Atizapán de Zaragoza se perfila como un territorio prioritario para Morena en el Estado de México de cara al proceso electoral de 2027. Recuperar el municipio, actualmente gobernado por el panista Pedro Rodríguez Villegas, exige cohesión partidista. Sin embargo, las recientes intervenciones de Luz María Hernández Bermúdez, presidenta del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, trazan un escenario de división interna, rechazo de las bases fundadoras y un distanciamiento con los liderazgos locales consolidados.
La radiografía política del municipio evidencia tres frentes abiertos en la disputa por la candidatura, marcados directamente por las decisiones de la dirigencia estatal.
El respaldo a un perfil externo
El lunes 18 de mayo de 2026, la presidenta estatal acudió a la asamblea ordinaria del Club Rotario Sayavedra en Atizapán. El mensaje fue leído como un espaldarazo a Enrique Contreras Félix, empresario y líder rotario. Ante el sector privado y militantes, Hernández Bermúdez lo calificó como “un perfil joven, entusiasta y que ha trabajado mucho”.
Contreras capitalizó el encuentro en sus plataformas digitales, afirmando que «la unidad va a ser el factor fundamental». No obstante, el acto público envió un mensaje político ineludible: la dirigencia estatal busca perfiles ajenos a la estructura histórica del partido en un intento por atraer a sectores de clase media-alta. Este movimiento detonó inconformidad inmediata en las filas morenistas que reclaman años de trabajo a nivel de calle.

El salto de Román Cortés y el reclamo de las bases
Otro de los frentes de conflicto se originó en octubre de 2025, cuando Hernández Bermúdez formalizó la adhesión a Morena del diputado local Román Cortés Lugo, exmilitante de Acción Nacional (PAN). Presentado desde la cúpula como un «refuerzo» para el noroeste del Estado de México, la incorporación de Cortés es leída por la militancia como un acto de pragmatismo y conveniencia.
El rechazo al legislador es frontal en las bases. Un testimonio de una de las mujeres fundadoras de Morena en el municipio, expone sin filtros la percepción operativa del partido:
«No estoy de acuerdo con Román Cortés. Soy morenista de corazón, desde que existe Obrador, yo siempre he estado con él. Y este chapulín, pues no creo que sea lo bueno para Atizapán. Toda su vida, yo lo conozco desde hace años, como panista. A la dirigencia que lo aceptó, creo que no deberíamos de vendernos tan barato. La causa siempre ha sido la corrupción. Porque esté Román Cortés sí tiene de dónde sacar. Y siento que este chapulín se brincó a Morena, porque sabe perfectamente que si se quedaba en el PAN, perdía».

El vacío institucional a la disidencia local
Mientras la alta cúpula estatal arropa a perfiles empresariales, la estructura interna experimenta un vacío institucional. Basta con una revisión del tablero local para confirmar la inexistencia de reuniones públicas entre Luz María Hernández Bermúdez y Leylany Arce Richard, actual segunda síndica del ayuntamiento de Atizapán.
Richard opera como la principal figura de contrapeso frente al gobierno actual. A través de denuncias públicas sobre presuntas irregularidades presupuestales y deficiencias en colonias populares, ha consolidado un respaldo territorial significativo. La falta de un encuentro público con la síndica, en agudo contraste con el foro otorgado a Contreras Félix, evidencia una asimetría en el trato hacia los aspirantes que sí emanan del núcleo morenista.
El costo de la división territorial
La estrategia de la dirigencia estatal proyecta riesgos cuantificables para la elección de 2027:
- Desmovilización de bases: el respaldo prematuro a figuras sin arraigo en las estructuras primarias desincentiva a los operadores políticos locales, indispensables para la defensa del voto.
- Vulnerabilidad electoral: la percepción de candidaturas impuestas suele derivar en impugnaciones internas y voto de castigo, un escenario que favorece directamente al bloque PAN-PRI, el cual cuenta con el aparato municipal.
- Disonancia discursiva: la afiliación de figuras como Román Cortés y el rechazo a escuchar las advertencias de los fundadores diluyen el discurso anticorrupción del partido frente al electorado indeciso.
Las decisiones tomadas desde el Comité Ejecutivo Estatal revelan que, hoy por hoy en Atizapán, la mayor amenaza de Morena no es el bloque opositor, sino el manejo de sus propios procesos internos. La «unidad» invocada en los discursos choca con la realidad de un territorio donde el peso político parece definirse por acuerdos cupulares, ignorando el músculo de quienes habitan y operan el municipio.

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