¿Predicando en el desierto?

Hoy casi toda la atención mediática se centra en tres grandes temas: las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, los múltiples casos de corrupción en distintos niveles de gobierno del país y el hartazgo ciudadano por la inseguridad, personificado en vengadores anónimos. Pero hay otras cosas que están ocurriendo sin que tengan esos reflectores. Esta semana está en marcha una expresión colectiva que, aún cuando debería estar en el centro de las preocupaciones de la sociedad, más bien pasa inadvertida por factores que enseguida comentaremos. Así es, este fin de semana pasado, el 5 de noviembre para ser precisos, en
noviembre 9, 2016

Hoy casi toda la atención mediática se centra en tres grandes temas: las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, los múltiples casos de corrupción en distintos niveles de gobierno del país y el hartazgo ciudadano por la inseguridad, personificado en vengadores anónimos. Pero hay otras cosas que están ocurriendo sin que tengan esos reflectores. Esta semana está en marcha una expresión colectiva que, aún cuando debería estar en el centro de las preocupaciones de la sociedad, más bien pasa inadvertida por factores que enseguida comentaremos.

Así es, este fin de semana pasado, el 5 de noviembre para ser precisos, en las montañas del municipio de Lerma dio inicio la denominada “Caravana de las Resistencias en Defensa de la Vida y la Madre Tierra”. Se trata de una movilización que forma parte de la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra, misma que inició el pasado 10 de abril y está por concluir el 20 de noviembre. La Caravana -según sus participantes- tiene un objetivo específico: “conocerse entre pueblos para hermanar las resistencias”. He aquí uno de los principales motivos por los cuales estas acciones no reciben prácticamente ningún reflector: se trata de activistas cuya línea de acción es contraria al sentido en que marcha nuestra forma de vida: se resisten.

El lugar en que arrancó la Caravana es San Francisco Xochicuautla, sí, esa comunidad que por casi 10 años ha logrado detener el proyecto carretero que uniría al zona noroeste de Toluca con el Valle de México, resistiendo casi todo. Quienes integran la Caravana son una reducida comisión que incluye representantes de pueblos indios del norte (los yoreme, los náyeri, los comca’ac), del sureste mexicano (el pueblo maya, del consejo indígena de la zona de Bacalar) y participan también campesinos de la Parota, Guerrero y pescadores de la zona Costa de Chiapas. Igualmente están incluidos integrantes del Gobierno comunal de Cherán, Michoacán, entre otros.

La ruta de la Caravana arrancó en Santiago Tlacotepec, delegación municipal de Toluca, donde se reunieron con lugareños que se han dicho comprometidos con la defensa de los bosques del Nevado de Toluca (ahora que se han renovado los intentos por explotarlos). Después continuarán su marcha por otros trece lugares, en cuatro estados del país, hasta culminar en Cholula, Puebla, el 13 de noviembre. En sus eventos realmente ha sido escasa la presencia de asistentes, se cuentan por decenas y eso se debe a que precisamente son así de escasos los individuos que oponen resistencia al sentido en que marcha la vida actualmente en el mundo.

Los pueblos que están representados en la Caravana buscan –dicen ellos mismos- hermanar las resistencias y conocer mutuamente sus experiencias de lucha. Tienen, pues, el común denominador de haberse colocado a contracorriente: donde dice un gobierno que debe construirse una presa, donde una empresa quiere explotar los recursos, o un corporativo establecer un centro comercial, ellos han dicho no. Se han resistido, bajo el principio de que el territorio es el lugar de su vida y desean conservarla, para lo cual se hace preciso conservar la tierra, el agua, sus bosques, su fauna, sus historias.

Gran parte de las estrategias de lucha que estos distintos grupos humanos han implementado es la de hacerse escuchar. Ellos necesitan hacerse visibles, mostrar que perviven y que están dispuestos a mantenerse en resistencia. Esta Cruzada y esta Caravana a la que nos referimos son actos comunicativos en un doble sentido: para compartir entre ellos sus modos de defender los territorios, pero también porque están buscando que el resto de la sociedad voltee a mirarles y se detenga a escuchar por qué  resisten a la muerte de sus formas de vida. Pareciera, sin embargo, que predican en el desierto. Pocos nos detenemos a escuchar sus llamados a deshacernos de la soberbia creencia de que el avance científico y tecnológico nos sitúa por encima del orden natural y que los actos humanos no tienen consecuencia en el planeta.

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