Lo mejor del Se Dice Que

Algo debe estar verdaderamente mal si de seis participantes en una competencia cuatro dicen que hubo trampa, y uno no sabe ni qué decir –por convenenciero–. El conflicto está en dos arenas, la política y la jurídica: si, como en Coahuila, la alianza postelectoral contra el fraude se logra en el Estado de México, en el PRI deberían empezar a preocuparse.

Hay suficiente base social para presionar a que se limpie la elección: siete de cada diez votaron en contra de Alfredo del Mazo. La estrategia de la altanería, de la soberbia, del “ya nos los chingamos”, es errada, suicida. El PRI se tambalea.

Será más fácil pasar un elefante por el ojo de una aguja que Morena, PAN, PRD y PT puedan probar en tribunales el fraude electoral que han denunciado. Si en el IEEM fueron poco receptivos, ahora que el proceso ha pasado al Tribunal Electoral las razones para el optimismo opositor son todavía menores.

No se trata de ser aguafiestas, pero las posibilidades reales de que la elección se anule son prácticamente de cero. Quizá hubiera sido probable en cualquier país realmente democrático, pero aquí es soñar despierto. La ventaja de 160 mil votos que tiene Del Mazo será suficiente para conservar su triunfo. Podrá gustar o no, pero así es.

Apenas han pasado 12 días después de las votaciones y parece que a la gente ya se le pasó la mohína. Sólo en algunos sectores de la elite académica e intelectual (particularmente chilanga), en contadas redacciones y en un estrato reducido del mundillo económico y político el tema del fraude sigue siendo tema. La resignación y el olvido han llegado más pronto que una pizza a domicilio. La ciudadanía ha optado por seguir con su vida, quizá más por hastío que por desinterés. La mayor concentración de protesta callejera no reunió ni a 500 personas en Toluca (la mayoría jóvenes). Así como la gente no vota, no protesta. Esta sociedad es la que produce estos gobiernos.