Uno de los fenómenos sociales más interesantes de las últimas dos décadas ha sido la idea de éxito social basado en las reacciones online dentro de las redes sociales digitales. Una reacción online puede ser el “like”, ese ícono de pulgar hacia arriba que con tanto denuedo piden los aspirantes a influencers y que ha llegado a ser el alimento principal entre las jóvenes generaciones de la antiquísima necesidad humana de obtener una identidad y sentirse pertenecer a un grupo. Las generaciones de nuestro tiempo, que se mueven permanentemente en las redes sociales digitales, aquilatan los “likes” tanto que llega a convertirse en una obsesión por las métricas en internet.
Las reacciones online en términos técnicos lo que hacen es alimentar al algoritmo que prioriza contenidos en nuestra red social. Pero en términos simbólico significativos se ha ubicado como centro del reconocimiento social y de la construcción de identidad para muchos jóvenes. Sobre todo se han erigido en parte importantísima del capital social de una persona; o para decirlo en otras palabras, “dime cuántos likes tienes y te diré cuánto vales”.
La reputación digital es un objeto social nuevo, una cosa de la que eran ajenas las generaciones del siglo pasado, pero que hoy es central para los llamados milenials. Y, sin embargo, hay quien argumenta que la visibilidad de los likes de cada publicación tiene repercusiones en la salud mental, la privacidad y la democracia. Que ha llegado a generar comportamientos compulsivos y ansiedad en muchas personas, además de que ha sumado a procesos como las fake news, mismas que terminan por minar la convivencia y la preservación de lo público como interés común en los problemas de todos.
Bajo argumentos como los anteriores la noticia ahora es que tanto como Facebook como Instagram están experimentando ya en varios países con la posibilidad de no hacer visible el número de likes de una publicación. De hecho Instagram ha ocultado en siete países el contador público de likes y visualizaciones de vídeos. Los usuarios solo ven la foto y comentarios, pero no tienen forma de saber si esa foto ha gustado mucho o poco. Igualmente Facebook ya ha puesto a prueba en Australia y Vietnam no mostrar los likes y reacciones de los usuarios.
De entre los argumentos que están explorando dichas compañías para realizar estas modificaciones a sus plataformas está la de priorizar el contenido y contribuir a la reducción de la ansiedad de los usuarios, como diciendo no importan tanto los likes sino los contenidos; hagamos que la gente lea lo que se publica o comparte y no nos basemos tanto en las reacciones (en términos numéricos). Lo que debe subrayarse en estas acciones emprendidas por las dos redes sociales ya referidas es la aparición de una noción también inaudita: “el bienestar digital”. Es claro que la web ha logrado tal centralidad en la vida de millones y millones de personas que es necesario pensar en que esa experiencia no debe resultar perjudicial, nociva o con implicaciones en la salud y la vida social de las personas.
En adelante hay que acostumbrarse a que vendrán medidas, acciones, regulaciones de los comportamientos online para procurar el bienestar en la web. Como diría mi madre: “vivir para ver…”


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