Toluca, Méx.- María Guadalupe González nació en la Ciudad de México en 1989 y veintisiete años después se convertiría en medallista olímpica en Río de Janeiro, Brasil. Su carrera deportiva enmarca una historia de dedicación y disciplina, en la cual, desde temprana edad, estuvo cerca del deporte, primero en el box y luego en el atletismo; pero más que eso, se trata de una historia de superación.
Lupita es hija de un notificador de Tlanepantla – uno de los municipios con más altos índices de rezagó social del Valle de México — cuyo sueldo alcanzó para criar una campeona olímpica. Ella, con el apoyo de sus padres, estudia la carrera de Informática Administrativa en la Universidad Autónoma del Estado de México, una universidad pública.
Su incursión en el boxeo, su verdadera pasión dicho por ella misma, se vio truncada por su “frágil físico”, una lesión y el convencimiento de que ese no era su camino; entonces colgó los guantes, pero se puso los tenis. El retiro del deporte no era opción para ella.
Ana Gabriela Guevara, otra de las deportistas más importantes que el país ha tenido, sirvió de inspiración para Lupita quien en el atletismo encontró otra oportunidad, precisamente en la prueba de los 400 metros, donde alguna vez la sonorense fuera la reina; sin embargo, una nueva lesión la detuvo. En ese momento no sabía lo que el destino le tenía deparado.
Por casualidad – como se suelen descubrir a los grandes talentos — José Luis Peralta, un visor de deportistas, le echó el ojo y la llevó con el célebre entrenador Juan Hernández, especialista en caminata y éxitos olímpicos. Entonces Lupita retomó el camino y, tan pronto como pudo, empezó a trotar por las pistas de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuaca.
Juan Hernández comenta que cuando ella llegó la primera vez, era de trato difícil, de todo protestaba. "Pero ahora ya no, ahora todo quiere hacerlo, pero como es muy fuerte, ahí están los resultados”.
A mediados del 2013 comenzó con una carrera ascendente; en 2015 ganó el primer lugar en la Copa Panamericana de Marcha en Chile y ese mismo año consiguió el mismo resultado en los XVII Juegos Panamericanos de Toronto, Canadá. Precisamente en esa competencia, protagonizó una marcha de drama y gloria, ya que al finalizar, su cuerpo fatigado y deshidratado se desplomó inconsciente tras haber cortado el listón de la meta. En Río logró consagrarse y se ubicó en el segundo lugar de la prueba de marcha femenil de 20 kilómetros, con un tiempo de 1:28:37 segundos, a dos segundos de alcanzar la medalla de oro.
No fue Paola Espinoza, tampoco Rommel Pacheco, mucho menos la Selección de Futbol; fue María – el nombre más común entre las mujeres mexicanas — quién hizo historia; ahora ella acompaña al extinto marchista nezatlense Noé Hernández, a Carlos Mercenario, al regiomontano Raúl González Rodríguez, al sargento José Pedraza Zúñiga y a Daniel Bautista entre las glorias de la marcha mexicana, quizá la disciplina que más éxito le ha dado al deporte mexicano.
"De niña veía los Juegos Olímpicos y me decía que un día iba a llegar a ellos y aquí estoy con una medalla de plata para la gente que trabaja duro en México", dijo en sus primeras declaraciones ante los medios de comunicación en el país carioca,los cuales antes de la competencia no le dieron importancia.
Su temple contrasta con el carácter de otros deportistas mexicanos que han perdido la concentración en los momentos claves de sus respectivas competencias.
"Pensé en rendirme – aceptó – pero pensé en los entrenamientos duros y me prometí dar una vuelta más al circuito, al completarla ya estaba cerca de la meta y me fui adelante con todas mis fuerzas".
Sus pocos años en competencia dejan entrever el potencial que aún puede lograr, pese a las constantes lesiones que ha sufrido, aunque llama la atención elanuncio que hiciera en el sentido de que ésta pudo haber sido su última competencia; la razón de ello, las lesiones.
"Me perdí los Mundiales de China el año pasado por una molestia en los isquiotibiales, pero en la Copa del Mundo de Roma pude por fin enfrentarme a las mejores y gané plata, trabajé mucho desde entonces y eso explica la medalla", concluyó.
La actuación de María Guadalupe González volvió a romper muchos estereotipos; una mujer de apenas 47 kilogramos y 1.62 metros de estatura sorprendió a todos, menos a ella misma. Su actuación en Río de Janeiro dejó en claro que ella es una historia de orgullo, pasión y gloria. De que ella, más que ser deplata, es una mexicana de oro.


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