En Toluca, la trova urbana encontró cobijo en foros independientes que, durante más de tres décadas, resistieron al olvido institucional y abrieron espacio a las voces que cantaban desde la entraña.
Este reportaje traza una línea desde el mítico foro El Sótano hasta La Trinchera, pasando por cafés, peñas y estaciones de radio pública que apostaron por la canción de autor como vehículo de crítica, memoria y comunidad. Entre la precariedad, el compromiso social y la ausencia de políticas culturales sostenidas, los cantautores mexiquenses han persistido a contracorriente.
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De El Sótano a La Trinchera
Dice Gerardo Salgado, coordinador de eventos del mítico foro cultural El Sótano, que los trovadores urbanos son seres humanos que nos representan a todos de alguna manera porque tienen la puntería para hacer la canción precisa en el instante correcto; esta afirmación nunca tuvo tanta validez en Toluca como en la década de los noventa y principios de la del dos mil.




El Sótano ubicado en la esquina que hacen las calles de Morelos y Villada, en el centro de Toluca, fue un foro abierto por la familia Salgado: Maricarmen, Francisco, Alejandra y Gerardo, El Sótano llegó a albergar a 1500 artistas locales, nacionales e internacionales de diversos géneros y disciplinas, entre ellos Real de Catorce, Tex Tex, Guillermo Briseño, Javier Corcobado, Carlos Arellano, entre otros artistas.
Por esta razón se dice que El Sótano es mítico, todo aficionado a la trova, a los foros independientes, a lo alternativo lo reconoce y no sólo por haber asistido y visto diversos conciertos o manifestaciones artísticas, sino porque, en su momento, el foro cumplió con la función de dar cabida a los músicos jóvenes quienes estaban componiendo canciones y cantando, solitarios o juntos. Algunos de los que hicieron suyo ese espacio fueron Jaime Alejandro, hoy Jaime Yakaman, Alejandro Guido y Pedro Sandoval.
En ese mismo espacio, luego de que cerrara El Sótano Gerardo Lugo abrió Extremos. Café-concierto, una especie de derivación de la revista Extremos, que también coordinaba Gerardo Lugo y que tuvo la participación de diversos personajes de la cultura entre los que se encontraban Luis Flores, locutor, músico, melómano y referente de la cultura musical local y nacional.
Estos espacios cumplieron con la función de dar impulso y de servir como vinculo entre los jóvenes que comenzaban y los de mayor tiempo en el oficio: los rupestres y cantautores que venían con cierta regularidad a Toluca. A estos espacios se sumó la labor de otros como La vie de France, El Liceo de las Artes y su peña bohemia, La Buba, café, y la propia Peña Bohemia.
En tiempos más recientes se abrieron otros foros como Lumbrales o La Morada, que sin ser un esquema de negocios procuraban difundir la labor artística y cultural local, así como suplir la carencia de espacios institucionales para los artistas.






Hoy, La Trinchera es un espacio que un cantautor, Aleks Sandoval ha impulsado con los mismo fines.
Que no calle el cantor
A comienzos de los noventa también sucedieron situaciones especiales en nuestro país, específicamente el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en enero de 1994; alrededor de dicho movimiento, la sociedad civil de Toluca también se organizó para promover la propuesta y los festivales culturales fueron una alternativa: algunos de los trovadores urbanos que ya estaban tocando en espacios alternativos participaron activamente en estos festivales itinerantes que se presentaban en el Valle de Toluca.
Ingrid Lozano, cantautora, considera que la labor del artista es precisamente ser la voz de quienes pueden decir algo, por lo que el compromiso social es casi una obligación, y aunque esta situación no es compartida por todos los cantautores, una manera de establecer vínculos entre ellos y el público que seguía una tradición musical del Canto Nuevo o de la Trova Cubana fue su participación en actividades solidarias para recopilar víveres para afectados por fenómenos naturales, desplazados por la violencia del Estado o la difusión de situaciones de represión o denuncia.
La labor social llevó a los trovadores a distintos lugares del Valle de México, quienes formaron parte de un esfuerzo cultural en distintos municipios, es el caso de Ocoyoacac y la labor de la familia Neri en la gestión cultural.
La función social de la radio pública
Al mismo tiempo, Radio Mexiquense, la radio pública estatal, creo el programa El Palomazo en 1995 donde se le comenzó a dar espacio a los cantautores, Alex Valdés, locutor e impulsor de este programa considera que este era un espacio necesario para que los jóvenes se dieran a conocer; eran entrevistados en el programa y el material se quedaba en la fonoteca, así sus canciones podían ser pedidas por el público. El primer invitado a este programa, dice Alex Valdés, fue Pedro Sandoval.
A la par se crearon los encuentros de trovadores urbanos en las plazas públicas o en los parques; con un sistema de audio y un templete se recibían grandes cantidades de personas interesadas en darse a conocer.
Palomeando en los baldíos de Neza era otra iniciativa de la radio pública que tenía en propósito de dar espacio a músicos o artistas de otra naturaleza para darse a conocer. Ruidolfo, un cantautor que también ocupó diversos espacios en Toluca fungió como enlace para el contacto de algunos de los invitados.
Con la dirección de Jorge Luis González Santana en Radio Mexiquense, se hizo una grabación en casette denominada Trovadores Urbanos, volumen 1, cuyos primero participantes fueron: Pedro Sandoval, Jaime Alejandro y Diego Garduño, de Toluca, así como El Roca y su grupo, Malena y José y Ruidolfo de Nezahualcóyotl. Nunca se hizo un volumen 2.



Otros cantautores tomaron otras vías, como concursos universitarios de composición, es el caso específico de Isidro Delgado o Sergio Ochoa, algunos más se presentaban en bares y en todos los lugares que les abrieran un espacio para su participación.
Las carencias institucionales
El momento histórico y social en el que se dio esta especie de boom de los trovadores se mantuvo algunos años más y los caminos que se tomaron fueron distintos para cada uno de ellos; de aquéllos años permanecen casi todos, aunque quizá sin el empuje de los años noventa.
Esta situación se relaciona, según la opinión de algunos de ellos, también, de la falta de políticas culturales que consideren el trabajo del cantautor como una actividad profesional de la que se pueda vivir; la realización de festivales organizados por distintos órdenes de gobierno, durante muchas administraciones han tenido un mal trato para los artistas locales, en específico para los cantautores quienes no les representan una gran convocatoria, por lo que no los requieren.
Dos proyectos de cantautores comenzaron con las becas que antes brindaba el gobierno del Estado de México, el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico del Fondo Especial para la Cultura y las Artes del Estado de México: Los botes Cantan y Cantacuento, de Pedro Sandoval e Isidro Delgado, respectivamente, sin embargo, estos recursos fueron interrumpidos en diversas ocasiones.
Asimismo, las invitaciones se realizaban y se siguen realizando sin remuneración para los músicos y con pagos bajos, además de que deben esperar meses o años para recibir los pagos. Ninguno de los trovadores urbanos entrevistados vive de su trabajo como cantautor; Pedro Sandoval, de quien se puede afirmar que tiene la carrera más consolidada, percibe una remuneración por su proyecto infantil alterno “Los botes cantan”.
Los cantautores, sufren de precarización laboral, falta de seguridad social y rechazo por parte de las autoridades culturales del Estado de México.
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La permanencia
Casi la totalidad de los trovadores urbanos entrevistados para este reportaje se mantienen vigentes en la música, de diversas maneras y desde distintos espacios, aquí se consideran algunos conocidos pero no son los únicos, actualmente existen algunos movimientos que no son, por definición, de trova, aunque la influencia permee en ellos.










La definición del trovador, el rolero, el cantautor es amplia y difícil de circunscribir: Krishna, el rolero de los portales; Pedro Sandoval, quien ha obtenido premios internacionales por su trabajo; Sergio Ochoa, Isidro Delgado, Diego Garduño, el mismo Lalo Santiago, que hizo una gran labor de promotoría se mantienen activos, con diferente edad, perfil y frecuencia pero siempre, con la convicción de mantener el oficio.



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