Lo mejor del Se dice que…

  *La conducción de Pichardo Pagaza *Chuayffet-Camacho, la deuda al alza *El registro histórico de lo impagable *Élite priísta en la zona mazahua *Del Mazo, un inicio deslactosado *Un suculento paquete aeroportuario   El último gobernador con una conducción responsable de las finanzas públicas estatales fue Ignacio Pichardo Pagaza: “el último de los mohicanos” antes de que se impusiera en 1993 la ortodoxia económica neoliberal de Carlos Salinas y su “liberalismo social” a través de Emilio Chuayffet. Allí empezaron los problemas que hoy abruman a la entidad con una deuda pública asfixiante, con la que sólo ganan los bancos. *
febrero 7, 2017

 

*La conducción de Pichardo Pagaza

*Chuayffet-Camacho, la deuda al alza

*El registro histórico de lo impagable

*Élite priísta en la zona mazahua

*Del Mazo, un inicio deslactosado

*Un suculento paquete aeroportuario

 

El último gobernador con una conducción responsable de las finanzas públicas estatales fue Ignacio Pichardo Pagaza: “el último de los mohicanos” antes de que se impusiera en 1993 la ortodoxia económica neoliberal de Carlos Salinas y su “liberalismo social” a través de Emilio Chuayffet. Allí empezaron los problemas que hoy abruman a la entidad con una deuda pública asfixiante, con la que sólo ganan los bancos.

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Chuayffet y su sustituto, César Camacho, fueron los primeros en recurrir a la contratación de créditos a tasas de interés altísimas para apalancar el gasto corriente. No nada más pedían dinero prestado para financiar la inversión pública, sino hasta para cubrir la nómina. Allí inició el desastre. En ese sexenio (1993-1999) la deuda pública creció más de mil por ciento: cuando entró Chuayffet, la recibió en dos mil 728 millones de pesos; César Camacho la entregó en 22 mil 410 millones. Para tener una idea clara, cometieron una atrocidad mayor a la de Moreira en Coahuila o de Duarte en Veracruz. De ese tamaño.

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El registro histórico de la Secretaría de Hacienda es contundente: 1993: dos mil 728 millones/ 1994: cuatro mil 843 millones/ 1995: ocho mil 643 millones/ 1996: 13 mil 396 millones/ 1997: 16 mil 609 millones/ 1998: 19 mil 628 millones/ 1999: 22 mil 410 millones de pesos. Así se las gastaban. Los secretarios de Finanzas de ese entonces fueron, con Chuayffet, Enrique González Isunza, y con Camacho, Francisco Urrutia, hoy millonario propietario de los colegios Simón Bolívar.

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Alfredo del Mazo y su coordinador, Enrique Jacob, eligieron la región más pobre del Estado de México, el norte mazahua, para iniciar su precampaña. Parece que al precandidato priísta le cala y urge quitarse la etiqueta de “príncipe” que le ha endilgado la propia clase política priísta: convivir con los más pobres entre los pobres como arranque. Sin duda, Alfredo los necesita para ganar – son la mayoría – pero, hasta hoy, a él lo ven como un representante de la élite.

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Aunque todos posaron para la foto con la coreografía de la unidad, es obvio que a Del Mazo siguen haciéndole vacío. No convence, dicen algunos detractores dentro del propio PRI. El arranque de sus actividades político-propagandísticas ha sido deslactosado. Evento tras evento, le cuesta trabajo reunir liderazgos y gente común. Ha empezado frío… y no tiene tiempo que perder.

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Un suculento paquete de negocios de obras de infraestructura urbana en torno al nuevo aeropuerto se liberará este año; serán alrededor de 35 mil millones de pesos en contratos que asignará la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a cargo de Gerardo Ruiz Esparza, uno de los más delmacistas entre los delmacistas. Habría que estar muy atentos, a ver si los Grupos Higa y Barkus (o alguna de sus filiales) resultan beneficiadas.  

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