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Pandemia y escasez de microchips: ¿simetría perfecta?

Pandemia y escasez de microchips: ¿simetría perfecta?

El término “chip” es ya de uso corriente. Aun cuando no para todos esté tan claro lo que es

Los aparatos electrónicos son omnipresentes en nuestra sociedad. Todos los días, todo el tiempo, estamos en interacción con ellos. Este es un fenómeno no sólo de las ciudades, pues incluso en las regiones más apartadas también están cada vez más insertos en la vida de las personas. El elemento fundamental de todos esos aparatos electrónicos es el transistor, ese revolucionario invento de mediados del siglo pasado, que dio una solución ingeniosa al problema de conducir y amplificar las señales eléctricas. Con el paso de las décadas, los transistores fueron fabricados en tamaños cada vez más pequeños, hasta llegar al momento en el que fuera posible articular a millones de transistores en circuitos integrados que son capaces de procesar cantidades inmensas de bits: la era de los chips.

El término “chip” es ya de uso corriente. Aun cuando no para todos esté tan claro lo que es, la palabra sí nos remite a una era, la nuestra, en la que los aparatos electrónicos reinan, modulan, medían o condicionan la vida ordinaria de miles de millones de personas. Expresiones como “cambiar el chip” o “ya nacen con el chip integrado” son signo de dicha era. Vaya, hasta hay quienes juran y perjuran que la vacuna contra la Covid-19 lo que hace es insertar un chip en las personas para controlarlas cual autómatas de película apocalíptica.

La centralidad que han alcanzado tanto el término como las funciones de los chips es trascendental, por ello a muchos les alerta la actual escasez de chips que está experimentando la industria y que ya empieza a notarse en la fabricación de aparatos tan comunes como los teléfonos celulares, los vehículos o las computadoras. Desde el año pasado, tras la explosión de la pandemia de covid-19, comenzó a agravarse este problema y hoy, transcurrido ya el primer semestre del 2021, no hay para cuando se resuelva.

Las causas de la pandemia en la que todavía nos encontramos y la escasez de microchips pueden ser ecológicas, estar relacionadas con la pérdida de biodiversidad y estar dando señales de alerta para modificar los estilos de vida.

La industria automotriz es la que más ha acusado los efectos de esta falta de microchips en el mundo, pero varias otras ya comienzan a experimentar los efectos de este desbalance entre oferta y demanda de esos hoy tan codiciados semiconductores.

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Sobre lo que quisiera llamar la atención es sobre aquellos factores que, a decir de algunos expertos, se conjugaron para provocar la crisis a la que nos referimos.  El primero de esos factores fue la pandemia de covid-19, que se extendió por el mundo en el primer trimestre del 2020 e que hizo parar varias cadenas productivas globales. Pero también se le sumaron las inusuales heladas de inicios del 2021 en el sur de los Estados Unidos, que generaron graves problemas a la industria de los michochips asentada en estados como Texas. En el otro extremo del mundo y del espectro climático, en Taiwán (que junto con Corea del Sur produce un 80% de michochips en el mundo), experimentaron durante varios meses una insólita sequía que redujo su producción has niveles inesperados, pues la producción de estos componentes requiere gran cantidad de agua.

A lo anterior se sumó este año un inesperado incendio en la planta Renesas (uno de los fabricantes más importantes de microcontroladores en el mundo), ubicada en Japón, donde han tenido uno de los veranos más caluroso de las últimas décadas, lo cual detuvo la producción durante meses. Este siniestro sólo vino a confirmar que pasarán muchos meses más hasta que se pueda hablar de una normalización en el abasto de microchips para todos los productores que los están requiriendo.

¿Será una simetría perfecta la que se encuentra en esta coincidencia de crisis?

Veamos: la pandemia de covid-19, que ha venido a transformar la vida como la conocíamos, se muestra cada vez más claramente vinculada a la mutación climática en el planeta. Es una enfermedad infecciosa emergente, que parece una consecuencia de lo mucho que hemos modificado los ecosistemas y, con ello, hecho desaparecer su efecto dilución (ese que tienen los ecosistemas bien conservados de “diluir” a los patógenos). Por el otro lado, el aumento de los fenómenos extremos y la polarización del clima que obligaron a los fabricantes de microchis a parar, ya sea en Texas por el frío o en Taiwán por la sequía, parecen también directamente vinculados con la cuestión ecológica.

Las expectativas meramente económicas serían que en un año o dos los fabricantes de microhips logren volver a los niveles de producción que tenían antes de la pandemia. No obstante, visto en una perspectiva más amplia, debe quedar claro que el propio planeta parece empezar a poner límites a los ritmos de producción y comercialización.

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Las causas de la pandemia en la que todavía nos encontramos y la escasez de microchips pueden ser ecológicas, estar relacionadas con la pérdida de biodiversidad y estar dando señales de alerta para modificar los estilos de vida. Hoy, cuando estamos tan gobernados por los aparatos electrónicos, fenómenos climáticos frenan la producción de microchips y parecen decirnos “hay que bajarle”, disminuir los ritmos de producción venta y consumo de todos esos aparatos. Lo decíamos hace unas semanas en este mismo espacio, parece estar concluyendo el antropoceno, dadas las cada día más evidentes consecuencias de la presencia de nuestra especie sobre el planeta.

Sí, muy probablemente hemos rebasado el punto de no retorno global y el propio planeta parece que nos lo hecha en cara, con signos tan curiosamente sincrónicos como la primera gran pandemia del siglo  XXI y la escasez de ese componente sin el cual no pueden fabricarse los aparatos que reinan en la vida cotidiana, los microchips.