La obsesión por trascender y el hartazgo ciudadano

La obsesión por trascender y el hartazgo ciudadano
Otro ejemplo de autoelogio burdo es la colocación de placas conmemorativas costosas y de mal gusto

Cuando los gobernantes pierden piso, empiezan a creer que lo merecen todo, ejemplos de ellos abundan y las formas como exteriorizan sus limitantes, según algunos psicoanalistas, se traducen en actitudes que rayan en la egolatría.

La obsesión por trascender, en lugar de por servir, se da en todos los órdenes de gobierno. Un ejemplo de ello son los casos de los presidentes municipales, marcadamente en el norte del Estado de México, pero con ejemplos en todo el territorio de la entidad.

Llegan al exceso de mandar a dibujar su rostro o los rasgos distintivos de su persona o administración en las letras gigantes del nombre de sus municipios o murales que tanto se pusieron de moda recientemente.

Claro que este fenómeno no es nuevo ni se entendería tan bien sin la existencia de barberos a sueldo, por ello la cantidad de calles y escuelas con nombres de políticos, que en su mayoría se distinguieron por sus pillerías.

Los queda bien del momento, llegan al exceso de poner nombres de políticos a bibliotecas universitarias, cuando existieron académicos con mucho más méritos que ellos, un triste ejemplo es la Facultad de Derecho de la UAEMex.

Otro ejemplo de autoelogio burdo es la colocación de placas conmemorativas costosas y de mal gusto, que de manera casi enfermiza los gobernantes colocan en todo tipo de obras, eso sí, en eventos controlados y con uso de cortinas con las que develan simbólicamente la pobreza de su altura de miras.

Pero el colmo es la utilización de colores a los que pomposamente llaman “cromática oficial” en edificios, vehículos y papelería, tratando de imprimir su sello personal, siempre pensando más en ellos mismos que en servir al pueblo.

Este tipo de fijaciones los llevan a los excesos de priorizar las obras que se ven, por encima de las más urgentes, así aparecen las remodelaciones de distribuidores viales, sobre todo en las cabeceras municipales, en lugar de las obras de agua o drenaje en las comunidades.

Grotescos ejemplos a los que reiteradamente recurren son a hacer labores de limpieza o pintado de guarniciones y hasta de bacheo en menor escala en las vialidades y horarios donde existe mayor carga vehicular, porque de lo que se trata es de que se note “cómo se trabaja“, no importa que se afecte el tráfico ni los intereses ciudadanos, ¡hacerlo en las noches ni pensarlo!

Pareciera que los gobernantes no ven ni oyen, por eso el hartazgo ciudadano.