Las advertencias del 2017

Ahora que fenece este 2017 es momento propicio para reflexionar sobre las advertencias que nos ha dejado. Sin duda, el año que está por concluir será recordado históricamente por los sismos acontecidos en el mes de septiembre. Ambos fenómenos no sólo vinieron a recordarnos la geografía sobre la que vivimos y que presenta actividad telúrica permanentemente; también nos advierten de que en materia de edificación (de viviendas, de infraestructura pública o privada) no debe cederse un ápice a la corrupción, porque flexibilizar los estándares de seguridad termina costando vidas. Igualmente, los sismos del 7 y del 19 de septiembre nos
diciembre 21, 2017

Ahora que fenece este 2017 es momento propicio para reflexionar sobre las advertencias que nos ha dejado. Sin duda, el año que está por concluir será recordado históricamente por los sismos acontecidos en el mes de septiembre. Ambos fenómenos no sólo vinieron a recordarnos la geografía sobre la que vivimos y que presenta actividad telúrica permanentemente; también nos advierten de que en materia de edificación (de viviendas, de infraestructura pública o privada) no debe cederse un ápice a la corrupción, porque flexibilizar los estándares de seguridad termina costando vidas.

Igualmente, los sismos del 7 y del 19 de septiembre nos volvieron a mostrar el sentido de solidaridad y empatía que se mantiene latente y que emerge de manera casi tan inesperada como espontánea entre el grueso de la población. Nuevamente quedarán para el almanaque mexicano las imágenes de la gente volcada a la ayuda al prójimo. Ojalá y ese sentido de preocupación por el otro no fuera tan efímero y episódico, sino que se encauzara en un tipo de ciudadanía con auténtica responsabilidad sobre lo público.

Una lección más que nos dejaron los episodios sísmicos del 2017 tiene que ver con la reacción de la autoridad: hubo de todo, desde quienes sólo procuraron la foto, la declaración de cajón y el acto de escapismo, hasta quienes fueron tomados por sorpresa, con los dedos en la puerta, en plena fiesta y con muy poco tacto para enfrentar la situación. Quedan en el registro de este rubro las rebatingas sobre el dinero público que se destina a las emergencias y el que se despilfarra en gasto corriente para el aparato gubernamental. Igualmente para el Estado de México queda el registro de la oportunidad que dejó escapar el entrante gobernador de construir su legitimidad a partir de tomar de manera personal y directa el liderazgo de los trabajos de rescate, asistencia y reconstrucción. Prefirió el repliegue y el seguimiento a distancia. Y hay cientos de mexiquenses que siguen viviendo en albergues a tres meses de los sismos.

Creo que de las advertencias más importantes que nos deja este año y sus terremotos es la que tiene que ver con la fragilidad de la condición económica de miles de personas. No son pocos los millones de mexicanos que de manera súbita, inesperada y no planeada pueden ser arrojados a la condición de pobreza –incluso extrema- a consecuencia de un desastre natural como los sismos.

Existe, de hecho, un informe del Banco Mundial, dado a conocer hace poco menos de un mes, en el que se hace un señalamiento muy claro en ese sentido, apuntando que en amplias regiones de América Latina los logros alcanzados en materia de combate a la pobreza están bajo una amenaza latente de regresar a millones de personas a esa condición, producto de lo que en dicho documento se denomina “choques agregados”.

El informe al que me refiero se titula “¿Desarrollo Económico Inestable? Choques Agregados en América Latina y el Caribe” y es muy claro al sentenciar que los choques agregados (aquellos que afectan a un gran número de gente al mismo tiempo), como los desastres naturales, el crimen, la violencia y las epidemias, representan un desafío considerable para la población vulnerable de Latinoamérica, sobre todo en el actual contexto de bajo crecimiento económico y crecientes déficits públicos.

Las estimaciones del Banco Mundial en este sentido son que 40% de los hogares de América Latina –incluido México, por supuesto- son económicamente vulnerables y están en un constante riesgo de volver a la pobreza de forma súbita por un choque agregado (llámese huracán, sismo, sequía, pero también ola criminal, violencia, etc.). Hay, pues, una advertencia muy clara en el sentido de la necesidad de políticas públicas inteligentes, entendiendo este término como cualidad de aprender de la experiencia, de recuperar la información de los procesos y aplicarla en diversos sentidos, sobre todo de manera innovadora.

Esto es parte de las advertencias que nos deja el año que fenece, están ahí para quien las quiera escuchar y atender

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