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Proselitismo y contagios

Proselitismo y contagios

¿Es necesario que los candidatos tengan que darse esos baños de pueblo?

Hace un mes publicamos en este mismo espacio nuestras dudas acerca de cómo podrían armonizarse las campañas proselitistas y las medidas de control epidémico que están en curso por la pandemia de Covid-19. Lo comentamos cuando arrancaron las campañas para las diputaciones federales y dijimos también que ya en varios estados de la República estaban efectuándose acciones político-electorales para la renovación de gubernaturas. Este fin de semana arrancaron finalmente, las campañas para alcaldías y diputaciones locales y aquí, en el Estado de México, lo que vimos fue una clara regresión en materia de medidas sanitarias.

Desde el primer minuto del día 30 de abril muchos de los candidatos organizaron concentraciones humanas en plazas, explanadas y parques. Las escenas reportadas por distintos medios nos mostraron gente reunida en espacios reducidos, sin ninguna distancia; es más, sin cubre bocas en algunos casos. Por lo menos la mayoría de los candidatos, cuyas fotos circulan en medios y redes, hacían uso de la palabra sin el cubre bocas y de frente a los simpatizantes, organizando una auténtica lluvia de aerosoles sobre la gente que asistía.

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Estamos hablando de que desde el viernes al menos 13 mil candidatos estarán realizando campaña en territorio mexiquense. Es una cifra muy importante de potenciales agentes promotores de contagios. ¿Por qué? Recordemos lo que ya desde noviembre del año pasado comentamos en este mismo espacio: los estudios realizados durante los primeros meses de la pandemia revelaron que el ritmo de contagios estaba relacionado con los “super spreading events” o eventos de superpropagación, que inician extensas cadenas de contagios.

El estudio (publicado en la parte final del 2020 por la revista Science) que referíamos en aquella ocasión evidenciaba varios factores que hacen que los eventos de superpropagación sean más probables: espacios cerrados y/o con poca ventilación, multitudes y entornos de contacto cercano. Gritar, cantar y respirar con dificultad también parecen aumentar el riesgo de propagación excesiva. Los actos inaugurales de campañas políticas presentaron muchos de esos factores.

Las crónicas periodísticas que dieron cuenta de estos primeros mítines también reportaron acarreo, convivencia durante horas (antes y después del evento), uso poco adecuado de cubre bocas, cero distancia y presencia de gente de todas las edades. Ecatepec, Nezahualcóyotl, Toluca y varios de los municipios con mayor número de contagios son los que presenciaron este tipo de actos.

Las escenas reportadas por distintos medios nos mostraron gente reunida en espacios reducidos, sin ninguna distancia; es más, sin cubre bocas en algunos casos.

Justo al finalizar la primera semana en la que la entidad se encuentra en semáforo epidemiológico color amarillo, este tipo de factores hacen temer que nos dure muy poco “el gusto”. Y no es que uno sea agorero o excesivamente pesimista, pero las imágenes que en estos momentos llegan desde la India, donde hay un crecimiento explosivo de la pandemia, nos hacen mirar con desconfianza el remanso en el que nos encontramos en el territorio nacional.

Sabemos que las mutaciones del virus son inevitables, están dándose y las variantes del SARS-COv-2 que hoy existen tienen características muy intimidantes. Es cierto que hoy el ritmo de contagios en todo el país se ha ralentizado, que las hospitalizaciones están en el nivel más bajo en muchos meses y que estamos cerca de superar las 20 millones de vacunas aplicadas, además de que distintos estudios estiman en cerca de 40% de la población la presencia de anticuerpos contra el virus causante de la Covid-19. Pero todo ello puede irse por la borda en un abrir y cerrar de ojos por este tipo de “super spreading events” que están empezando a multiplicarse.

Seriamente debemos preguntarnos si es necesario que los candidatos tengan que darse esos baños de pueblo, alimentarse de la energía multitudinaria en los mítines y acarrear gente de muy diversas maneras. No nos vaya a salir muy cara esta tradición folk de nuestra política partidista que, al menos bajo las circunstancias actuales, es una potencial detonadora de cadenas de contagios que podríamos lamentar en el futuro.