Si los tribunales ratifican la victoria de Alfredo del Mazo (como todo hace suponer que sucederá), entonces no parece un desplante de ocio, ni propio de ansiosos, que se hable de la composición del próximo gabinete. En el mundillo político el tema es quién quedará en la posición número dos: la Secretaría General de Gobierno. Muchos son los que apuestan a que será una vez más Ernesto Nemer; otros ven con posibilidades a Raúl Domínguez Rex, a Ricardo Aguilar, a Ana Lilia Herrera o a Cruz Roa.
Donde están como perros y gatos en un costal es en el PAN. El papelón que hicieron en las pasadas elecciones no sólo los envió a un penoso cuarto lugar en las preferencias de los ciudadanos, sino que aceleró la crisis que los tiene al borde del cisma. Este fin de semana Víctor Hugo Sondón organizó una comida con los de su bando y llamó a sus adversarios internos –podría considerarse entre ellos al alcalde de Huixquilucan, Enrique Vargas, y al colaboracionista del priismo Ulises Ramírez– “buitres carroñeros” y “traidores”. Del lado de Sondón están el alcalde de Naucalpan, Édgar Olvera, y la de Atizapán, Ana Balderas. Parece que las cosas se pondrán todavía peor de cara a 2018: se están peleando el poder.
El que de plano mejor optó por desaparecer es el malogrado candidato independiente, Isidro Pastor. Nadie sabe con precisión dónde anda o a qué está dedicado. Hasta donde se supo, desde el gobierno federal se estaba enderezando una persecución legal en su contra –no porque hubiera sustancia legal, sino por su rebeldía política y oposición abierta y declarada a Del Mazo–. Será cosa de tiempo tener nuevas noticias del polémico político calvo.
La pregunta que todo el mundo se hace, en particular las 600 mil personas que votaron por ella, es ¿dónde se metió Josefina? Y es que, pasadas las votaciones, la candidata del PAN a la gubernatura desapareció. Así como llegó al estado se fue. Su equipo de campaña se quedó arrastrando los pies, con el estigma de ser una bola de ineptos, mientras la Chepina se fue a descansar muy a gusto. ¡Qué cosa!
En el juicio de las urnas, el de la gente común, se reprobó al gobierno que termina. Así debería entenderse también por qué el PRI tuvo menos votos que Morena: fue el castigo a la falta de resultados para mejorar la calidad de vida de los 17 millones de habitantes del Estado de México. Los niveles de desempeño del eruvielismo lo colocan en una posición de media tabla en el concierto de las entidades de la república. No es cola de león ni cabeza de ratón, sólo un gris intermedio. No debería servir de consuelo, pero los resultados del eruvielismo no fueron muy distintos a los del peñismo, montielismo o camachismo.


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