Las medidas anunciadas para atender la problemática social que nos ahoga, anunciadas por el presidente, desafortunadamente se refieren, creo que exclusivamente, a aspectos de orden policiaco en los municipios y entidades federativas de mayor criminalidad.
No se plantea una acción integral de los tres niveles de gobierno orientada a satisfacer las necesidades más imperiosas en todos los órdenes en las colonias, barrios y comunidades del país.
Tampoco se hace un análisis de causalidades y valores de las variables que ocasionan los principales problemas ni las estrategias para abordarlos.
No se proponen medidas de desempeño deseables, tanto en los servicios que proporciona el estado a nivel municipal, estatal y federal, como en aquellos proporcionados por operadores concesionados.
Ésas y otras carencias de las medidas anunciadas hacen que los gobiernos estatales y municipales puedan seguir orientados a realizar lo que les parece más rentable mediáticamente o lo que deja más o lo que buenamente se les ocurre a los ejecutivos respectivos y a sus asesores.
Así, por ejemplo, el gobernador de la entidad se la pasa apoyando declarativamente cualquier acción que es anunciada por el gobierno federal, pero no puede o no quiere actuar en asuntos inmediatos de su competencia que afectan a la población.
Por su parte la alcaldesa de Toluca sigue apostando a que su mayor contribución sea en un rubro en el que no tiene competencia formal, obviando asuntos de interés urgente para los habitantes del municipio.
Así el fenómeno que se ha dado es que al presidente de la república se le cargan todas las culpas y en eso tiene mucho que ver el estilo de gobierno, si así se le puede llamar, adoptado por él y su familia.
Y mientras tanto los gobernadores y munícipes nadan de a muertito ocupados en sus propios asuntos y en sus ocurrencias y en ver cuál es su futuro político.
Al presidente le ofrecen, no su acción comprometida en resolver los problemas de su responsabilidad, sino su sumisión obscena. Y eso parece ser suficiente para el actual estilo presidencial.
Y mientras tanto el difícil trabajo de base desde las colonias más abandonadas, que es donde se incuban muchos de los problemas, no se hace. Se sigue en el atole con el dedo y el irresponsable relumbrón.
Lo peor es que las variables económicas siguen empeorando, no obstante el superministro del año.
Lo anterior presagia una situación que puede ser en extremo volátil y en la cual no se ve cómo pudiera haber una acción colectiva para atenderla.
Al contrario, lo que puede haber es una especie de darwinismo extremo en el que bancos y empresas buscarán endosar el faltante a la población, en particular los más débiles, lo que sin un plan de acción integral, agravará nuestros males.
PS. Un amigo, simbolizando la contradicción mexicana, preguntaba qué puede hacerse ante la incapacidad del gobierno para resolver los problemas, pero acto seguido dijo que iba regalarle la serie de “house cards” a un inefable político de origen estatal. Así no se puede.


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