Regreso a las páginas de Alfa Diario por las puertas del afecto. Mi ausencia sólo fue un paréntesis, la amistad y la generosidad de Mario García Huicochea, me convocan de manera afectuosa a regresar y participar con un modesto espacio para formar y deformar opinión.
En la opinión, no hay verdades absolutas, sólo ideas personales y subjetivas. Se dice que en la Teoría del caos, conocida coloquialmente también como el efecto mariposa, por su curiosa y sencilla metáfora, los procesos aleatorios no son caóticos sino ordenados y que existen asociaciones causales que son directamente proporcionales, es decir, pequeñas causas producen efectos pequeños; causas grandes producen efectos de la misma magnitud, y en sí el supuesto esencial, hace referencia que los eventos que ocurren en el mundo natural y social están de alguna manera interconectados entre sí, como dicen: el aleteo de una mariposa en el Atlántico, puede ser parte de un huracán futuro en el Pacífico.
Bajo este supuesto inicio este espacio de opinión. En una sociedad mayormente informada, donde los procesos comunicativos masivos han sido rebasados por los procesos alternos y personales, no puede ser ajeno que existen un sinfín de relaciones entre lo que sucede día a día en nuestra comunidad, en nuestro municipio, nuestra entidad, nuestro país.
Como elemento de un todo nuestra realidad inmediata se ve influenciada e influencia a la realidad más general. Las decisiones de uno, se convierten en las consecuencias de otros y viceversa. Ese es el principio que anima a esta columna a dialogar una realidad compleja y variopinta, que entreteje relaciones diversas e insospechadas.
EL DÍA D
Quizá nunca se ha ido pero seguimos viviendo un presidencialismo en crisis, omnímodo; al menos hasta que este sexenio culmine.
Siempre me he preguntado qué ocurre en el corrillo político, cuando deciden nuestro futuro cada seis años, a nivel local o nacional. Qué pasa por la mente de quien decide y qué pasa por la mente de quien es el beneficiario de la decisión. Me refiero al gran elector y a su ungido.
Los mecanismos de unción del candidato si bien se han modernizado, siguen teniendo ese husmo de destape y misterio que pone a temblar a algunos y frotarse las manos a otros. ¿Es útil a estas alturas hacer de la práctica de elegir sucesor, un rito?
¿Pero cómo comunica el gran elector su decisión? ¿Cómo decide el futuro de uno y simultáneamente el futuro de miles? ¿Pensará acaso que el interfecto se puede rebelar? ¿Y si se rebela?
¿Qué pasará por la mente de un suspirante las semanas, los días, las horas previas a su unción? ¿Cuáles sus miedos y ansiedades? ¿Simplemente lo invitan a una comida en la soledad de una casa pública, lo placean y después de un discurso paternalista, se le dice en privado: tú eres el elegido?
¿Esa invitación es personalísima y privada? ¿O de preferencia se hace pública para presentar un mensaje implícito y claro?
No quisiera en este momento apellidarme Del Mazo, Monroy, Iriarte, Herrera. El descontento, la frustración, el resentimiento social, parece preparar un escenario adverso. ¿Será alguno de ellos el eslabón débil que entregué a una oposición sosa el mando en la entidad?
¿Debe ser primero el programa y luego el candidato? ¿Está preparada la entidad para ser gobernada por una mujer? ¿Los aspirantes independientes – outsiders en el lenguaje político vigente – serán un contrapeso o contribuirán a pulverizar más el voto y a polarizar las posiciones ciudadanas?
Las variables empiezan a alinearse, el azar aportará su cuota en el futuro mexiquense, pero tampoco será un resultado determinista. Aún faltan otros elementos de añadirse al coctel.
Ojalá estas historias subterráneas quedarán en la oscuridad de los sótanos donde se entretejen. Eso nos sería muy favorable; pero no, esas decisiones nos atañen a usted y a mí; afectarán nuestro diario andar, nuestras decisiones económicas, sociales y la forma en cómo la clase política decidirá los rumbos del dinero y el desarrollo de nuestra entidad.
Una decisión casi unipersonal, afectará las vidas de millones de habitantes; el inevitable efecto mariposa. Pero como todo, nuestra decisión electoral incidirá en la vida final de ese uno, o esos ungidos. En nuestras manos está.
Nos leeremos pronto en otra historia de caos. Quizá para entonces tengamos noticia del ungido.
Cualquier comentario y diálogo con esta columna, favor de dirigir correspondencia a: [email protected]



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