En Toluca, hablar de trova urbana implica necesariamente mencionar a Pedro Sandoval. No porque se asuma como trovador —de hecho, prefiere el termino «Rolero»—, sino porque ha sido uno de los músicos que ha logrado persistir con su música durante tres décadas.
Pedro cuenta su carrera desde febrero de 1994, cuando se presentó por primera vez en El Sótano, el mítico espacio cultural que se ubicaba en la esquina de Morelos y Villada, en el centro de la ciudad. Así, lo que parecía solo una tocada se convirtió, sin saberlo, en el inicio de una vida entera dedicada a la música.
Más sobre el movimiento rolero en: Trova urbana en Toluca, una historia inconclusa
Una generación que cantaba a contracorriente
Los inicios del movimiento trovero en Toluca coincidieron con un momento histórico que marcó a toda una generación: el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

“Sí, fue una inercia muy bonita en esa época. Un oleaje de gente, de chavos entusiasmados con los movimientos sociales, especialmente el de los zapatistas, que había surgido precisamente en el 94 y que nos voló la cabeza a muchos e inspiró para movimientos de lo que ahora le llaman la contracultura, el ir como a contracorriente”.
Fueron momentos, dice, en los que la canción tenía algo que decir, y en los que agradece haber estado presente: “Me sentía como pez en el agua”.
Toluca y la escena que nunca se consolidó
Sin embargo, el entusiasmo de los noventa no cristalizó en una escena sólida. “Lo dejamos morir”. Para él, Toluca nunca logró consolidar una colectividad musical fuerte, ni un público fiel. Atribuye parte de ello a la falta de estrategias de difusión, a la necesidad económica que obligó a muchos a abandonar el camino artístico, y a un sistema que no favorece la música de autor.
“No estamos preparados para vivir de la música original. Yo mismo pasé por muchos vericuetos antes de poder decir que soy un cantautor, porque mucho tiempo seguí tocando covers como alternativa, porque como cantautor, no podía vivir de ello”.
Hoy puede dedicarse a su música gracias también a Los Botes Cantan, un proyecto alterno que le ha abierto espacios en festivales y circuitos más amplios. “Es el que tiene más posibilidad de tener presencia, de ser vendido”, explica.
Aunque en algún momento renegó de su ciudad, Pedro reconoce que fue Toluca —con su público difícil pero leal— la que lo formó como cantautor. “Es una relación disfuncional”, dice con ironía. Y aunque cree que en todas partes se enfrentan obstáculos similares, lamenta que en su ciudad no se haya logrado construir una escena sólida ni mecanismos de apoyo entre creadores.
Hacer rolas como forma de vida (y de terquedad)
Pedro, admite que su camino fue improvisado. Nunca imaginó lo que implicaría sostener una carrera basada en la música. “No sé hacer nada más, ni encajaba en ningún otro lado”, dice con franqueza. Se reprocha algunas decisiones, pero también celebra haber llegado hasta aquí. “Me siento feliz con el puñado de canciones que tengo. Es algo que perseguí durante mucho tiempo”.
A pesar de las dudas sobre el futuro —“Porque ya no sé cuánto tiempo me quede en esta farsa, yo le digo. ¿Cuánto tiempo más podré sostener esto?”—, Pedro Sandoval continúa componiendo, tocando y conectando con nuevos públicos.
Sabe que cada presentación es también una primera vez para alguien que lo escucha. Y eso, en una ciudad donde la música que nace desde sus calles no es prioridad, se vuelve casi un acto de resistencia.


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