Tambaleándose, casi sin fuerzas; con “oxígeno” para seguir respirando, para seguir existiendo, -el Partido Revolucionario Institucional llega a sus 90 años de vida confundido, sin comprender del todo por qué dejó de ser la fuerza política que arrasaba multitudes y que en la pasada elección presidencial solo logró obtener el 16.4% del voto ciudadano.
Sus dirigentes nacionales y estatales declaran, argumentan… se excusan. Se culpan unos a otros. Sus militantes, aquellos que son sus bases, sus seccionales, siempre trabajando por el partido y siempre olvidados en los momentos decisivos, son los que ahora sí son esenciales para que el tricolor continúe dando pasos en el complicado camino de la política nacional.
Al menos eso es lo que señalan una y otra vez sus líderes. Su actual presidenta nacional, Claudia Ruiz Massieu manifestó el 28 de febrero que es “momento de la militancia en la renovación del partido y de quienes queremos volver a verlo grande”.
Desde el 4 de marzo de 1929 en que se creó su antecesor, el Partido Nacional Revolucionario bajo el liderazgo del ex presidente Plutarco Elías Calles, a la fecha, el PRI solo ha sufrido tres derrotas presidenciales, pero la gravedad de la última dejó herido de muerte a este instituto político.
Así, el descalabro que sufrió en las urnas el 1 de julio del año pasado provocó que de un día para otro pasara de ser la primera fuerza política del país a la tercera, al ganar tan solo 15 de 300 distritos electorales y al contar con 47 legisladores en la Cámara de Diputados y únicamente 14 senadores.
En el Estado de México su derrota fue más significativa al perder los comicios en 102 municipios de los 125 que conforman ésta, que es una de las entidades consideradas bastiones del priismo. Peor aún: el fracaso electoral también incluyó localidades emblemáticas de este partido como Atlacomulco, junto con Ecatepec y Huixquilucan, Metepec y su capital Toluca.
El diagnóstico efectuado por una comisión especial del Consejo Político Nacional para tratar de entender qué sucedió fue claro: falta estructura, de identidad ideológica así como de candidatos atractivos, entre otros aspectos que derrumbaron la fortaleza forjada entorno a este añejo instituto político.
Ante ese panorama la senadora mexiquense Ana Lilia Herrera Anzaldo declaró a AD que “el principal reto que tenemos como partido es la autocrítica”. Agregó que representar a la sociedad “exige congruencia y trabajo cotidiano”. Y habló también de hacer a un lado “viejas prácticas que no le sirven a nadie”.
Convertido en tercera fuerza política del país por decisión del electorado que castigó en las urnas corrupción, impunidad, malos manejos de recursos y peores gobiernos, y en lo que se reestructura internamente, el PRI intenta sobrevivir asumiendo el papel de una oposición fuerte y crítica al gobierno de la República que encabeza Andrés Manuel López Obrador.
El Revolucionario Institucional cumple 90 años en medio de una crisis existencial de la que aun confía recuperarse. Para ello, tendrá que tener especial cuidado en el proceso que realiza para renovar a su dirigencia nacional que será abierto para sus bases y contará con el apoyo del Instituto Nacional Electoral.
Entre los personajes que ya levantaron la mano para suceder a Ruiz Massieu al frente del tricolor están hasta la fecha el ex rector de la UNAM José Narro Robles, quien tuvo que renunciar a su actividad académica en la universidad; los ex gobernadores Ivonne Ortega, de Yucatán; y Ulises Ruiz, de Oaxaca; así como Alejandro Moreno, quien actualmente gobierna Campeche, más los que se sumen.
Sin embargo, esos nombres no garantizan, a simple vista, la resurrección política del tricolor, sino que nuevamente serán sus más de 6 millones de militantes –hasta el 2017- los que tendrán en su poder el destino de este instituto político, así como la propia sociedad en general que en futuras elecciones podría volver a confiar en él.
90 años cumple el PRI, ¿será destino final o aún le queda vida?


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