Deberá nacer la política como vocación

  – 23 de enero 2017 – La elección de gobernador en el Estado de México de este año deberá imprimirle un nuevo sello a la política estatal y nacional, el motivo es que a diferencia de elecciones anteriores, la cultura política participante se está consolidando a base de golpeteos económicos y sociales. No es que en las elecciones de 2006 o 2012 los mexicanos carecieran de conciencia, más bien esta vez es homogénea, nadie (en sus cinco sentidos) se quiere dar la oportunidad de errar, el cambio es ahora o nunca. ¿Qué hacer entonces para cambiar la vida pública?
enero 16, 2017

 

– 23 de enero 2017 –

La elección de gobernador en el Estado de México de este año deberá imprimirle un nuevo sello a la política estatal y nacional, el motivo es que a diferencia de elecciones anteriores, la cultura política participante se está consolidando a base de golpeteos económicos y sociales. No es que en las elecciones de 2006 o 2012 los mexicanos carecieran de conciencia, más bien esta vez es homogénea, nadie (en sus cinco sentidos) se quiere dar la oportunidad de errar, el cambio es ahora o nunca.

¿Qué hacer entonces para cambiar la vida pública? Hace casi un siglo, Max Weber en su conferencia “El político y el científico”, escribía la clave para lograr este cambio sustancial en la política, tiene que ver con el terreno de la ética, aprender a identificar cuando existe la política como vocación y cuando se carece de vocación.

En la visión de Weber, un personaje que aspira a un cargo público debe tener tres cualidades indispensables para estar a la altura del cargo que se le va a conferir, en nuestro caso, la gubernatura del Estado de México. Estas son: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura.

Pasión en el sentido positivo, implica que un candidato se entregue en los hechos a defender las causas, no la pasión mal entendida en forma de discursos vacíos desprovistos de responsabilidad objetiva, o lo que llama “excitación estéril”. Cansados están los mexiquenses de pasiones estériles, de gobiernos construidos a través de cámaras de televisión o inversión de miles de millones de pesos en publicidad, cuando la mayoría de sectores poblacionales están en el abandono y el estado en el caos. ¿Cuántos de los priistas, panistas o perredistas que andan candidateándose a gobernador mexiquense se han ocupado en los hechos de los temas de seguridad, violencia, derechos humanos o la pobreza? Ni en el discurso los han abordado.

La segunda condición es la responsabilidad, la capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente las acciones en beneficio del pueblo. ¿Cuántos de los que sueñan con la gubernatura del Estado de México, priistas, perredistas o panistas han desempeñado sus cargos públicos con responsabilidad? Ni Ana Lilia Herrera del PRI, ni Carlos Iriarte del PRI, ni Alfredo del Mazo del PRI, ni Ulises Ramírez del PAN, ni algún despistado del PRD. Todos ellos como legisladores usan el poder público en beneficio personal, negociaron con el patrimonio nacional y el bienestar de los mexicanos, votaron a favor de la reforma energética y los gasolinazos. Y en campaña buscarán limpiarse de sus culpas y negarlo todo. La responsabilidad no existe en ninguno de esos partidos.

La tercera condición recae en la mesura, es la capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad. Ni en el PRI, PAN, o PRD se encuentra la mesura. Para muestra en estos días de definiciones están volcados en buscar alianzas políticas sin el menor respeto a su ideología ni principios, en la búsqueda del poder por el poder. Tomando a la política como una empresa de negocios.

Weber concluye diciendo que la mesura es la condición más importante, porque sin mesura no puede existir pasión positiva, ni sentido de responsabilidad. Y cuando no existen estas cualidades no existen políticos con vocación de servicio.

El próximo 23 de enero inician las precampañas de los partidos para la gubernatura del Estado de México, desde ese día uno, incluso me atrevo a decir que antes, podemos discernir que los cambios estructurales sólo tienen cabida con una candidata o candidato de Morena, ahí justamente donde tiene cabida la política como vocación de servicio.

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