La guerra económica con sanciones sectoriales para provocar un colapso profundo y el aislamiento político en el concierto europeo afloran con fuerza hoy en el entreverado de la política de contención de Occidente a Rusia.
A la par de los pronósticos pesimistas para la economía rusa y las evaluaciones de descalificación crediticia e inversionista por las agencias internacionales de riesgo, las estructuras europeas apuntan contra Moscú.
Los jefes de la diplomacia de los 28 estados comunitarios tendieron la alfombra a una nueva artillería de medidas antirrusas, tras proponer en la reciente cumbre de cancilleres la extensión por medio año de las sanciones.
En paralelo, dentro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), la delegación rusa fue despojada del derecho al voto y de las prerrogativas como miembro pleno, pese al estatus de ser uno de los grandes países contribuyentes.
Para una mayoría de expertos, los intentos de agravar las dificultades económicas a Rusia hasta el punto de una profunda recesión tienen un efecto boomerang en los negocios y el comercio europeo.
Mientras que, de otro lado, si bien parecen fallidas las tentativas de aislamiento del país euroasiático, está claro que el peor golpe apunta al proceso de normalización de las relaciones ruso-europeas, deterioradas con creces en el último año.
Como jefe de la delegación a la reciente sesión de la PACE, en Estrasburgo, el titular del comité de Relaciones Internacionales de la Duma estatal, Alexei Pushkov, dijo en airada protesta que Moscú no reclamaría los prerrogativas ni mendingaría los derechos.
Y, en tal caso, acotó Pushkov, carece de sentido la participación en el foro, tras anunciar la retirada del país al menos hasta fines de año. Rusia igualmente retiró de esa instancia legislativa europea el caso judicial abierto a la piloto ucraniana Nadezhda Savchenko, acusada de entregar información a aviones de combate de su país sobre la ubicación de tres periodistas rusos, asesinados tras un ataque de la aviación, durante coberturas en el vecino país.
Al apoyar la decisión de la delegación rusa, la presidenta del Senado (Consejo de la Federación), Valentina Matvienko, advirtió a la sazón de que Rusia podría plantearse la salida de todas las estructuras del Consejo de Europa, si no cesaba la arenga antirrusa.
No pocos políticos y analistas se muestran escépticos con la posición moderada de Moscú, por el momento, con llamados a una retirada inmediata de la organización europea, en la cual Rusia aporta el 10,5 por ciento del presupuesto de la PACE.
El vicetitular del comité de Relaciones Internacionales de la Duma, Leonid Kalashnikov, subrayó como evidente el cinismo de la política de Occidente respecto a Rusia, por ello «me opongo a luchar por el voto y los derechos», aseveró.
Afirmó Kalashnikov durante una panel dedicado al tema que la humillación a su país se utiliza con objetivos deliberados y concretos, mientras, en su opinión, la PACE y los dirigentes europeos no están interesados en una solución de la crisis en Ucrania.
En relación con la política de sanciones, como instrumento de presión a Rusia, el afamado politógo Vyacheslav Nikovov comentó recientemente a Prensa Latina que contra su país se declaró una guerra total, incluida la económica, capitaneada por Estados Unidos.
Washington ve a Moscú como un centro alternativo de influencia geopolítica y como se plantearon (ellos los estadounidenses) como objetivo el dominio global, todo lo que les moleste debe ser destruido, opinó el también presidente del comité de Educación en el parlamento nacional.
Para Pushkov, jefe de la delegación parlamentaria y reconocido analista, el hecho de que al menos un 40 por ciento de los diputados europeos votaron en contra de las sanciones significa que no existe un frente único en Europa, y mucho menos un aislamiento internacional de Rusia. Contrastó los vínculos con el Brics (Brasil, China, India y Sudáfrica), más América Latina, donde nadie nos rechaza y acusa, acentuó.
El mundo ha cambiado al emerger nuevos centros de fuerza, remarcó Pushkov con un llamado a lo interno a «reorientar los cerebros y dejar la fijación hacia Occidente», en procura de un equilibrio, conscientes de que la embestida actual forma parte de la política de contención y doble rasero en las relaciones internacionales.


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