Se Dice Que…

Si algún calificativo puede definir con precisión la carrera política de la senadora Ana Lilia Herrera sería “fulgurante”: en década y media pasó de la nada a convertirse en la mujer política más empoderada –y quizá la más influyente– del Estado de México. Alcaldesa, diputada, secretaria del gabinete, senadora y presidenta de su partido, se quedó a un tris de convertirse en la primera candidata del PRI a la gubernatura. Perdió y desapareció de la escena pública; muchos de sus compañeros de partido le cargaron la mano acusándola de no hacer nada para ayuda a Del Mazo a ganar la
junio 15, 2017

Si algún calificativo puede definir con precisión la carrera política de la senadora Ana Lilia Herrera sería “fulgurante”: en década y media pasó de la nada a convertirse en la mujer política más empoderada –y quizá la más influyente– del Estado de México. Alcaldesa, diputada, secretaria del gabinete, senadora y presidenta de su partido, se quedó a un tris de convertirse en la primera candidata del PRI a la gubernatura. Perdió y desapareció de la escena pública; muchos de sus compañeros de partido le cargaron la mano acusándola de no hacer nada para ayuda a Del Mazo a ganar la elección. Le hicieron bullying hasta el cansancio. Derrotada, tomó la decisión de volver al senado por su curul y su fuero. En política, las derrotas nunca son para siempre: será cuestión de tiempo para que vuelva.

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La primera que puso cara de tristeza con el regreso de Ana Lilia al senado fue su suplente, Lorena Marín, a quien le iba de maravilla con todos los beneficios políticos y económicos como integrante de la Cámara alta. A Lorena le tomó por sorpresa la noticia, y apenas si tuvo tiempo de recoger sus cosas y desocupar la oficina. Temporalmente estará dedicada a su asociación civil “Acercando a la Gente”, pero es muy probable que tenga un lugar en el próximo gobierno.

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Con el nombramiento de Elizabeth Vilchis, se confirma la influencia que mantiene el secretario de Relaciones Exteriores en la administración pública estatal. Eruviel parece seguir apostando por Luis Videgaray, de quien, en su propio partido, han dicho que tenía más deseos de que ganara Josefina que Alfredo. ¿A poco?

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Así como hay mujeres brillantes empoderadas en el PRI, también hay de las otras, de las que no existe razón lógica para explicar por qué están donde están y por qué las sostienen, a pesar de que causan más perjuicios que beneficios. Tal es el caso de la tesorera del  ayuntamiento de Almoloya de Juárez: más allá del trabajo técnico para el que fue contratada, opera políticamente como una pequeña dictadora y deja en ridículo al joven alcalde Adolfo Solís Gómez, quien no sabe –quizá por juventud, ignorancia, desinterés o miedo– domar a la fiera; cuando la Auditoría Superior le revise las cuentas, se pondrá pálido.
 

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Apenas han pasado 12 días después de las votaciones y parece que a la gente ya se le pasó la mohína. Sólo en algunos sectores de la elite académica e intelectual (particularmente chilanga), en contadas redacciones y en un estrato reducido del mundillo económico y político el tema del fraude sigue siendo tema. La resignación y el olvido han llegado más pronto que una pizza a domicilio. La ciudadanía ha optado por seguir con su vida, quizá más por hastío que por desinterés. La mayor concentración de protesta callejera no reunió ni a 500 personas en Toluca (la mayoría jóvenes). Así como la gente no vota, no protesta. Esta sociedad es la que produce estos gobiernos.     

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