblo, sino una lealtad a toda prueba, rayana en la abyección, hacia quienes detentan el poder de decidir.
Requisito que ha generado que personajes con un modesto bagaje ético, intelectual y cultural hayan emprendido exitosas carreras en la política y alcanzado niveles de decisión que causan espanto.
Ejemplos de lo antes señalado se pueden encontrar en el entorno cercano como el gobierno municipal o en el nivel meso en el gobierno estatal o en el nivel macro casi donde se quiera.
Esa es a mi juicio una de las principales causas del deterioro social en el que nos encontramos, el haber hecho del ejercicio de la política un ejercicio inescrupuloso e impune para enriquecerse.
Además, esa clase política también ha desarrollado esquemas para engatusar a la población y hacerle creer que está trabajando en su favor.
Un ejemplo de ese engaño sistemático y mañoso son los comerciales de esa cosa llamada partido verde.
Otro es la estrategia de retrasar la puesta en marcha de obra pública para inaugurarla en tiempos electorales.
Y ahora se está innovando aquí en Toluca donde la exalcaldesa, quien en evaluaciones hechas en las redes es objeto de juicios muy severos, aparece en promocionales con un look que la hace casi irreconocible. ¿Estará apostando a pasar por otra?
Habrá que ver si la población se come engaños como los anteriores y otros muchos o si en las próximas elecciones muestra su repudio a un perverso sistema que sólo abusa de ella.



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