Las causas de la violencia

Toluca, México; 20 de agosto de 2018. Nunca antes en Toluca se habían registrado tantas desapariciones en un lapso tan corto de tiempo; 91 con el estatus de no localizadas en un año y medio. Esto sólo ratifica algo que ya se sabía desde hace tiempo y que cuando se analiza deja el tinte de una sensación sostenida por años y después ratificada contundentemente por cifras que desde su silencio son escandalosas. Esa violencia, que se enmarca dentro de todo lo que significa un Estado fallido, justamente representa las razones de la sangre expuesta. Parece simple y fácil culpar a
agosto 20, 2018

Toluca, México; 20 de agosto de 2018. Nunca antes en Toluca se habían registrado tantas desapariciones en un lapso tan corto de tiempo; 91 con el estatus de no localizadas en un año y medio. Esto sólo ratifica algo que ya se sabía desde hace tiempo y que cuando se analiza deja el tinte de una sensación sostenida por años y después ratificada contundentemente por cifras que desde su silencio son escandalosas.

Esa violencia, que se enmarca dentro de todo lo que significa un Estado fallido, justamente representa las razones de la sangre expuesta. Parece simple y fácil culpar a las autoridades de no ser capaces de proveer de las condiciones mínimas de seguridad a los habitantes del Estado de México. No, no es así. Año tras año asistimos a la caída de uno y otro jefe de seguridad, fiscal o procurador, los hemos visto hacerse añicos con todo y sus buenas intenciones, si es que las han tenido. Hemos asistido también a la vanagloria de políticos de todos los niveles, que disfrazan eficacia con entrega de patrullas o uniformes, incluso de aplicación de controles de confianza.

El Estado ha fallado porque sus políticas públicas relativas a la seguridad pública son apenas pobremente aplicadas, y aunque algunas estén diseñadas para no fallar, lo hacen porque éste, a pesar de quien sea, es un estado de miserables, porque la mitad de los habitantes vive en algún tipo de miseria y porque el grado de impunidad es de 98 por ciento.

Y aunque el analfabetismo sea relativamente bajo, entre 3 y 5 por ciento en el estado, eso no significa que la combinación de ignorancia y pobreza asesten giros definitivos. Una organización criminal se ha entretejido con los entrañas de gobiernos, iniciativas privadas y la propia sociedad necesitada.

Prácticamente no hay espacio para otra cosa. Esa es una realidad que a nadie le gusta. Puede ser injusta pero no deja de ser la cara de nuestras calles, de nuestras instituciones, de nuestros servidores públicos.

En algún momento algo falló y nadie se dio cuenta.

Peor: nos dimos cuenta pero cerramos los ojos. Porque los abusos están en cualquier parte. Nadie tiene que perder todo para abrir los ojos, dejar de abusar.

¿Cuándo perdimos nuestra tranquilidad? ¿Cuándo dejamos de vivir plenamente para mirar, aterrados, que la realidad es una corrupción que tarde o temprano nos ha alcanzado?

Y sí: en algún momento algo falló y nadie se dio cuenta.

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