Precariedad y brecha salarial asfixian a madres solteras en el Estado de México

Más del 35% de los hogares en municipios como Toluca y Ecatepec depende de una mujer, pero con menores ingresos, alta informalidad y sin red de cuidados; los apoyos económicos no alcanzan para romper el ciclo.
mayo 9, 2026

En municipios como Toluca y Ecatepec, más del 35% de los hogares dependen de una mujer. Especialistas advierten que los apoyos bimestrales son insuficientes ante la falta de estancias infantiles y la obligada incursión en el comercio informal.

El Estado de México opera, en buena medida, sobre los hombros de hogares monoparentales encabezados por mujeres. En la entidad más poblada del país, la maternidad en solitario dejó de ser un fenómeno demográfico para consolidarse como una crisis estructural donde convergen marginación laboral, inflación y la ausencia de un sistema de cuidados.

La precariedad femenina tiene un mapa claro. Mientras a nivel nacional el 32.6% de los hogares son liderados por mujeres, en municipios mexiquenses como Toluca (36.2%) y Cuautitlán Izcalli (35.9%) la proporción se acentúa. Ecatepec concentra una de las mayores cargas de pobreza, con 786,843 personas en esa condición, seguido por Chimalhuacán y Nezahualcóyotl. Incluso en zonas industriales como Naucalpan, la precariedad persiste. En estos hogares, el nivel de dependencia es crítico: 83 dependientes por cada 100 personas productivas.

Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del primer trimestre de 2024 exhiben la disparidad. La tasa de participación masculina es de 71.9%, con un ingreso promedio mensual de 9,823 pesos, frente a una participación femenina de 38.9%, con ingresos de 7,762 pesos. A nivel nacional, el 88.4% de las mujeres no económicamente activas declara no estar disponible para trabajar debido a responsabilidades de cuidado.

Quienes logran incorporarse al mercado laboral lo hacen, en su mayoría, sin garantías. La informalidad laboral femenina en el Estado de México alcanza el 56.2%. Las madres solteras se concentran en el comercio al por menor (22.8%) y los servicios personales (18.9%), buscando flexibilidad de horario a costa de perder seguridad social.

Lourdes Mendieta, madre soltera en la colonia Lázaro Cárdenas, en Tlalnepantla, pone rostro a la estadística: “Mi problema no es no querer trabajar en una empresa, es ¿con quién dejo a mis niños? Aquí las guarderías de gobierno son prácticamente nulas. Terminas limpiando casas o siendo ‘neni’ porque necesitas tiempo para ir por ellos a la escuela. Vivimos al día. Si se enferman, hay que pagar el doctor, aunque sea del Simi”.

Las mujeres jefas de hogar dedican 31.9 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente a 12.5 horas en hombres. El déficit institucional es evidente: existe, en promedio, una estancia infantil por cada mil niños de 0 a 4 años, mientras que 66.4% de las personas cuidadoras carece de seguridad social.

“Como trabajamos por nuestra cuenta no tenemos IMSS, y cualquier enfermedad nos deja sin dinero”, añade Mendieta. “Necesitamos que regresen las escuelas de tiempo completo; eso nos quitaba un peso enorme de encima”.

Frente a esta realidad, los gobiernos han optado por transferencias económicas. En el Estado de México, el programa Mujeres con Bienestar entrega 2,500 pesos bimestrales y busca alcanzar a 700 mil beneficiarias en 2026. A nivel federal, el Programa de Apoyo a Madres Trabajadoras otorga desde 1,650 pesos bimestrales, mientras se proyecta la Pensión Mujeres Bienestar para el segmento de 60 a 64 años.

Sin embargo, especialistas cuestionan el modelo. Valeria Salgado, abogada en Seguridad Social por la FES Acatlán, advierte que estas transferencias son apenas “parches asistencialistas” que no sustituyen derechos laborales. “No necesitamos dádivas bimestrales; urge infraestructura de cuidados, escuelas de tiempo completo y una regulación que cierre la brecha salarial por maternidad”, señala.

Hasta que no exista una respuesta institucional de fondo, el tránsito de las madres autónomas de la precariedad a la estabilidad laboral seguirá siendo, en el Estado de México, una promesa pendiente.

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