La Taberna del León Rojo

Cuando más seguros estábamos de que en la Vía Utopía habría una renovación de los recaudadores, todo cambió. La decisión, dijo Marcelino, fue del hombre que vive su soledad en Los Pinos. “Es la suya una juventud que se va hundiendo, como una flor en un pantano y su voz, cuando da alguna orden, tiene temblores de lejanía hipócrita y suena a falsedad” Y agrega: “Vive una soledad atezada por el miedo, merienda en solitario, en tertulia con sus muertos, y lleva en la mirada la historia de cada hombre que va a matar o a encarcelar; brota, de cuando
marzo 5, 2017

Cuando más seguros estábamos de que en la Vía Utopía habría una renovación de los recaudadores, todo cambió.

La decisión, dijo Marcelino, fue del hombre que vive su soledad en Los Pinos. “Es la suya una juventud que se va hundiendo, como una flor en un pantano y su voz, cuando da alguna orden, tiene temblores de lejanía hipócrita y suena a falsedad”

Y agrega: “Vive una soledad atezada por el miedo, merienda en solitario, en tertulia con sus muertos, y lleva en la mirada la historia de cada hombre que va a matar o a encarcelar; brota, de cuando en cuando, una lánguida mirada, la de un ángel caído”.

“Pero – interrumpo a Marcelino – dime qué vendrá ante la asonada que se prepara”

Me mira por el rabillo del ojo; bebe con parsimonia su ajenjo y tras eructar dice: “Garrote, eso es lo que habrá. Castigo “ejemplar” para los que se amotinen y, en ese entendido, condenar más al enemigo, castigarlo por el gusto de castigarlo. Eso sí lo sabe él de su adolescencia lejana, donde jugaba naipes al atardecer, mientras la casona olía a merienda y a pistola. Y tras ello, acudía a su habitación, donde conversaba consigo mismo de sus largas soledades”

Pensé. Su letra ha cambiado. Ahora es tendida, notarial y segura. Con sus níveas manos blancas y pequeñas, expone sin que brinquen las venas, lo que debe hacerse, sabedor de que la domesticidad de sus lacayos es más que evidente.

“Falta, Germán, que si la apuesta no le da, empiece el examen de la vida de uno y de otro, para determinar la muerte de unos y de otros y mira que en ello piensa que no hay crueldad, sino eficacia, que no existe injusticia, sino orden. Sabe que su principal enemigo es el hombre del sur, al que sigue estudiando para ver si, al final, lo mete en los principales aspirantes a la pira”

Pienso, el hombre del sur será todo y por ello quieren destrozarlo. No hay congruencia. El hombre íntegro, anarquista y utópico para varios de sus detractores, es en sí un hombre honesto y valiente. ¿Cárcel para quien piensa cómo mejorar la vida de la Vía? Es un exceso, algo que solamente en la mente del gran solitario se incuba.

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